Hace una semana vi “Pobres criaturas”, de Yorgos Lanthimos. A un colega le había encantado, conectaba con aquello. Pero otra me resumió sus sensaciones señalando que le parecía que el director tenía un váter alojado en el lugar de su cerebro, a tenor de lo que suele contarnos.
Mario Vargas Llosa incluye en “Conversación en La Catedral” un momento glorioso en que se pregunta en qué momento se jodió el Perú. Cuando uno ve películas como Pobres criaturas, y por extensión todo el cine del griego Yorgos Lanthimos, no puede evitar preguntarse en qué momento se jodió el cine, y llegó el gusto sin filtros por lo rarito, lo diferente, lo que se sale de lo normal, o sea, lo anormal. Pero sería injusto pensar que esto es sólo cosa del cine, o de un grupo de artistas vanguardistas, rompedores, iconoclastas, que quieren experimentar con nuevas formas, y claro, como se suele decir, no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos.
En realidad películas como la que motiva estas breves consideraciones, son sintomáticas de una sociedad enferma, vidriosa, hecha añicos –nada que ver con la solidaria sociedad de la nieve que nos describe Juan Antonio Bayona en su magnífica película, y que también existe, a Dios gracias–, y quizá el mérito del film del griego, sea el tratar de componer algo, a modo de relato, con esos fragmentos rotos. Por eso le viene bien la metáfora de Frankenstein, porque la Bella protagonista, heroína encarnada por Emma Stone, emprende un viaje de descubrimiento del mundo, que lo es también de autodescubrimiento, hasta llegar a ese final de disparatada “familia feliz”, lo que no deja de ser irónico en un film que quiere hablar de todo un poco, y deja de lado cómo podría ser una “familia normal”.
Cabría quedarnos sólo con los excesos formales del film. Su gráfico sexo morboso, el uso de objetivos que deforman las imágenes, con ojo de pez, la configuración de un mundo alucinado, el negro sentido del humor. Eso es mucho, pero es poco. O digamos que es el adorno para hablarnos de un mundo que no tiene respuestas para las grandes preguntas que siempre se ha hecho el ser humano, quiénes somos, de dónde venimos, adónde vamos, cuál es el sentido de la vida.
La película apunta al modo de funcionar del capitalismo, del socialismo, de la religión; y la tentación de dejarse seducir por el cinismo. Pinta una sociedad machista y manipuladora, donde unos y otros tienen afán de poder. Muestra que el sexo y la violencia, los instintos, son pulsiones que lo mueven todo, hemos de apropiarnos del propio cuerpo, y usarlo comos nos dé la gana, vendiéndolo, o reconstruyéndolo. Hay crueldad, mucha crueldad. ¿Y la bondad? Bueno, siempre hay algún tontorrón, ingenuo, pero renta más la astucia, llegar a la sabiduría por tu cuenta y hacerte tu propia composición de las cosas, lo que en una sociedad líquida significa que con ese individualismo debes crearte tu propio mundo feliz.
La antropología de Lanthimos es paupérrima, de hecho el título original no habla de “pobres criaturas”, sino de “pobres cosas”, “poor things”, que se suele traducir también como “pobrecitos”, y sugiere que las personas no tenemos entidad, “qué poca cosa somos”, o “no somos nada”, son expresiones que se acercan más al sentido de lo que se nos dice literalmente en inglés. Estamos en una etapa histórica de la humanidad que en muchos casos apunta a la deconstrucción, de modo que se nos anima a tomar esos fragmentos del errático caminar de las personas, que pisan vidrios rotos, que te dejan hecho polvo, y en fin, se nos dice, tal vez es mejor ser productos de laboratorio, construirnos nosotros mismos y encajar las piezas como nos apetezca, por qué han de ser "hombre y mujer", tal vez la intrépida heroína encuentre un alma gemela mujer con quien ser pareja y disfrutar de la felicidad. Los hombres, pues bueno, algo habrá que hacer con ellos, y quizá rebuscando haya “algunos hombres buenos”, pero pocos, claro, y es que en tiempos de empoderamiento, no hay que darles demasiadas chances. ¿Hay coherencia aquí, algún planteamiento sólido? Pues no, a no ser que el no-planteamiento sólido lo sea.
