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Blog de Hildy

El demonio goza de buena salud, en el cine y más allá

El premio recién concedido en Venecia a Faust de Aleksandr Sokurov , el León de Oro nada menos a su visión del pacto de Fausto con el diablo contada

El demonio goza de buena salud, en el cine y más allá

El premio recién concedido en Venecia a Faust de Aleksandr Sokurov, el León de Oro nada menos a su visión del pacto de Fausto con el diablo contada por Goethe, no es más que la punta del enorme iceberg de películas demoníacas que vienen poseyendo las pantallas en los últimos años. La verdad es que ya me he hecho eco de este tema en otra ocasión, pero resulta ciertamente increíble.

Las películas sobre exorcismos casi se han convertido en un subgénero del terror, con títulos muchas veces inspirados en casos reales, y que casi siempre miran el tema con respeto, con un punto de vista que no quiere parecer fantasía, ni mucho menos. Desde el 2005 han llegado El exorcismo de Emily Rose, El exorcismo de Isabella, Réquiem (El exorcismo de Micaela), Exorcismo en Connecticut, El rito, El último exorcismo, La posesión de Emma Evans y Exorcismo en Georgia. Y aunque sea más en la línea del suspense a lo Alfred Hitchcock presenta, en La trampa del mal -“Devil”, en el título original- la historia arranca con la cita de la epístola de san Pedro donde se dice que “el demonio anda dando vueltas como león rugiente, buscando a quien devorar”. Algo que tiene ocasión de comprobar el protagonista de El monje, la historia de un fraile que cae desde lo más alto tentado por el diablo, adaptación de una obra del siglo XVIII escrita por Matthew Gregory Lewis. Pero retomando la línea folklórica en que los cineastas se acuerdan del demonio, es obligado citar la saga [Rec] iniciada en 2007 por Jaume Balagueró y Paco Plaza, donde los extraños sucesos que acontecen en un inmueble se supone que tienden detrás al ángel caído. O a Hellboy, personaje de cómic doblemente llevado al cine por Guillermo del Toro.

Un pacto de naturaleza fáustica es la propuesta de la reciente versión de El retrato de Dorian Gray, según la obra de Oscar Wilde. Y resulta curioso que cuando en un film el mal y la tentación aparecen con sus tintes más oscuros, aunque no aparezca el demonio personificado o se deje sólo insinuado, se le menciona en títulos como El infierno, Satanás y Antes que el diablo sepa que has muerto. Incluso un título como Killer Joe, firmado por el director del clásico El exorcista William Friedkin, parece sugerir que el acuerdo “comercial” a que llegan padre y hermano de una jovencita virgen para entregarla a un asesino es de naturaleza satánica.

Así las cosas en el panorama fílmico, uno podría preguntarse por qué tanto interés del cine en el demonio en una época en que tantas personas, muy especialmente en la sociedad occidental, viven como si Dios no existiera, e incluso en algún caso alardean de su incredulidad. Y desde luego, la respuesta es que la experiencia del mal la tenemos todos, y aunque éste anida dentro de todos los hombres, hay horrores tales que, aunque cueste admitirlo, sólo les encontramos explicación en el tentador que empuja al ser humano a las peores depravaciones o a la desesperación. Lo que resultaría deseable es que la creencia más o menos explícita en el demonio conduzca a la experiencia mucho más positiva del amor a Dios, que es el que ha vencido a la serpiente tentadora, para siempre.

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