El Festival ya se va acercando a su recta final, y su cosecha no va a ser de las mejores que se recuerdan. Y no es fácil adivinar hacia dónde se decantará el jurado que preside George Miller.
Segundo cineasta rumano con película a competición, se esperaba bastante de Cristian Mungiu, que ganó una justísima Palma de Oro con la terrible y devastadora 4 meses, 3 semanas, 2 días. En Bacalaureat habla de influencias, las que un doctor trata de ejercer para que su hija tenga la nota suficiente para poder estudiar fuera del país, en una prestigiosa universidad del Reino Unido. Puede uno empatizar con un padre que piensa que su hija necesita un cambio de aires después de un traumático intento de violación, pero el recurso a modos poco honrados para lograrlo le quita autoridad moral, y lleva al interrogante de si realmente se está preocupando por ella. La cinta es algo fría, es difícil meterse en ella, además de su lento discurrir, que no ayuda.
Por su parte, el filipino Brillante Mendoza es un cineasta con bríos, y en Ma’rosa entrega una cinta dura, seca, donde parecen inmersos en una competición de criminalidad la policía y los delincuentes, no se sabe bien quién es más corrupto en una Manila desoladora. Falta, eso sí, la conexión emocional.
