Hace unos días un amigo me preguntó si había visto alguno de los superestrenos que se avecinaban. Cuando quise que me aclarara si se refería a El puente de los espías o El despertar de la fuerza, especificó que se refería "al acontecimiento del año", en concreto a... ¡Ocho apellidos catalanes!
Sin asistir aún a ninguna proyección, estuve a punto de adelantarle que no le va a gustar nada.
¿Cómo lo sé? Porque tiene las expectativas demasiado altas.
Que te guste una película o no tiene mucho que ver con lo que esperas de ella. Un ejemplo, cuando se pasó Ocho apellidos vascos para la crítica, sin que nadie esperase nada, sorprendía porque era ligera, recuperaba el humor regional que ya había hecho Paco Martínez Soria, pero hacía reír. Esto no resulta fácil de conseguir.
Después de que Tele 5 la anunciara a bombo y platillo a todas horas, acudieron auténticas masas a los cines, que salían aplaudiendo y cantando aquello de "Euskadi tiene un color especial". El film tenía un buen boca a oreja, exagerado en mi humilde opinión, pero se convirtió en un fenómeno.
Hete aquí que hubo una tercera oleada, compuesta por los que pagaron para comprobar si era para tanto, o sea los que no van al cine salvo una vez al año para criticar la que se ha llevado el Oscar. A éstos les habían dicho que el film era tan bueno, tan bueno, que les pareció un horror. Lógico, es poca cosa.
Puedo adivinar con un 99% de porcentaje de aciertos en qué momento vio alguien el film según lo que comente sobre él.
Según todo esto, en el momento actual, cuando el grueso del público ha mitificado por algún tipo de psicosis colectiva Ocho apellidos vascos, al ver la secuela se horrorizarán. En realidad, no está tan alejada de la primera entrega, tampoco pretende ser gran cosa, y tiene algún hallazgo 'graciosillo', por ejemplo la escena en la estación de Atocha de Madrid, o el bar de los españoles, pero nada que se recuerde al acabar la proyección. ¡Van a sentirse todos estafados y engañados!
Los guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, son capaces de mucho más. Lo demostraron con Pagafantas y en la rueda de prensa de presentación, cuando les preguntaron sobre si eran más fáciles de parodiar los catalanes o la gente de Euskadi. "Los vascos", respondió el segundo. "Porque son pura exageración. Por ejemplo, a los de Bilbao les parecerá que los castellets de Cataluña no tienen mérito. ¡Treinta tipos sosteniendo a uno en la cima! Un vasco lo haría al revés: ¡uno solo sujetando a treinta!
Ambos autores comentan que cada vez que van a una boda, alguien les da ideas para otra entrega. Y todos tiran para casa, o sea que si dan con uno de Zaragoza les pregunta que para cuándo Ocho apellidos maños. Yo aprovecho para proponerles una de Madriz, con personajes que quiten las preposiciones, como está 'mandao' en Chamberí, o sea que aquí no vamos a la Puerta del Sol, sino a la Puerta el Sol, o a Plaza España. Que sí, chicos que somos graciosos que en la capi también tenemos humor, no sólo pejcao frejco frejco. Le hay, le hay. La peña se va a partir la caja.
