Así es. Ocurre como en tantas otras áreas de la economía globalizada. El último James Bond fue cancelado, el cine independiente americano se las ve y
Así es. Ocurre como en tantas otras áreas de la economía globalizada. El último James Bond fue cancelado, el cine independiente americano se las ve y se las desea para seguir adelante –es muy dependiente de preventas en el extranjero, y en la actualidad pocas empresas sueltan un euro–, series televisivas míticas como Ley y orden echan el cierre –con lo que 4.000 personas se quedan en la calle en un serial con más de 20 años de presencia en la pequeña pantalla–. Sí, la cosa está chunguilla. Y ello a pesar del 3D, que ha permitido aumentar ingresos con el encarecimiento de la entrada, y de las siempre lucrativas franquicias, el valor más seguro de Hollywood a pesar de la enorme inversión que conlleva, los Harry Potter, Transformers, Crepúsculos, Screams, Spider-Mans, Batmans y demás caterva de superhéroes. Por otra parte, países como España de momento se resisten a meter la “tijera” en las ayudas al cine, aunque con los tiempos que corren, cualquiera sabe...
Pero en realidad quería referirme a que la crisis económica empieza a formar parte de las tramas de las películas. Ahí está para demostrarlo Wall Street: El dinero nunca duerme, secuela del famoso film de Oliver Stone, recién presentado en Cannes. No es la única película en esa línea. La vida de Bernard Madoff parece que seduce a los guionistas, y los derechos de varios libros que cuentan los entresijos de la debacle económica –“Too Big to Fail” de Andrew Sorkin, “No One Would Listen” de Harry Markopolos– ya han sido adquiridos por los estudios. Matt Damon ha puesto voz al documental Inside Job de Sony, y Cleveland Versus Wall Street escenifica un falso juicio de los ciudadanos de Cleveland contra los banqueros irresponsables. Si tenemos en cuenta además que algunos de los estafados por Madoff son cineastas como Steven Spielberg y Pedro Almodóvar, podría ser una ‘dulce venganza’ dar su punto de vista en una película; a no ser que prefieran ser discretos, a nadie le gusta reconocer que le han engañado, que tal vez la avaricia rompió el saco.
La pregunta es si la gente, después de que le anuncian el recorte de su sueldo, o la subida de impuestos, va a tener ganas de “descansar” en el cine viendo una ficción sobre los sinvergüenzas especuladores y demás. Podría pasar lo mismo que con el cine de Irak, que aun oscarizado y todo –En tierra hostil– no acaba de encandilar a los espectadores.
