El ciclismo profesional siempre ha tenido algo de religión pagana: sacrificio, sufrimiento, dopaje sospechoso y tipos en mallas capaces de subir montañas como si les persiguiera Hacienda. Ahora ese universo se convierte en el escenario de “Pumping Black”, nuevo thriller psicológico protagonizado por Jonathan Bailey y Natalie Portman que acaba de convertirse en uno de los bombazos del mercado de Cannes.
Amazon ha adquirido la mayoría de los derechos internacionales del proyecto en un acuerdo millonario que, según medios estadounidenses, podría situarse en la franja de los “veinte millones largos”. La película se ambienta en el despiadado mundo del ciclismo profesional y ha sido descrita como una mezcla entre Whiplash y Black Swan.
La trama sigue a Taylor Mace, un ciclista de 35 años que empieza a notar que el pelotón ya no perdona la edad. Entonces entra en escena Andrea Lathe, una doctora tan obsesionada con ganar como cualquier villano elegante de thriller europeo. A medida que se acerca el Tour de Francia, el protagonista tendrá que tomar decisiones cada vez más oscuras para proteger un secreto. Y sí, la palabra “oscuro” en una película sobre ciclismo hace pensar inmediatamente en transfusiones sospechosas y neveras misteriosas.
Dirige Mimi Cave, que ya demostró en Fresh que sabe mezclar tensión psicológica y humor negrísimo sin despeinarse. El guion corre a cargo de Haley Hope Bartels.
El proyecto también confirma el excelente momento de Jonathan Bailey, que tras conquistar a medio planeta con Los Bridgerton y participar en Jurassic World El renacer y Wicked: Parte II parece decidido a demostrar que puede pasar del musical romántico a las pesadillas sobre ruedas sin cambiar de sonrisa.
Por su parte, Natalie Portman sigue acumulando proyectos peculiares con la tranquilidad de quien ya tiene un Oscar en la vitrina y no necesita demostrar nada, aunque siempre encuentra tiempo para interpretar a personajes capaces de dar bastante miedo con una simple mirada clínica.
Si Whiplash convirtió una batería en un instrumento de tortura y Black Swan hizo que el ballet pareciera una secta peligrosa, Pumping Black apunta a lograr que nunca volvamos a mirar igual una etapa del Tour. Ni una bebida isotónica.
