En un mundo cinematográfico donde toda película que se precie de superproducción debe incluir abundante parafernalia digital, y un montaje brioso
En un mundo cinematográfico donde toda película que se precie de superproducción debe incluir abundante parafernalia digital, y un montaje brioso donde los planos pueden durar, como te descuides, microsegundos, es una verdadera bofetada moral que Steven Spielberg confiese que su inspiración para las películas de Indiana Jones proviene de… ¡el cine cómico mudo! Dice el cineasta en el New York Times que ha hecho las escenas de Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal tomando como referencia el slapstick, el modo de hacer de Charles Chaplin, Buster Keaton y compañía: “Todo debe suceder ante los ojos del espectador, sin ningún corte”, pues “cada vez que la cámara cambia el ángulo, tienes la sensación de que algo va mal, de que te van a engañar con lo que sigue”.
Así que el secreto al que los genios de antaño se ceñían casi por obligación –rodar planos largos y arriesgados, donde el público tenía la seguridad de que esas acrobacias y persecuciones ocurrían de verdad–, es también la fórmula Indiana Jones: “No hay ilusión; lo que ves es lo que pasa. Mis películas nunca están montadas de forma frenética, como muchos títulos de acción hoy. (…) Para imprimir la comedia que quiero para los filmes de Indy, hay que hacerlo a la antigua usanza. He estudiado mucho las viejas películas que me hacían reír, y tienes que escenificar las cosas en planos enteros, y dejar que el público edite. Cada plano es como si fuera un número de circo.” Pues eso, que tomen nota los directores modernillos, capaces de agotar a cualquiera.
