No es ningún secreto, no hay más que ver alguna foto reciente del director manchego para descubrir que la cabellera de Pedro Almodóvar contiene
No es ningún secreto, no hay más que ver alguna foto reciente del director manchego para descubrir que la cabellera de Pedro Almodóvar contiene abundantes canas. Pero en realidad, con eso de que “peina canas” me quería referir a un hecho incontestable: el cine de Almodóvar no atrae a la gente joven.
Debe ser bastante deprimente constatar que dos películas juveniles de muy escaso interés, Mentiras y gordas y Fuga de cerebros, te sobrepasan en taquilla. Su valor fílmico y antropológico es cero, pero es caso es que el público joven y adolescente siente interés por esos títulos. En cambio, el cine de Almodóvar suena a antiguo a las nuevas generaciones, de otra época, para los que vivieron esa cosa que se llamaba “la movida”, y que algunos “carrozas” miran con nostalgia, qué tiempos aquellos y tal. El reloj corre, tic-tac, tic-tac, y de pronto lo que era rompedor, oh, paradoja, se vuelve, ¡clásico!, en el mejor de los casos. Y si me apuran, y me pongo en plan malévolo, ¡rancio!
Es curioso, porque Almodóvar también ha recurrido al truquillo de elegir para Los abrazos rotos a algún actor joven y televisivo, como Tamar Novas. Claro, que una cosa es contar con un intérprete de una serie llamada La señora, y otra muy distinta contar con la Ana de Armas de El internado o la Amaia Salamanca de Sin tetas no hay paraíso.
Ni siquiera queda el consuelo a Almodóvar de recibir premio en un Festival donde los participantes también peinan canas (¿o habría que decir ‘cannas’?). El caso es que en Cannes no tuvo ni premio de consolación.
