Por fin se ha estrenado en los cines Babadook, la peli revelación del cine de terror de la temporada. Con esta cinta que proviene de Australia, Jennifer Kent obtuvo elogiosas críticas en Sundance. No es para menos, pues acumula méritos, sobre todo a la hora de aterrorizar con elementos infantiles, como un libro de cuentos, o las alegres películas de George Méliès, que aquí provocan aspavientos, pues el monstruoso Babadook se aparece en ellas.
Prodigiosamente rodada, sí que es cierto que supera ampliamente cualquier otra producción del género este año (sobre todo si la comparamos con Ouija, uno de los peores truñacos que se han estrenado en muchísimo tiempo). Pero tengo que confesar que no me acabó de llegar del todo, lo que he intentado explicar con la absoluta falta de empatía que me generan los personajes. No sólo los principales, sino todos ellos en general.
No es que yo abogue porque tenga que existir incondicionalmente una identificación del espectador con alguno de los personajes, lo que se suele considerar la primera regla del cine comercial. Conozco muchos títulos donde no ocurre eso y funcionan perfectamente. Pero en esta peli me pasa que al no conectar con ninguno me da exactamente igual su destino, como en aquellas viejas películas de Viernes 13, donde los monitores de campamento eran tan odiosos que el espectador se ponía de parte de Jason, o sea del psicópata que los escabechaba.
Así, tenemos una madre traumada por la muerte de su marido, que da muestras más que evidentes de que se ha arrepentido de tener un hijo, al que no soporta lo más mínimo. El niño por su parte, es bastante odioso, sobre todo cuando le da por tirar a su primita de un árbol. Yo tengo un niño así y aunque sólo haya cumplido 7 años, le alisto en los paracas. Pero atención a la tía del chaval, que les mira por encima del hombro, o a la vecina loca por darles la tabarra en cuanto les escucha llegar...
Eso sí, reconozco que Babadook logra resultar escalofriante, porque retrata una realidad de las madres, que sin duda son lo más maravilloso del mundo, pero que como todo hijo de vecino no están exentas de sufrir desequilibrios (en prensa aparecen por desgracia algunos casos con consecuencias funestas). El film tiene una explicación racional (todo son en realidad desvaríos maternos ante su terrible situación, y se apunta a que ella es la que escribe el libro que desencadena el horror, por eso no se explica cómo aparece éste). E incluso se muestra positivo en que se pueda llegar a salir adelante aprendiendo a convivir con los desórdenes anímicos, pero lo cierto es que lo que asusta más en pantalla son las frases de madre con las que la protagonista reprende a su vástago.
Todo el mundo reconocerá este tipo de frases.
¿Quién no ha tenido alguna vez una pesadilla en la que busca algo desesperadamente por su habitación y al no encontrarlo su madre le responde “Como vaya yo y lo encuentre...”? Y tú respondes que es imposible, porque no se puede encontrar. Entonces llega ella y enseguida aparece la cosa desaparecida. Otras veces me asaltan imágenes en las que me dice “abrígate y ponte la bufanda”, y yo pienso “pero si no hace frío”. Y entonces bajo a la calle y resulta que hace una temperatura siberiana.
Sí, ya sé, querido lector que eso es muy típico de tu madre. Y de la del otro, y de la de cualquiera. Imagino que van todas a la misma escuela para preparar el parto y allí les aleccionan. Si no, no se entiende que utilicen las mismas frases. ¿Qué responde tu madre si le pides dinero? Exacto, “yo no soy el Banco de España”. Y cuando llegas tarde y vas a comer, impepinablemente te dirá “esto no es una pensión”. Y si te vas a bañar después de comer te saldrán con aquello de las dos horas de digestión (pueden ser más dependiendo de la madre).
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