Letterboxd se cayó en fin de año. No por un hackeo, ni por una conspiración anti-cine, sino porque miles de usuarios corrieron a comprobar cuántas películas habían visto en 2025, como si el amor al cine ahora viniera con marcador y tabla de posiciones.
Las redes se llenaron de resúmenes anuales: “mi actor más visto”, “mi director fetiche”, “mi vida social oficialmente inexistente”. Algunos números fueron francamente intimidantes. El guionista Larry Karazewski registró 624 películas. Otros rozaron las 700. Dos películas al día. Todos los días. Navidad incluida.
Pero mientras el usuario promedio se felicita por sobrevivir a semejante maratón, Guillermo del Toro juega en otra liga. El director mexicano, con total naturalidad, ve entre tres y cuatro películas al día. Más de mil al año. Sin apps de productividad. Sin retos. Sin presumir capturas de pantalla.
Mientras algunos están obsesionados con registrar todo lo que han visto en Letterboxd —“si no la registré, ¿realmente la vi?”—, Guillermo del Toro usa el cine como oxígeno creativo. Repite películas. Las revisita. Las deja envejecer con él. Porque, como dice, Eva al desnudo no es la misma a los 15 que a los 40.
Otros directores de Hollywood están tan ocupados que no tienen tiempo para tantas películas. Steven Soderbergh vio “solo” 144 películas en 2025, pero dirigió tres largometrajes. Se le perdona. Richard Linklater bajó su ritmo de cuatro diarias hace años. Guillermo Del Toro no. Él sigue. Imparable.
