Tengo que confesar que odio a Doraemon, y eso que conozco a tipos que ya adultos están enganchados (incluso a alguno que ha llegado a ejercer como crítico de cine en algún periódico nacional). De hecho, hace unos años seguían entusiasmados sus peripecias por una cadena autonómica que emitía episodios a todas horas. Y cuando toman unas cervezas se ponen a cantar la sintonía de la serie nipona:
–Ojalá mis sueños se hicieran realidad, se hicieran realidad, porque tengo un montón. Doraemon puede hacer que se cumplan todos, con su bolsillo mágico, mis sueños se harán realidad...
Todos nos sentimos identificados con los personajes torpes, porque nos recuerdan nuestras más sonadas meteduras de pata. Pero Nobita, el personaje central de la serie, sobrepasa todo lo imaginable. ¡Es que no tiene ninguna virtud! Inútil total para los deportes, no estudia jamás, no hace los deberes, y siempre saca ceros en los exámenes. Se pasa el día tumbado viendo la tele y comiendo lo que le pone su sufrida madre. Además, es tan cobarde que le tiene un miedo atroz a los perros. Y para colmo de males, siempre que tiene algún problema, por mínimo que sea, lo único que hace es recurrir a Doraemon para que le preste un cacharro mágico que lo resuelva. Por poner un ejemplo, antes que hacer el esfuerzo de apretar el botón para llamar al ascensor, para no herniarse recurre al supersofisticado dedo electrónico, que para más INRI traerá consigo terribles efectos secundarios.
Yo tengo un hijo así y le alisto en la legión.
No sólo eso. Encima se queja constantemente y no hace más que cotillear. Y además, le tiene envidia cochina a sus amigos, que por cierto tienen tela: uno es un acosador escolar de los que te quitaban la merienda a base de golpes, y el otro es el típico chivato odioso.
Por eso acudí horrorizado al pase de prensa de la nueva película que se estrena el viernes 19, Stand By Me Doraemon (sí, amigos, en decine21.com lo vemos absolutamente todo). Y la cosa tiene su mérito, porque tuvo lugar justo antes de que salieran las nominaciones a los Globos de Oro y nuestra web tiene que informar con gran despliegue. Cuando llego y comienza la proyección me temo lo peor: una animación digital bastante cutre (con lo que destacan los japoneses en el terreno tradicional, ¡viva Hayao Miyazaki y Katsuhiro Otomo), Alaska y Mario como dobladores demostrando que jamás han ejercido como tales, la trama es un refrito de varios episodios ya vistos...
Pero resulta que los guionistas han visto Toy Story 3, y han visto la luz. Así que se han propuesto darle la vuelta al argumento, e introducir algo de dramatismo, por lo que el film gira en torno a la necesidad del protagonista de madurar, y de salir adelante por sí mismo, sin recurrir a las soluciones fáciles. Muy interesante, sin duda cómo consiguen hacer evolucionar a Nobita (al menos me mantuvo enganchado). Y cuando parece que va a acabar de la forma correcta, se ve que el productor ha metido cizaña, y les ha hecho a los autores meter con calzador un supuesto final feliz que no cuela. Prefiero no adelantar nada por si algún friqui loco de los que me leen se pasa por la taquilla, pero era mucho más feliz el otro.
¡Para que luego critiquen a Walt Disney por su sirenita que no muere y tropelías similares! Y para terminar de arreglarlo, meten al final un vídeo musical de un grupo de chavalines odioso que debe estar en promoción, ¡y hasta un anuncio de unos juguetes basados en los personajes de la peli! Si me voy antes de que acabe para redactar lo de los Globos de Oro me habría llevado una mejor impresión.
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