Las protestas quedaron atrás. Hubo quien dijo en India que Slumdog Millionaire daba una imagen muy negativa del país, y que por tanto era una
Las protestas quedaron atrás. Hubo quien dijo en India que Slumdog Millionaire daba una imagen muy negativa del país, y que por tanto era una película a boicotear. Tampoco agradó a alguno que fuera un británico quien mostrara una realidad poco agradable de la India. Y ciertamente hubo comentarios incendiarios que hablaban de explotación infantil, de un modo parecido a lo que se dijo en su momento de Cometas en el cielo: los niños protagonistas habrían cobrado poco, y una vez acabado el cielo cinematográfico deberían volver a tocar suelo, un suelo, para qué engañarnos, feo y sucio, el de una vida de pobreza.
Pero como digo, todo este revuelo ha quedado sepultado por la palabra mágica Oscar, y es que cuando “se barre” –éstas fueron las palabras empleadas por Anil Kapoor, el actor que hace de anfitrión de concurso en el film, para referirse a las 8 estatuillas ganadas–, e India se convierte en el país de moda, otras consideraciones caen por su propio peso.
El caso es que la India entera se convirtió ayer lunes en una fiesta. Y es que de alguna manera se han visto los premios como un reconocimiento al cine de Bollywood, no en balde, a pesar de un tratamiento estético diferente a lo que allí se estila, el fondo de mil penalidades, la historia del chico que hace lo imposible por ganarse a su amor, el número musical del final, son deudores de una industria que tal vez se lance pronto a la conquista del mercado internacional, donde tiene posibilidades si sabe hacerse más universal, y entregar productos de calidad.
Porque está claro que la película, a pesar de estar impulsada por Estados Unidos y Gran Bretaña, tiene muchos motivos para considerarse india, pues la casi totalidad del reparto es de ese país, se rodó ahí, y entre los ganadores que subieron al escenario a recibir su Oscar hubo mucho indio que llenó de orgullo a sus compatriotas. Y es que el Oscar no ha sido muy amistoso con la India a lo largo de su historia, apenas viene a la memoria otro caso que el del premio a toda su carrera de Satyajit Ray.
Ciertamente Dev Patel, el protagonista, es británico de origen indio, pero el resto del reparto sí nació en India, como la recién descubierta Freida Pinto, o la estrella de Bollywood ya mentada Kapoor. Especial ilusión han debido vivir los chicos Azharuddin Mohammed Ismail y Rubina Ali Qureshi, de diez y nueve años, que fueron reclutados en una escuela de la beneficencia, y ahí continuarán estudiando una vez recuperen la normalidad. Según declaró al New York Times la madre de Rubina, Munni Qureishi, “ella ha cruzado el océano, y con la bendición de Dios volverá”. También el oscarizado compositor A.R. Rahman elevó la mirada al cielo para dar gracias a Dios por su premio.
