Algo no terminaba de encajar. La distribuidora anunció una premiere para fans de Guerra Mundial Z, esperadísima adaptación de la novela de Max Brooks, que produce y protagoniza Brad Pitt. Resulta que esta compañía no organiza habitualmente eventos así, más de un mes antes del estreno... ¿Y a las 6 de la tarde? Pero nadie se aventuró a predecir lo que iba a ocurrir en el cine.
Acudo a esta proyección que tuvo lugar en una céntrica sala madrileña. Un tipo sale a presentar la película, y resulta que nos desvela el argumento. ¿Por qué no iniciáis la proyección sin destripar nada? De repente se abre una de las puertas de emergencia y aparece por sorpresa... ¡el mismísimo Brad Pitt! A alguna de las que tenía al lado casi le da un soponcio.
Todo el cine se ha quedado mudo.
El auditorio esperaba ansioso a ver qué tenía que decir el astro. Ni Zaratustra generó tanta expectación.
“España. Gana. 10 a 0”, ha dicho la estrella esforzándose porque se le entendiera en español.
Y luego ha dado media vuelta y se ha ido por donde ha venido. Ni nos ha contado qué tal anda Angelina, tras su reciente operación, ni nada de nada. Esto sí que ha sido una visita relámpago.
Me cuentan posteriormente que Pitt había realizado la misma jugada en diversos países como en Rusia. En suma ha hecho lo mismo que su personaje en el film, que en busca de la solución a una pandemia, recorre Corea del Sur, Israel y Gales. El hombre se ha contagiado de este espíritu viajero.
¿Y cómo es que el actor está tan empeñado en promocionar el film?
Se entiende al verlo. En principio parece que Guerra Mundial Z lo tiene todo para triunfar. Parte de una novela de éxito, de zombies, que están muy de moda. Tiene a un actor taquillero al frente del reparto. Y un buen director, Marc Forster, que me apasionó con Descubriendo Nunca Jamás. El amplio presupuesto propicia un arranque potente, y secuencias muy espectaculares a lo largo del metraje. Tiene hasta algo de fondo, en torno a la importancia de la familia.
Pero al final las piezas no encajan. Es una pena. Se queda en alguna secuencia brillante, pero pudo ser y no fue. Deriva en un final ridículo, remontado tras el rechazo inicial en los primeros pases de prueba (¿cómo sería el original?) con frases incluso de guionista novato (“la situación se pone cada vez más complicada”) y hasta un curioso doctor-zombie acosador que da más penita que otra cosa. Se sale con la sensación de que el film es fallido. Recuperará la pasta (todo el mundo querrá verlo) pero poco más, y para ello ya puede Pitt seguir pateando medio mundo.
