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Zona friki

Jon Hamm también tiene un pasado oscuro como su personaje en "Mad Men"

Jon Hamm también tiene un pasado oscuro como su personaje en "Mad Men"

Aunque el personaje televisivo con el que más me identifico actualmente probablemente sería Tyrion Lannister, el enano de Juego de tronos, al que más me gustaría parecerme sería a Don Draper, de Mad Men, sin duda la mejor serie actualmente en emisión. A pesar de sus carencias afectivas, de que esta producción en el fondo es una crítica a la figura que representa, y al mundo de las apariencias, en el fondo es el hombre que todos quisiéramos ser, y al que todas ellas sueñan con tener a su lado, con buen porte, siempre impecablemente vestido de traje, y para más inri Don tiene el don de la creatividad, lo que le permite triunfar en su trabajo.

Aunque lo mejor de todo es que encima está casado –al menos al principio de la serie–, ¡con una tía que se parece a Grace Kelly! También tengo cierto resentimiento, para qué voy a negarlo, de que en su trabajo le permitan estar todo el día tomándose un whisky, pues desgraciadamente nosotros en decine21.com no tenemos mueble bar.

En resumen, le tengo una enorme envidia a Jon Hamm, el actor que interpreta al personaje. Envidia sana, se entiende.

Qué demonios, la envidia nunca puede ser sana. Le tengo envidia rastrera y patológica. ¡Te odio Hamm!

Por eso confieso que he disfrutado cuando esta semana salía a la luz el cotilleo de que en realidad Hamm, como su personaje, también oculta un pasado en el que no fue lo que parece. Resulta que en los 90, el entonces aspirante a actor se vio obligado a concursar en un concurso de citas, una especie de versión estadounidense de "Mujeres y hombres y viceversa", donde tenía que conquistar a la 'tronista' de turno. Y encima ésta le descartó enseguida, con razón, pues por aquel entonces no parecía excesivamente atractivo, ysobre todo porque llevaba un peinado ridículo.

Preguntado sobre esta cuestión en Vanity Fair, además Hamm ha confesado que ése no fue el episodio más bochornoso de su juventud, ni mucho menos. Resulta que por aquella época también estaba empleado como encargado de vestuario de películas porno. En fin, el trabajo tendrá poca consideración social, pero desde luego tiene una gran ventaja: que no te matas a trabajar. O sea, desde el punto de vista práctico, ocuparse de la ropa de los actores porno viene a ser tan arduo y laborioso como que te manden de corresponsal de guerra a Suiza, o como ejercer de guarda forestal en La Antártida. No creo que se rompiera la espalda.

De todo esto sí que se puede sacar una lectura positiva. Si el Jon Hamm mindundi pudo convertirse a base de trabajo y obstinación en Don Draper, cualquiera puede hacerlo.

En fin, ya que esto va hoy de confesiones lo diré. En realidad lo que más me gusta de Mad Men es que permite soñar con un mundo en el que te paguen un pastón por ser creativo. Eso desgraciadamente ya no existe.

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