"Emilia Pérez" ha sido mal recibida en México.
La polémica ha subido de tono tras el estreno de una parodia llamada Johanne Sacreblu, que se ríe a carcajadas de los estereotipos franceses. Sí, hablamos de actores con bigotes falsos, boinas y camisetas a rayas en una épica historia de amor entre los herederos trans de dos familias rivales del pan: una de croissants, la otra de baguettes. Pan comido para la comedia.
Pero esto no es sólo una batalla de mímica y masa madre. Emilia Pérez, que aspira al Oscar a Mejor Película y Mejor Actriz para Karla Sofía Gascón, ha sido duramente criticada en México por su falta de autenticidad. La acusan de estar rodada en Francia, por un director que no habla español y de que no haya mexicanos en el elenco. Lo único más artificial que esto sería un taco de cochinita hecho con pan de molde.
El guionista Héctor Guillén, uno de los críticos más en contra del film, calificó la película como una “burla eurocéntrica racista”, mientras que la organización LGBTQ+ Glaad la tildó de “profundamente retrógrada” en su representación trans.
Jacques Audiard, en su estreno en México, trató de calmar las aguas diciendo que Emilia Pérez es una "ópera" y que si a alguien le resultó chocante, pues... lo siente mucho. Pero en este duelo de narrativas, parece que las disculpas no son precisamente la pieza final del rompecabezas.
