En vacaciones tiendo a olvidarme del blog y de vosotros, amigotes lectores, por pura necesidad práctica, para recargar pilas de cara al largo
En vacaciones tiendo a olvidarme del blog y de vosotros, amigotes lectores, por pura necesidad práctica, para recargar pilas de cara al largo invierno. Este año acudo a una bonita zona alpina del norte de Italia, cercana a Venecia, con el firme propósito de no ver cine durante una buena temporada, para descansar de la saturación habitual, pues lo normal es que no salga de las salas de proyección, y empiezo a echar humo por las orejas.
Pero acudo a visitar la sugerente Grotte di Oliero, situada en un envidiable entorno natural al lado de los Alpes. Allí solían arrojar parte de su botín los 'assasini' medievales. Y descubro una estalagmita gigante que –según se puede ver en la fotografía– me recuerda a un gigantesco huevo de Alien, el octavo pasajero (o es que yo he perdido ya el juicio y todo me trae a la cabeza el blog del terror, y el buen cine de género, vaya a dónde vaya o haga lo que haga). Disculpad mis pintas con el casco y el chaleco salvavidas, pero te obligan a ponértelos para poder entrar.
Estos días, un amiguete, Luis Miguel Carmona, me pregunta a qué peli veneciana se parecen más mis vacaciones venecianas, si a la cinta de terror Amenaza en la sombra, que daba mal rollito, o a la lacrimógena Anónimo veneciano. Pues hombre, no parece buen plan traspasar la pantalla para visitar ninguna de las dos.
Independientemente de mis gustos cinéfilos, para pasar unos días de asueto, me quedo con Sombrero de copa, el alegre film de Fred Astaire y Ginger Rogers, que también transcurría ahí. Y es que puestos a pasar unas vacaciones dentro de una película, qué mejor que un musical, con todo el mundo bailando despreocupado. Mejor dejamos el miedo y los dramones para verlos en el cine. Confieso que muchos años en realidad paso mis vacaciones... ¡en una peli de Garci! Sí, chicos, confieso que suelo ir al hotel donde rodó Volver a empezar, que como peli es bastante aburrida, pero pasar en su interior unos días sin sobresaltos resulta tremendamente ideal.
