Avatar se ha convertido –de momento– en la segunda película más taquillera de la historia, sólo detrás de Titanic , también de James Cameron . Si
Avatar se ha convertido –de momento– en la segunda película más taquillera de la historia, sólo detrás de Titanic, también de James Cameron. Si sigue la marcha de cohete que lleva, todo apunta a que es cuestión de un par de semanas el que se convierta en el film de mayor recaudación de todos los tiempos. De momento, en España esto ya es un hecho. Por supuesto que la entrada de una peli en 3D es más cara, y hay consideraciones sobre la inflación, o sobre la población mundial, que a los más puntillosos les lleva a decir que no es exactamente la más taquillera. Pero en fin, sea como fuere, la peli se ha convertido en un fenómeno, con todo lo que eso conlleva.
Y en Hollywood el éxito de Avatar se traduce en una consigna que se puede expresar de modo tan simple como sigue: ¡rodemos todo lo que hagamos en tres dimensiones! ¡Chicos, que esto vende! En tal sentido, podemos decir que Avatar, y nunca mejor dicho, ha abierto la caja de Pandora, lo que puede desatar todo tipo de rayos y truenos, con nefastas consecuencias. Algo parecido a lo que pasó con George Lucas y su revolución con Star Wars y En busca del arca perdida, que exigían cine de entretenimiento. Y claro, no todo el cine de entretenimiento es igual de bueno.
Y es que al final, más allá de lo técnico, lo que hace falta son cineastas con talento capaces de contar buenas historias. James Cameron es un gran narrador de historias populares, sus relatos son sencillos y enganchan; si encima resulta que es un gran director, y ha sabido sacar el máximo partido al 3D, pues ¡miel sobre hojuelas!
El problema es que no todo el mundo es Cameron. Y que una película se ruede en 3D no es garantía de calidad. Así que la moda del 3D podría tener efectos perversos: el rodaje de montones de pelis en 3D, con el aumento del coste que ello supone, y el rechazo del público a las que no sean medianamente buenas, porque a su dudosa calidad sumarían un incremento del precio de la entrada que no resulta muy atractivo que digamos.
