Estoy pasando unos días de vacaciones cerca de Pamplona, ciudad que como todo el mundo sabe vive ahora mismo su fiesta grande, los sanfermines. Ayer
Estoy pasando unos días de vacaciones cerca de Pamplona, ciudad que como todo el mundo sabe vive ahora mismo su fiesta grande, los sanfermines. Ayer quedé con un buen amigo, pamplonica de adopción, profesor de comunicación audiovisual en la Universidad de Navarra, con el que hice una completa inmersión cultural en la fiesta, pues prácticamente me obligó a vestirme de blanco, con faja y pañuelico rojos, para poder vivir así la celebración desde dentro. Realmente impresiona el ambiente, y cómo toda la ciudad se viste para la ocasión, lo cierto es que todo el mundo participa en la fiesta.
No sé cómo sería la cosa cuando Ernest Hemingway se acercó a Pamplona allá por el año 1922, hace casi 90 años, pero uno puede entender su fascinación y que escribiera una novela que tuvo adaptación cinematográfica del mismo nombre, Fiesta.
Al protagonista de su historia Hemingway le dio la misma profesión periodística que él ejercía entonces. Y uno de los amigos de éste, escritor, se inspiraba en un guionista amigo: Donald Ogden Stewart, un tipo inclasificable, con inquietudes sociales, que fue actor, humorista, escritor, autor teatral y guionista (a él se debe el libreto de Historias de Filadelfia). Howard Hawks se planteó seriamente adaptar Fiesta a la pantalla, e incluso llegó a hacerse con los derechos de la novela. Pero acabó vendiéndolos a Darryl F. Zanuck, que encargo la filmación a Henry King. La razón de su renuncia al film estriba en que le pareció muy difícil de hacer; según parece, Hawks interpretó que el protagonista era impotente (interpretación errónea, según Hemingway; en el film rodado se entendía que había sufrido una lesión), y abordar un personaje así se le hacía muy cuesta arriba por la censura.
La película de King, con libreto de Peter Viertel, se rodó en localizaciones auténticas en Pamplona y París. Contaba con Tyrone Power, Ava Gardner y Errol Flynn, reparto estelar pero quizá demasiado maduro para reflejar las andanzas juveniles de los personajes; en todo caso este detalle podía justificarse por su vitalidad “envejecida”, pues están consumiendo su juventud. Gardner daba vida a una americana que flirteaba con un torero, Pedro Romero. Cosas de la vida, la realidad imitó al arte: la actriz mantuvo un romance con el torero Luis Dominguín.
El productor Robert Evans, entonces empresario convertido en actor, dio vida a Pedro Romero. Algo con lo que no estaba muy de acuerdo Hemingway, a pesar de las clases de toreo que recibió Evans a lo largo de un mes. El escritor llegó a enviar un telegrama a Zanuck, en el que su firma estaba acompañada de la de Power y Gardner. Su petición era que sacara a Evans de la película. Cuando Zanuck voló al lugar de rodaje, y vio a Evans en acción, haciendo su faena, dijo la frase “El chico se queda en la película”. Tan contento quedó el futuro productor con esta muestra de confianza, que le sirvió más tarde para titular su autobiografía.
