Auf der Anderen Seite de Fatih Akin, alemán de origen turco. Persépolis de Marjane Satrapi, iraní que vive y trabaja en Paris. Y L’Homme de Londres, del húngaro Bela Tarr, que adapta una novela del francés Georges Simenon. Con estas tres películas el Festival de Cannes revela su carácter de mezcla de culturas, lo que acentúa el fenómeno de la globalización, que afecta de forma particular al cine.
Auf der Anderen Seite de Fatih Akin
Fatih Akin nació en Hamburgo, de padres turcos, y ha hecho todos sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad. Su primera nacionalidad sería pues la alemana, impregnada, mas o menos inconscientemente, de los valores que sus padres le inculcaban. Su interés por Turquía llegó más tarde, al fijarse en las relaciones complejas entre este país y Alemania, ya que la colonia turca es la mas numerosa de las establecidas en Europa. Esta relación era dramática y trágica en Contra la pared, que obtuvo en 2003 el Oso de Oro en el Festival de Berlín.
Si Contra la pared contenía sobre todo personajes de la diáspora turca en Alemania, Auf der Anderen Seite multiplica los personajes de ambas nacionalidades. Se trata principalmente, a veces sobre fondo político, de problemas de sentimientos. No existe en la película prácticamente ninguna alusión racista, ni nada peyorativo de un país con respecto al otro. Akin afirma que aborrece los nacionalismos y su película no hará nada para exacerbarlos.
Se trata así, una vez más, de destinos paralelos entre Bremen y Estambul. Un obrero jubilado turco, decide terminar su vida sacando a Jeter de la prostitucion. Cuando el hijo del obrero, Nejat, que es profesor de alemán en la Universidad, descubre que Jeter envía todo el dinero que gana a su hija Ayten, que vive en Turquía, queda impresionado por su sacrificio. Por ello, al morir Jeter accidentalmente, decide ir a Estambul para ayudar a Ayten.. Imposible entrar en los detalles de este juego cruzado de sentimientos en los que Akin hace su concesión a la “modernidad” evocando una relación lesbiana. Esta película formaría parte de una trilogía sobre el amor, la muerte y el mal. Si Contra la pared trataba del amor, Auf der Anderen Seite aborda la muerte. Queda pues un tercer episodio que abordara el tema del mal en el mundo. Akin es por lo demás un director clásico, que adopta una forma narrativa normal, que pone en juego sobre todo emociones y sentimientos.
Persépolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud
Con este título el Festival de Cannes ha asistido a un verdadero curso de historia contemporánea en lo que respecta a Irán. Y al mismo tiempo se cultivan las mezclas culturales, sin olvidar la importancia que en el cine actual han tomado las películas de animación, presentes desde hace ya tiempo en las selecciones competitivas. En lo que a mezcla de culturas se refiere, basta decir que se adapta un cómic de una iraní, Marjane Satrapi, que la película esta firmada por ella y por un francés, Vincent Paronnaud, y que la ejecución se ha hecho en Parií, en unos estudios creados con este fin.
Como la obra original de Satrapi, la película puede considerarse como un autobiografía. Comienza cuando una niña, Marjane, durante el régimen del Shah, descubre la represión que se ejerce sobre los elementos revolucionarios, especialmente comunistas. Se va a seguir con entusiasmo la caída del régimen y el establecimiento de la Republica islámica, que pronto se transforma en tiranía. El ataque de Irak va a engendrar una larga y dolorosa guerra, que obligará al traslado de la familia de Marjane.
Cuando se habla de animación, se piensa cada vez más en proezas de la técnica, sobre todo en la animación en 3D. Nada de ello se encuentra en Persépolis, que desarrolla una animación minimalista, divertida pero sin grandes pretensiones de sorprender. La sorpresa viene sobre todo de la historia y de la forma de contarla. En este terreno la película, rodada en blanco y negro, adquiere su verdadera dimensión humorística y su originalidad, en un estilo mas próximo a la caricatura animada que a la verdadera animación.
L’Homme de Londres de Bela Tarr
A Tilda Swinton la vimos recientemente en Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario, encarnando la maléfica Reina Blanca. Hoy la actriz declaraba que trabajar para Béla Tarr era un sueño de su carrera de actriz hecho realidad. Efectivamente, el director húngaro pertenece a esa categoría de poetas de la imagen que entusiasman a los críticos, y de los que se puede hablar con la autoridad del que no tiene miedo a la réplica, pues pocas personas han visto sus películas, que pasan siempre en los festivales, y sólo de forma casi clandestina en los cines. Los partidarios de su cine encontrarán siempre, en su blanco y negro suntuoso, motivos de admiración y quizá también de sorpresa.
El hermetismo de sus películas es proverbial, una característica que puede alimentar las mas largas discusiones. Es la primera vez que el Festival se aventura a presentar su cine, además en competición. Precisemos aún que la realización de esta película ha sufrido de acontecimientos ajenos a a la voluntad del director.
Béla Tarr decidía adaptar una obra de Georges Simenon, según propia confesión “porque trata a la vez del aspecto universal y cotidiano de la vida, porque es al mismo tiempo cósmica y realista, divina y humana, por englobar la totalidad del hombre y de la naturaleza, así como su trivialidad” Todo ello nos ofrece de pistas de reflexión, más que una interpretación completa de los hechos que seguimos en la pantalla, a través de media docena de personajes. Es efectivamente la historia de un crimen y de la irrupción de la moral, consecuencia del crimen, en la vida de un hombre ordinario que ha perdido el gusto de vivir.
Al hablar de la selección de Cannes hacíamos alusión a una serie de autores difíciles. Béla Tarr se cuenta entre ellos. La reacción de la crítica en la proyección de prensa ha sido discreta, sin aplausos ni abucheos, pero con un fuerte porcentaje de espectadores que abandonaban la sala al cabo de tres cuartos de hora. Un error, sin duda, pues el cine es a menudo un ejercicio difícil.
