Roland Emmerich es famoso por destrozarlo todo en sus películas. Pueden ser los marcianos ( Independence Day ), el cambio climático ( El día de
Roland Emmerich es famoso por destrozarlo todo en sus películas. Pueden ser los marcianos (Independence Day), el cambio climático (El día de mañana) o el mundo mundial (2012 o “esto se acaba, apaga y vámonos”), pero el caso es que en su películas catastrofistas todo acaba volando por los aires. Anonymous podría pensarse que es una película diferente, al fin y al cabo transcurre en la Inglaterra isabelina, y va sobre si William Shakespeare escribió realmente las obras que se atribuyen a William Shakespeare; o no, pues a la postre el cineasta alemán afincado en Hollywood explosiona a un autor reverenciado, al cuestionar el merecimiento de tales reverencias, que deberían dirigirse al conde de Oxford según su film, que se estrena en Estados Unidos el próximo viernes. Vamos, como si Santiago Segura se pusiera serio con una peli de época y dijera que el Quijote no lo escribió Miguel de Cervantes, sino el duque de Alba, por poner un poner.
No soy un experto en literatura inglesa, ni me sé todas las elucubraciones de los estudiosos en general sobre mil y un temas, que suenan a veces a la más pura y alocada teoría de la conspiración. Me viene a la cabeza mi lectura hace unos días de una nueva teoría de “grandes investigadores” sobre Vincent Van Gogh, que no se habría suicidado, sino que sería víctima de la bala perdida disparada por un joven alocado, o algo así, hecho que se habría ocultado porque bla, bla, bla... Bueno, pues ahora el “destroyer” Emmerich –que se presenta como subversivo porque en El día demañana los yanquis cruzaban ilegalmente las fronteras rumbo a México, y quemaban libros de la Biblioteca Nacional para entrar en calor, vaya audacia–, parece que quiere “epatar” a los estudiosos con su nuevo estreno que recoge las teorías de algunos académicos sobre Edward de Vere, conde de Oxford, como el auténtico autor de las obras de Shaekespeare, y que habría sido, además, amante incestuoso de Isabel I de Inglaterra (lo que los expertos denominan Parte II de la Teoría del Príncipe Tudor).
James S. Shapiro, profesor en Columbia, parece que prefiere tomarse la cosa con humor ante un Emmerich que dice entender su contrariedad, pues su película desafía la obra de toda su vida. Así, declara en el New York Times con sorna: “Es tan divertido. Si alguna vez yo hubiera descubierto un documento que sugiriera que el Conde de Oxford escribió “El sueño de una noche de verano” con nueve años, como hace la película, qué carrera habría hecho”. Shapiro dice de Emmerich que es un “un hombre encantador y un gran cineasta” para luego meter el rejón y decir que su trabajo está lleno de “medias verdades repetidas con una perspectiva del siglo XX”.
La verdad, yo puedo entender un planteamiento tipo Shakespeare enamorado, o Lope, o incluso Midnight in Paris, donde se toma a personajes reales y se juega con ellos ficcionándolos, hasta cierto puntos. Pero cuando alguien sale diciendo que nos han engañado y que Elvis sigue vivo, que el 11-S fue un montaje de la CIA, o que Shakespeare en realidad era pintor, no sé, la cosa me mosquea un poco, y es difícil que de ahí pueda salir una buena historia. A no ser que estemos hablando de una parodia descacharrante, que se supone no es el caso. Demos en cualquier caso a Emmerich el beneficio de la duda, y a ver qué nos ofrece...
