La victoria de Zohran Mamdani en las elecciones a la alcaldía de Nueva York ha provocado una oleada de entusiasmo en el sector más progresista del Hollywood contemporáneo.
El joven político demócrata, hijo de la directora india Mira Nair —responsable de títulos como La boda del monzón y El buen nombre—, se impuso con claridad al exgobernador Andrew Cuomo y al republicano Curtis Sliwa, logrando casi el 50% de los votos y convirtiéndose en el primer alcalde musulmán e hijo de inmigrantes en medio siglo en la ciudad.
Su ascenso ha sido meteórico. Mamdani, de 34 años y hasta ahora asambleísta por Queens, construyó una coalición de votantes jóvenes, musulmanes, sudasiáticos y progresistas que lo catapultó al poder en plena era de regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Su victoria ha sido celebrada como el primer gran triunfo demócrata en la era Trump II, y como un revulsivo para el ala izquierda del Partido Demócrata.
Desde Hollywood, numerosas figuras del mundo del espectáculo expresaron su apoyo y euforia por el resultado. Entre los nombres que respaldaron abiertamente su candidatura figuran Spike Lee, Cynthia Nixon, Lupita Nyong’o, Emily Ratajkowski, Bowen Yang, Ilana Glazer y Mark Ruffalo, que incluso participaron en acciones de campaña y recaudación de fondos.
El nuevo alcalde ha sabido combinar activismo de base y cultura pop, recurriendo a vídeos virales, referencias a The Bachelor o incluso a la estética del cine de Bollywood para conectar con el electorado. En su discurso de victoria, pronunciado en un teatro de Brooklyn, lanzó un mensaje directo al presidente Trump:
“Donald Trump, sé que estás mirando. Tengo cuatro palabras para ti: sube el volumen”.
Aun así, el entusiasmo no está exento de matices. Algunas de sus posiciones más polémicas, como su postura crítica con el Estado de Israel, podrían incomodar a sectores más moderados del mundo del espectáculo. Con todo, su carisma y su victoria han reactivado el debate sobre el papel de las estrellas de Hollywood como motor del progresismo político.
Para muchos analistas, el triunfo de Mamdani —con sangre de cine en las venas— supone también una curiosa convergencia entre política y narrativa, la historia de un desconocido que, como en las películas que dirigió su madre, desafía las jerarquías y conquista la gran ciudad.
