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Mi homenaje a Mickey Rooney, y los signos de los nuevos tiempos

Mi homenaje a Mickey Rooney, y los signos de los nuevos tiempos

Hace una semana me desperté con la triste noticia del fallecimiento de Mickey Rooney a los 93 años. Ocurría menos de dos meses después del óbito de otra actriz que fue niña prodigio en Hollywood, Shirley Temple.

Me dije que debía aprovechar estos días para revisar un poco el cine de Rooney, de modo que he vuelto a ver dos apasionantes películas, El sueño de una noche de verano (1935) y El joven Edison (1940).

Confieso que “El sueño de una noche de verano” no es mi obra favorita entre las de William Shakespeare. No acabo de pillarle la gracia a ese enredo mágico donde jóvenes amantes se enamoran de quien no debían. Aunque la puesta en escena de William Dieterle y el director teatral Max Reinhardt sea más que notable, hay algo que me saca de la historia. Y no obstante, debo decir que el Puck de Mickey Rooney sencillamente me fascina. Parece un diablillo desquiciado agitando su pelo y contribuyendo a los líos de amor. Es un personaje moderno, que para nada aparenta ser un “crío mono”, que se pretende que dé bien en pantalla y punto.

El joven Edison es una película que vista en 2014 encierra en su interior una curiosa paradoja, digna de atención por parte de sociólogos. Porque su mirada a la juventud del inventor Thomas Edison se diría que es un tanto ingenua, sigue los patrones de las aventuras imaginadas por Mark Twain con un tono amable que en los cínicos tiempos que corren podría ser vituperado. Nuestros chavales, desgraciadamente, pienso, están muy resabiados, saben latín sin tener idea de latín, si mis amigos lectores me entienden. Con lo que las travesuras en el “cole” tienen aire “naïf” que algunos podrían tomarse a cuchufleta.

Pero claro, los guardianes de lo políticamente correcto podrían llevarse las manos a la cabeza y empezar a tirarse de los pelos viendo... ¡a un niño maltratado por su padre, que le propina unos azotes con la fusta! ¡Horror y vituperio, antipedagógicos castigos corporales, esta película no deberían verla los menores de 18 años!

Por si fuera poco... ¡el joven Edison maneja sustancias peligrosas, nitroglicerina nada menos! Y se pone a trabajar en un tren... ¡siendo menor de edad! Y entre los productos que vende se cuenta... ¡el pernicioso tabaco!

Seguramente todo lo mentado en la actualidad se considera un material mucho más explosivo y rechazable que si se sugiriera una relación incestuosa con su madre, por decir una barbaridad. Pero son los signos de los tiempos que algunos nos quieren imponer. Y que me acaban agotando.

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