Zona friki
Al director de “Skyfall”, el nuevo James Bond, no le gusta casi nada “El caballero oscuro”
Cuando era ‘ñajo’ lo que más me gustaba del cine era la acción. Distinguía entre pelis de tiros (las buenas) y
Cuando era ‘ñajo’ lo que más me gustaba del cine era la acción. Distinguía entre pelis de tiros (las buenas) y las de hablar y/o amor (petardos). Recuerdo que una de mis favoritas era El desafío de las águilas, donde Richard Burton y Clint Eastwood se tiraban dos horas y cuarenta minutos ametrallando nazis sin parar. ¡Ratatatata! ¡Ratatatata!
No resulta extraño que en este contexto conforme fui creciendo me hiciera apasionado de las películas de James Bond porque ése tenía nada menos que licencia para matar a todo lo que se moviera. ¡Bang! ¡Bang! ¡Me llamo Bond, bang, bang, bang, bang, James Bond, bang, bang!
Pero luego uno maduró, no demasiado, pero sí un poco, y entonces lo más normal es que empiecen a resultar un poco aburridos los tiroteos, salvo en los casos en los que estuviera algo en juego, en una historia interesante, con unos personajes que hagan vibrar, que van a verse afectados por lo que les está ocurriendo. John Wayne batiéndose en duelo con los responsables de la muerte de su hermano con sólo unos minutos de tiempo y tres balas, en La diligencia’ sería un buen ejemplo, o “Luke, yo soy tu padre”, por poner otro poner.
Así las cosas, empecé a darme cuenta de que todos los Bond eran iguales, como mucho cambiaban al actor protagonista (ver el próximo post). Empezaron a aburrirme soberanamente, por la época en la que reclutaron a Pierce Brosnan, lo suficientemente elegante para el papel, con las dosis de cinismo que ya le había dado (mejor, sin duda) Sean Connery. Pero el problema era que ya podían estallar bases secretas, chocarse helicópteros o cabrearse tiburones que ahí no pasaba nada, el protagonista ni se arrugaba el smoking y la siguiente entrega volvería a ser igual. O sea, las secuencias de tiros resultaban irrelevantes y no había mucho más.
James Bond toma un nuevo rumbo
Paradójicamente, la llegada a la franquicia del excelente actor Daniel Craig ha revitalizado al personaje, pese a que se trata del Bond con más pinta de violento y de mala bestia, opuesto al Bond ‘glamouroso’ visto hasta ahora. El neozelandés Martin Campbell, al frente de 007 Casino Royale había imitado claramente el estilo hiperrealista de los Bourne dirigidos por Paul Greengrass, que han cambiado el género para siempre. Buena referencia, que se mantenía en la siguiente, Cuánto sol hace.
En Skyfall ha tomado las riendas el 'british beauty' Sam Mendes, que ha mantenido la onda aunque parece haber tomado otro modelo. Apenas se nota que al cineasta le gusta un poco el tono ultradramático, sombrío y descarnado de la trilogía de Batman del maestro Christopher Nolan, otro de los que han cambiado por completo el actual cine de acción.
Así que por si alguien no se da cuenta de que el film tiene que parecerse mucho más a El caballero oscuro que a los Bond de Brosnan, van y reclutan a Javier Bardem para que interprete al Joker delirante y surrealista que bordó Heath Ledger. Hasta en lugar de revelarle al bueno sus planes supersecretos como es de rigor, le cuenta entre risas esquizofrénicas una historia demencial y retorcida (ver post de Hildy).
Por si algún espectador aún no lo pilla, James Bond es ahora un superhéroe dañado y desmotivado en declive, cuyo idealismo se ha venido abajo al chocar con la realidad. Parece que no estaba disponible para dotarle de artilugios tecnológicos Morgan Freeman, por lo que han contratado al joven Ben Whishaw para el papel.
Hasta ahí el robo no está mal, porque todo funciona bastante bien, en líneas generales tenemos un protagonista y unos secundarios a los que les afecta lo que ocurre en la pantalla, o sea que es un buen Bond, con fragmentos memorables, como la pelea con el asesino a sueldo en el rascacielos de Shanghai.
Pero es que en el tramo final Bond resulta tener a pequeña escala su propia mansión Wayne, y hasta aparece su fiel criado que ha acompañado a su familia desde siempre. Por supuesto, sus padres están muertos y lo que ya posiblemente llega a ser hasta denunciable es que cuenta con su propia batcueva. ¡Estos guionistas!
Muy original, todo, sin duda. Cuando ya parecía que el film se acababa sin robar nada más, va uno de los personajes y desvela que es Robin. Una idea genial, sin duda. ¡Cortaos un poco, colegas!
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