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Blog de Hildy

El sino de Woody Allen: Saturno devorado por sus hijos

Ha pasado un mes desde el estreno de “Rifkin's Festival” y medio año desde la publicación de “A propósito de nada”. Tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pienso que el timing es perfecto para elucubrar acerca del futuro de Woody Allen.

Por supuesto, no tengo ninguna bola de cristal. Pero sí tengo ante mí los tozudos hechos, que no auguran nada bueno pare el futuro profesional de Woody Allen. Las cosas se le han puesto muy cuesta arriba para volver a trabajar, y me da la sensación de que tampoco él se encuentra demasiado animado. Tal vez la toque la jubilación forzosa.

Tiene que ser duro para un neoyorquino como Woody Allen, lector asiduo del New York Times, diario que le trataba como a un dios, ver que este medio de comunicación dio nuevo pábulo a las antiguas acusaciones de abuso de Dylan Farrow. Nada nuevo había sobre el tema, pero las investigaciones de Ron Farrow publicadas en The New Yorker y las de Jodi Kantor y Meghan Twohey en el mentado Times sobre la condición de depredador sexual del productor Harvey Weinstein, y el nacimiento del movimiento #MeToo, cambiaron el paisaje. Y Woody Allen se convirtió en un apestado en los mismo medios liberales que antes le hacían la ola, adiós al niño octogenario mimado.

Amazon dio por acabada con él su relación comercial. Día de lluvia en Nueva York no tuvo estreno en Estados Unidos y acabó saliendo de tapadillo en algunos pocos países como España. Algunos de sus actores decían sentirse poco menos que asqueados y dijeron que su sueldo lo destinarían a luchar contra lacras de acoso sexual y demás. Los intérpretes que antes se pegaban por trabajar con él le atacaron con denuedo, o guardaron silencio. Pocos rompieron una lanza por él.

En estas el productor español Jaume Roures, que ya había trabajado con él con Vicky Cristina Barcelona y Midnight in Paris, se ofreció a respaldar un nuevo film. Y es que en España la indignación con Woody no ha calado tanto como en Estados Unidos, al menos en el mundillo de la cultura y de los críticos. Hasta qué punto ideas como rodar en San Sebastián han sido concesiones para poder ponerse manos a la obra es difícil de decir, pero sea como fuere es evidente que Rifkin's Festival dista mucho de ser la mejor película de Allen, y en el reparto, con todo mi respeto a los actores, se nota que no había cola para pedir estar en el film; en mi crítica me atreví a decir que me parecía que el director estaba triste y se notaba, y no creo que me equivocara. Y quizá más triste esté con la frialdad con que se ha recibido el film, por parte de público y crítica, y la inexistencia de proyectos en la agenda de un director que le gustaba rodar una película al año. ¿Cosas del Covid-19? No creo que sea la única explicación, aunque pueda valer como coartada temporal.

Hay una expresión, caer en desgracia, que resume muy bien la situación actual de Woody Allen, igual que la de Harvey Weinstein, un caso en el que ya hay condena firme de crímenes sexuales, pero que atañe a un poderoso de Hollywood ante el cual los profesionales del cine estadounidenses se mostraban, no hace tanto, genuflexos. En cambio observo que el presidente electo Joe Biden, que ha recibido acusaciones de abusos sexuales de varias mujeres, no ha recabado la atención del #MeToo, aquí la prioridad electoral era tumbar al presidente Donald Trump, quien sí fue acusado de actitudes inapropiadas en las anteriores elecciones, no en estas donde no convenía remover determinadas aguas.

Total, que Saturno es devorado por sus hijos cuando estos le tienen ganas, que puede ser hoy, o dentro de dos años. Así es la vida.

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