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El uso inteligente de las nuevas tecnologías en el episodio VII de "Star Wars"

El uso inteligente de las nuevas tecnologías en el episodio VII de "Star Wars"

Las innovaciones tecnológicas están muy bien cuando solucionan algún problema, pero no siempre son la mejor opción. Al haberme formado como espectador de cine en los 80, siempre he creído que tienen más encanto los maquillajes, maquetas y muñecos que los ultramodernos efectos digitales.

Hasta el hombre lobo de plástico de la cantina en la primera entrega (en estrenarse) de La guerra de las galaxias, borrado posteriormente en las reediciones por George Lucas tiene más encanto que su Jar Jar Binks. El muñecajo podría ser cutre, pero al menos estaba ahí, no era un pegote.

Ah, por cierto, ¡viva Cristal oscuro!

Por eso recibo con gran alegría el espíritu 'vintage' de la productora Walt Disney al abordar el episodio VII de la saga galáctica. Ya se ha confirmado por los adelantos, declaraciones y demás, que J.J. Abrams ha construido decorados de verdad, y hasta el Halcón Milenario. No como cuando el citado Lucas rodó las precuelas, donde se limitaba a poner a los actores delante de un Croma y luego añadía todo digitalmente. Hasta Ewan McGregor llegó a declarar que le faltó poco para volverse loco porque estaba siempre solo y tenía que mirar a varios puntos en medio de la nada donde se iban a colocar sus interlocutores.

Hombre lobo de Star Wars, La guerra de las galaxiasNo es que esté en contra de los efectos digitales, pero sí me saca de quicio el abuso. Lo más inteligente es combinar técnicas (tradicionales y modernas) en función del plano que se desee rodar. Y al parecer Abrams va en esa línea. Además, se rumorea (y aunque finalmente sea mentira, he dado un bote de alegría al enterarme) que Disney planea sacar en Blu-Ray las películas originales con una brutal novedad. ¡Restaurará las películas tal y cómo eran antes! ¡Eso sí que es una buena noticia! ¡Vuelve el hombre lobo de plástico! Me sumergirá plenamente en la nostalgia.

Y es que el progreso desgraciadamente no va siempre hacia delante. En el bar del barrio se conoce más gente que en cualquier red social, y encima chateas con un chato de vino. Los libros tradicionales son muy superiores a los electrónicos, entre otras cosas porque se pueden leer cuando pega el sol, a diferencia de lo que ocurre con las pantallas de los dispositivos modernos. Además, ¡no se les acaba la batería! Supongo que no soy el único al que se le ha quedado cara de idiota porque se le ha apagado el libro.

¿Y qué decir de la nueva tarjeta electrónica teóricamente ultrasofisticada del Consorcio de Transportes de Madrid? Se desmagnetiza con suma facilidad, y entonces el personal no se cree que has pagado 30 días, como atestiguaba el cupón de cartón que se utilizaba antes.


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