Desde el pasado 18 de febrero, y hasta el próximo 24 de abril, se puede visitar en el CaixaForum de Madrid la exposición “El efecto del cine”. Ahí se presentan varias obras audiovisuales y videoinstalaciones que exploran el concepto de realismo en las pantallas. Sorprendente.
El cine muestra la realidad. O sugiere la realidad. O la falsea. O la recrea. O la muestra de otra forma. O, o, o... La distinción entre ficción y documental no siempre está clara, y con la proliferación del reality y los vídeos en las redes sociales, el concepto de realismo en las pantallas es cuestionado por artistas y cineastas.
Esta exposición, cuyo título completo es “El efecto del cine. Iusión, realidad e imagen en movimiento”, consta de dos entregas, y la que ahora se puede ver está dedicada al realismo, mientras que en la próxima se abordará el tema del sueño. En cualquier caso, aquí se pueden contemplar ocho obras de creadores de todo el mundo, en que algunas destacan más sobre otras.
Tiene cierta gracia Lonely Planet (Julian Rosefeldt, 2006), que sigue a un turista mochilero por la India, y le vemos inmerso en distintos paisajes, desde un desierto a un río que parece el Ganges, hasta una inmensa barriada que resulta ser un decorado de cine en que el propio protagonista se suma a un número de musical bollywoodiense.
No he acabado de encontrar el punto a Double (Kerry Tribe, 2001), donde la videoartista contrató a cinco actrices parecidas físicamente a ellas, para que la interpretaran en una serie de conversaciones. Vale, se juega con una falsa realidad, pero la cosa no de más de sí. En esa línea tiene más gracia John (Tan Charlesworth, 2005), que recoge la prueba de casting de un joven de Belfast, que da muestras de gran versatilidad actoral. Aparte de que se proyecta en inglés a pelo, Godville (Omer Fast, 2005) es algo plúmbea al recoger las palabras de unos falsos residentes en Colonial Williamburg.
Recurre a una cuádruple pantalla Fantôme Créole (Isaac Julien, 2005), que de modo críptico juega al contrasta de imágenes tomadas en Burkina Faso con otras tomadas en Escandinavia, de hermosos paisajes, con una mujer en el país africano, y una especie de explorador en el gélido hielo. También tiene 4 pantallas, pero en este caso envuelven al visitante, New York, New York, New York, New York (Mungo Thomson, 2004), que recoge imágenes que parecen del Bronx de la Gran Manzana, pero que parece ser que en realidad son de un plató hollywoodiense, lo que se intuye por unos carritos de esos de golf, que de vez en cuando aparecen en pantalla. Dos pantallas dan juego en Tuin (Runna Islam, 1998), que recrea una escena de la película Martha de R.W. Fassbinder, y el curioso movimiento de cámara con que se filmó, y ambos se muestran simultáneamente, lo que produce un efecto vertiginoso en el espectador.
Finalmente, se proyecta en el suelo 1st Light (Paul Chan, 1973), que es una animación en blanco y negro de tono apocalíptico donde en los contraluces de las figuras se adivinan cuerpos humanos que caen, y otros extraños objetos que salen despedidos hacial el cielo.
La exposición es original y sugerente, pero puede irritar a los que desean ver algo que se entiende sin lugar a dudas, y no entren al juego de tratar de entender la exploración de los artistas, los problemas que se plantean y cómo tratan de resolverlos con sus creaciones.
