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Vacaciones 2013: Pasaje a Dublín

No sabía muy bien a dónde irme de viaje este año (de segundas vacaciones pues ya estuve en Italia como conté en este blog

Vacaciones 2013: Pasaje a Dublín

No sabía muy bien a dónde irme de viaje este año (de segundas vacaciones pues ya estuve en Italia como conté en este blog anteriormente) pero el primer día acabo enganchado al Paramount Channel, y resulta que ponen El hombre tranquilo, una de esas películas que puedes volver a ver mil veces. Entusiasmado, cuando termina tengo claro que pondré rumbo a Irlanda, ya que jamás he estado allí.

Podría contar batallitas cinéfilas que ya sabréis los que hayáis visitado Dublín, como que se puede pasear por la comercial Gradton Street, donde tocaba Glen Hansard en Once, repleta a la hora que vayas de músicos con evidente talento. En este blog de temática fantástica también podría enrollarme acerca de que he estado en el castillo donde trabajaba como funcionario Bram Stoker cuando escribió "Drácula". Pero la experiencia más terrorífica del viaje fue el vuelo en sí, ya que tuve la osadía de viajar a bordo de uno de los aviones de la compañía más polémica del país de destino, Ryanair, para aprovechar lo del low cost, que hoy en día no está la vida como para demasiado high cost.

¿Todo vale por el éxito empresarial? Ya comprar los billetes es todo un show. Como habréis comprobado casi todos, se adquieren por internet, pero resulta realmente complicado gastar únicamente en el pasaje, sin que te endosen por el camino un aeroplano de juguete, una colonia que vende específicamente la compañía, una camiseta, y un montón de artículos disparatados en los que tienes que marcar específicamente la opción “no” si te quieres librar de ellos. Por lo que entendí conversando posteriormente con los otros pasajeros, soy una especie de héroe por haber conseguido no comprar un seguro extraño que no es obligatorio. Para ello en la casilla donde tienes que poner tu nacionalidad puedes escoger que no deseas picar el anzuelo, lo que resulta bastante complicado de descubrir. Si quieres reservar tu asiento, debes apoquinar, o en caso contrario la cosa funciona como las sesiones no numeradas de los cines, te colocas donde puedas.

Si no dispones de más cash para facturar equipaje, te permiten llevar un único bulto pequeñito. Esto degenera en todo un show, porque por ejemplo las chicas deben meter el bolso en la maleta y ves que llevan puestos cuatro o cinco blusas y dos faldas. Incluso yo me puse dos jerseys, en pleno agosto, en solidaridad con una pobre desgraciada que no tenía ya espacio para meterlos en ningún lado.

Durante el vuelo los azafatos pasan una y otra vez intentando venderte los objetos más estrafalarios, el rasca y gana de la compañía y según leí en prensa llegaban a ofrecer lotería de la Navidad española, que tiene el premio más gordo del mundo, al módico precio de 80 euros el décimo (cuestan 20). Tú no te enteras de gran cosa porque vas un poco asustado, sobre todo si has leído en prensa que en esta compañía una vez arreglaron una ventanilla que se desprendía con papel de celo.

Si el vuelo llega puntual suena una trompeta para anunciar el éxito. La gente aplaude, sobre todo por haber aterrizado con vida. En lugar de pensarlo decido dejar las cosas en el hotel y acudir a remojar el gaznate en uno de los tradicionales pubs irlandeses. Por suerte allí te olvidas enseguida de todo porque haces muchos amigos, conforme la gente va bebiendo más y más. Me cuentan unos tipos que no hace falta pagar los precios de Temple Bar, que las pintas están más baratas si te alejas un poco del centro. Uno de ellos, que os aseguro que era el vivo retrato del padre de Vicky el vikingo, me asegura que conocen un sitio dónde te las ponen a 3 euros. Ante mi duda, aseguran que lo pueden demostrar y me llevan a un hotel para extranjeros donde casualmente los martes a esa hora te sirven pintas low cost. ¡Viva Irlanda!

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