El pasado 12 de mayo se conmemoraba el centenario de Katharine Hepburn . Uno podía esperar con tal ocasión inteligentes artículos acerca de su enorme
El pasado 12 de mayo se conmemoraba el centenario de Katharine Hepburn. Uno podía esperar con tal ocasión inteligentes artículos acerca de su enorme energía en la pantalla, las deliciosas comedias que compartió con Spencer Tracy, su valentía dramática en obras como Larga jornada hacia la noche y su ajuste de cuentas con la ancianidad en En el estanque dorado. Alguno hubo, pero lo que varios medios de comunicación españoles destacaron fue la supuesta bisexualidad de la actriz.
No sé, pero para mí tengo que a algunos les encanta proyectar sus inquietudes sexuales en todo aquello que les ocupa, venga a cuento o no. Ya pasó con William Shakespeare, de quien algunos negaban su existencia, hasta que alguien “descubrió” su homosexualidad. Y entonces, sí, claro, “resucitó”.
Hace años, cuando quizás esas inquietudes sexuales respondían al nombre de “adulterio”, lo que se solía comentar era el romance mantenido en secreto (?) durante años por Hepburn y Tracy; tal relación, que ahora algunos tildan de “tapadera”, incluso sirvió para que algunos católicos alabaran a Tracy, por no plantearse el divorcio, en atención a su fe. Ahora se ve que los tiempos “adelantan” que es una barbaridad, porque un nuevo estudioso de la actriz, William Mann, autor del libro “El lado oscuro de Katharine Hepburn”, se descuelga con el “descubrimiento” de la faceta lésbica de la actriz. Y como aquello le debía parecer poca cosa, también apunta a que a Tracy le gustaban los mocetones. ¿Cuál será el próximo descubrimiento acerca de la mítica pareja? ¿Alguna “genial” revelación para el ya cercano centenario de John Wayne? Porque a este paso…
