Cuando Al Gore estrenó su documental sobre el cambio climático Una verdad incómoda , una pléyade de políticos del ala demócrata se sumaron a las
Cuando Al Gore estrenó su documental sobre el cambio climático Una verdad incómoda, una pléyade de políticos del ala demócrata se sumaron a las tesis del film. No parece que vaya a ocurrir lo mismo con Sicko, el documental sobre el sistema sanitario estadounidense de Michael Moore. Y es que con su personal estilo, Moore ha logrado que le cuelguen el sambenito de “extremista”, y la verdad, a nadie le gusta que le vean en compañía de un extremista.
El propio Moore se da cuenta de que su modo de hacer iconoclasta sólo convence a los convencidos cuando se autopregunta: “¿Ir a la casa de Charlton Heston [lo hizo en Bowling for Columbine] redujo los tiroteos en las escuelas de este país? No lo creo. ¿Intentar acceder al piso 14 de General Motors [en Roger y yo] convenció [al presidente Roger Smith] para hacer coches que la gente quisiera comprar? No. ¿Impidió Fahrenheit 9/11 la reelección de George W. Bush?” Con todo esto el cineasta vende entradas, pero no contribuye a cambiar el estado de las cosas, como es su íntimo deseo.
Moore afirma que en Sicko ha rebajado un poco el tono burlesco e intrusivo, aunque los que han visto el film afirman que no deja de haber “perlas” muy “mooreanas”, como la de pedir ser recibido por los médicos que atienden a los detenidos en Guantánamo, que según él tienen mejor tratamiento que muchos estadounidenses. Y ha iniciado un acercamiento a sus detractores, como Jim Kenefick, que en su web MooreWatch.com señala las manipulaciones del cineasta; cuando Moore supo de las dificultades financieras de Kenefick, que debe costear el caro tratamiento médico de su esposa enferma, le envió un donativo para que pudiera seguir manteniendo su portal.
En cualquier caso, pocos políticos desean ver su nombre asociado al de Moore, y menos los candidatos presidenciales demócratas como Hillary Clinton, John Edwards y Barack Obama. Claramente discrepan de su propuesta radical de un sistema sanitario público para todos, y aunque compartan algunos de sus puntos de vista, como el de que de alguna forma habría que controlar el afán de beneficios de aseguradoras y laboratorios, si ello supone la negativa a conceder un tratamiento médico, temen que alguien les puede soltar en plan ofensivo algo tipo “es usted un radical como Michael Moore”. Y eso sí que no.
