Se asoma el primer film español a concurso, una fallida historia carcelaria de féminas. Para compensar, destaca la única película turca a competición, una sentida historia familiar, donde todo suena a auténtico. Los dos títulos tienen algo en común: ambos están dirigidos por mujeres.
Broncas y navajazos, matonas que abusan de las infelices, visitas de familiares, bolleras, drogas, guardiana buena, guardiana mala, una actividad supuestamente regeneradora... Sólo falta el intento de fuga, pero eso sería ya demasiado. Porque el resto de lugares comunes de los dramas carcelarios se dan cita en el debut en el largometraje de Belén Macías, El patio de mi cárcel. El film es una historia coral, aunque si hay que hablar de una protagonista principal, ésa sería Isa, atracadora y enganchada a la droga, madre de una niña; luego están Dolores, una gitana que mató a su violento esposo; Rosa, una prostituta; Ajo y Pilar, pareja lesbiana; Luisa, una infeliz colombiana, encerrada por introducir drogas en España, su primera vez; y la funcionaria Mar, que va a formar un grupo de teatro con las presas.
Con tan variados personajes, es lógico que haya algún momento emotivo en la historia. En tal sentido, puede emocionar el personaje de Dolores. Pero en general, cada una de las mujeres está definida con trazos impresionistas, algo elementales. Sin embargo, donde más falla el film es en su credibilidad. Todo suena bastante sensiblero, y no parece nada razonable que las autoridades penitenciarias permitan una obra de teatro donde éstas son criticadas, o donde las "artistas" se exhiben desnudas. También es increíble que pueda surgir una relación con un guardia civil, prácticamente de la nada. Falla además el sentido del taller de teatro, que poco o nada parece aportar a las presas, a no ser la posibilidad de manifestar de un modo poco ortodoxo sus reivindicaciones. Porque como actividad culturalmente enriquecedora o herramienta para la rehabilitación y la redención se diría un fracaso, aunque la película no pretenda presentarlo como tal. Las actrices están bien, el jurado va a tenerlo difícil con tanta película protagonizada por mujeres, para decidir el premio a la mejor interpretación femenina.
Porque también tiene buenas actrices la película turca La caja de Pandora (2008). Con ritmo parsimonioso que encaja bien con el relato, la directora Yesim Ustaoglu cuenta una historia de familia que se inicia con tres hermanos adultos "urbanitas", dos mujeres y un hombre, buscando a su madre desaparecida en los alrededores de su casa junto a la montaña. Una vez encontrada se la llevan a vivir a Estambul, donde le diagnostican un alzheimer. Toda esta situación sirve para que los protagonistas se conozcan mejor a sí mismos. La hija casada y dominante, cuyo único vástago necesita aire para respirar y va mal en sus estudios universitarios; la hija periodista de vida sentimental agitada e inestable; y el hijo tarámbana y gandul, siempre visto como poca cosa, aunque a veces brilla en él un inesperado sentido común. También está la anciana, todo un carácter, que querría estar en su casa, y que dentro de su enfermedad, puede hacer declaraciones muy lúcidas; y su nieto, que puede que encuentre el modo de ubicarse en el mundo gracias a ella.
El guión de Ustaoglu y Selma Kaygusuz está muy bien estructurado, la narración es bella, hasta ese magnífico plano final de la montaña interminable, toda una metáfora de los obstáculos que hay que afrontar en la vida cada día. En la película se habla con acierto de que a veces, para encontrar, hay que perder, y de que el amor es siempre lo que nos redime. El reparto brilla por su naturalidad y sobriedad, tanto la actriz que encarna a la anciana, como la que asume el papel de la hija mandona, podrían optar al premio a la mejor interpretación.
No he hablado hasta el momento de Zabaltegi, lugar que suele aglutinar películas que han brillado en otros festivales. Aparte de la última broma de los Coen, la divertida peli de espías Quemar después de leer, se ha podido ver Las horas del verano, otra estupenda historia de familia.
