Walt Disney está de celebración por su centenario. Pero está siendo una celebración algo amarga en el campo fílmico, tras algunos resultados como mínimo discretos, incluida su gran esperanza animada “Wish: El poder de los deseos”.
El New York Times celebró esta semana el foro “DealBook Summit”, en el que participó Bob Iger, el CEO de Disney. Allí admitió lo que es un secreto a voces, en la propia compañía, y en la industria del entretenimiento en general: “Los creadores han perdido de vista lo que debería ser su objetivo número uno. Debemos en primer lugar divertir. No se trata de enviar mensajes.” Incluso apeló a la necesidad de “volver a nuestras raíces”.
En esa dirección parecía moverse Wish: El poder de los deseos, que encaja a la perfección con los clásicos de animación que han hecho a los estudios legendarios. Pero los resultados algo tibios de la taquilla podrían plantear el interrogante de si no se llega demasiado tarde. La diversidad sexual que se coló en Lightyear y Mundo extraño en 2022 han puesto en guardia a bastantes padres y madres de familia, que no desean adoctrinamientos no deseados en productos infantiles. Dar ahora vuelta atrás a unos planteamientos manifiestos y persuadir de que “somos los de siempre” va a costar, pero la oportunidad está ahí, basta aprovecharla. Todo depende de que se detecte un sincero arrepentimiento y propósito de la enmienda, para así hacerse perdonar, si se me permite un poquito de "catequesis".
En cualquier caso, qué difícil es ser un poquito humildes. Iger reconoce errores, y desde luego Indiana Jones, The Marvels y La sirenita han sido inversiones demasiado costosas, que no rinden todo lo esperado. Pero, ponerse estupendísimo con la defensa a renglón seguido de que “hemos tenido un impacto positivo en el mundo de diferentes maneras. Black Panther es un ejemplo excelente”, puede resultar contraproducente, porque al final parece que sí hay que lanzar determinados mensajes. Y es que la fuerza de las guerras culturales, especialmente en Estados Unidos, es enorme, y cuesta pensar con la cabeza fría, y determinar que “business is business”, y que cuanto más público vaya a ver tus películas, tenga las ideas que tenga, es mejor. Fidelidad a unos principios compartidos, y no "vender burras", menos al público más joven y con menos espíritu crítico.
Y hablando de “business” la presión de los inversores puede no ser la menor de las razones por la que Iger hace amago de envainar el wokismo de algunos de sus filmes. El fondo de inversión Trian, que tiene detrás al millonario Nelson Peltz entre otros, aprieta las tuercas pidiendo cambios en la gobernanza de Disney, entrando en la junta de gobierno. Veremos como sigue la “Disneywar” de nunca acabar. Le deseamos un “happy end”.
