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Rodrigo Blaas

Desde que Rodrigo Blaas fichara por Pixar para Buscando a Nemo , en el ya lejano 2002, se ha convertido en el gran representante de los estudios en

Rodrigo Blaas

Desde que Rodrigo Blaas fichara por Pixar para Buscando a Nemo, en el ya lejano 2002, se ha convertido en el gran representante de los estudios en España. Casi cada año, este granadino vuelve a su país para defender el nuevo proyecto en el que ha trabajado, hasta tal punto de que ya se acuerda de nosotros, los periodistas que solemos entrevistarle.

¿Por qué recomendaría ir a ver Up?

Cada película de Pixar es distinta. Up parte de una idea muy original, y viene a demostrar que en animación, si se hace bien, se pueden contar todo tipo de historias, en este caso la de un anciano que intenta volar a Sudamérica en su casa impulsada por globos. Parece algo extravagante y diferente, por eso también es algo totalmente nuevo.

¿De qué te has encargado en esta película?

La animación es laboriosa, requiere mucho tiempo. El proceso es más largo que el de una película de acción real, porque es como si la hiciéramos a cámara lenta. Por eso estamos mucho más especializados que los técnicos de películas de acción real. Yo, por ejemplo, me encargaba de dos personajes, Carl –el anciano protagonista– y Russell –el boyscout que le acompaña–. He trabajado fundamentalmente en dos secuencias, aquella en la que Russell entra en la casa de Carl cuando la casa ya está volando, y la parte en la que los protagonistas ven la cascada por primera vez.

¿Qué ha sido lo más difícil de hacer en esta película?

Animar a Carl, que es un anciano. Sus músculos no le funcionan como antes, y he tenido que observar a muchos ancianos, a ver cómo se mueven. Me fijaba en los pequeños detalles que luego he podido incorporar a mi trabajo. Era difícil, pero también muy interesante y gratificante.

Cuando trabajas en una escena, tienes que ceñirte al guión, al ‘storyboard’ y al ‘layout’. ¿Hasta que punto tienes margen de libertad?

En Pixar se tiene una gran libertad artística, y creo que se nota en sus películas, que se nutren de las ideas de mucha gente. La libertad que tenemos allí se nota en que en todo momento tenemos la posibilidad de discutir con el director, y contarle todas las ideas que tenemos. Si aportan algo a la historia y la enriquecen, las tendrá en cuenta. Creo que los directores de Pixar siempre están abiertos e incluso muchas veces llegamos a incluir planos que no estaban en el storyboard.

¿Tiene nostalgia de España? ¿Echa de menos poder trabajar aquí?

De momento no existe la posibilidad de trabajar en un estudio como Pixar aquí en España, pero creo que podrían llegar a aparecer proyectos de envergadura, porque existe gente que tiene la misma pasión por contar historias que los animadores estadounidenses. Aunque allí se vive muy bien, echo de menos sobre todo el estilo de vida, y hacer cosas como salir de cañas.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Acabo de rodar un corto titulado Alma. Es un film fantástico tirando a terror. He tenido la suerte de contar con la ayuda de grandes artistas españoles del campo de la animación. Están Carlos Grangel (La novia cadáver), Carlos Baena –que también trabajó en Pixar–, y también franceses y americanos.

También estoy en Toy Story 3, en la que hay personajes nuevos geniales, como Ken, el novio de Barbie. Ambos protagonizan una secuencia genial.

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