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Biografía

Roland Emmerich

Roland Emmerich

64 años

Roland Emmerich

Nació el 10 de Noviembre de 1955 en Stuttgart, Baden-Württemberg, Alemania

La otra cara del cine de autor

10 Noviembre 2011

Si digo que Roland Emmerich es un autor con un mundo propio, más de uno se sonreirá. Y sin embargo, justo es reconocer una coherencia en la filmografía del alemán que siempre quiso hacer un cine entretenido y que pudiera reconocer como suyo.

Roland Emmerich nació en Stuttgart, Alemania, el 10 de noviembre de 1955, aunque sus primeros años los pasó sobre todo en Sindelfingen. Aunque le encantaba la pintura y la escultura, sus viajes acompañando a su progenitor, un empresario, le hicieron ver mundo y descubrir La guerra de las galaxias, título que le animaría a formarse cinematográficamente.

Estudió en la Escuela de Cine de Múnich y pronto quedó claro que le gustaba el cine comercial destinado al gran público, con genuino sabor americano. De hecho su primer film, la fantasía de ciencia ficción El principio del Arca de Noé (1984), que nace de un ejercicio estudiantil, sorprende a propios y extraños, no era habitual en Alemania hacer un cine de género con apañados efectos especiales de este tipo; la cinta sería escogida para el Festival de Berlín. Tanto en este film como en el siguiente, El secreto de Joey (1985), se nota que la sombra de George Lucas y Steven Spielberg es alargada, se nota que justamente trata de emular el entretenimiento que caracteriza a estos cineastas, e incluso hay guiños explícitos con muñecos, naves espaciales y homenajes varios. En esta ocasión estrenaba su propia productora, Centropolis, armada con ayuda de su hermana Ute Emmerich. Siguió rodando en Alemania títulos como Estación lunar 44 (1990), pero claro, la llamada de Hollywood no se hizo esperar, el alemán había demostrado de sobras que podía rodar cine de efectos especiales con presupuestos rigurosos y ajustados.

Rodó uno de los mejores títulos de Jean-Claude Van Damme, lo que tal vez no sea decir demasiado, con Soldado universal (1992), sobre la creación en el futuro de guerreros informatizados teóricamente sin emociones; le ayudó como guionista y productor Dean Devlin, con quien estuvo asociado hasta el 2000. Y seguiría la vena galáctica y cósmica con Stargate, puerta a las estrellas (1994), uno de sus títulos más populares, que unía arqueología en Egipto con secretos del universo mundo y dimensiones desconocidas para el ser humano; daría pie a una franquicia en la que Emmerich no intervino. Así las cosas, el campo estaba abonado para su título más popular, y el que le ha hecho cargar con el sambenito de “destrozator”. En efecto Independence Day (1996) hablaba de una invasión alienígena que se empeñaba en destruir los edificios más emblemáticos del universo mundo. Tan patriotero y yanqui era el film, que a Emmerich le llovieron las críticas de haberse vendido a la industria USA, pero a lo que se ve se lo pasó en grande con Will Smith y compañía. Por supuesto, con tal título, el film se estrenó el día de la independencia americana, o sea, el 4 de julio.

Los fans de cierto monstruo japonés tenía mucha ilusión con Godzilla (1998), la versión hollywoodiense de la criatura que protagonizó decenas de filmes nipones de Ishiro Honda y compañía. Aunque se trató de crear expectación con la criatura, y se insistió promocionalmente en que “el tamaño importa”, los destrozos de los efectos especiales no cautivaron demasiado, y aunque el film funcionó razonablemente en taquilla dejó sabor de decepción; desde luego no ayudó a la carrera del protagonista, Matthew Broderick, improbable héroe de acción. Todo ello no impidió que Emmerich produjera una miniserie godzilliana entre 1998 y 2000.

Los que crean que la “historia-ficción” de Anonymous (2011), sobre William Shakespeare y el autor auténtico de sus obras, es su primera incursión en el cine de época, olvidan que el alemán se apunto a otra película de patriotismo americano de título bien expresivo, El patriota (2000), ambientada en la época de la independencia americana, con Mel Gibson y Heath Ledger como padre e hijo, el primero viudo se resiste a luchar por la incipiente nación, el otro, más impulsivo y juvenil, le acabará animando. Emmerich comentó que “he tratado de analizar esas críticas y aprender de ellas” cuando se le mencionaban las abundantes dosis de amor a la patria americana de ese film e Independence Day.

Y como la forma de abordar la historia en Emmerich suele ser muy “personal”, conviene señalar que después de hacer historia hizo prehistoria en 10.000 (2008), título que hacía más que bueno a En busca del fuego. Ante la posible acusación de imprecisiones a las que se exponía, el cineasta aseguraba: “Es evidente que no quería hacer un documental, ni dar una lección de historia. Sé que me van a atacar mucho, y que me dirán que las pirámides no se construyeron utilizando mamuts.”

Además ha incurrido en el subgénero apocalíptico dentro del cine catastrofista con El día de mañana (2004), toda una advertencia a la situación límite a la que podría llevar el cambio climático, muy distinta a la forma de abordar la cuestión de Al Gore en Una verdad incómoda; y 2012 (2009), que nos dice que al mundo le quedan dos telediarios según el calendario maya. Y es que lo más curioso de Emmerich es que trata de llegar a un público amplio sin los recursos más fáciles de la meca del cine: en 2004 me aseguraba que “soy bastante crítico con lo que se hace en Hollywood, sobre todo en verano. Sólo se producen secuelas y remakes, y parece que nadie quiere asumir riesgos.” Y hay que reconocer que atreverse a decir que Shakespeare no escribió las obras que se le atribuyen supone arriesgarse, siquiera un poquito; aunque la versión emmerichiana se antoja bastante... coja.

Emmerich, en el campo de la producción, ha respaldado filmes como Nivel 13, Arac Attack y Trade. El precio de la inocencia. Gay confeso, cuando se le pregunta por qué no ha tratado el tema en su cine, explica que lo hará “si la película adecuada se presenta. Me gustaría incluir personajes más abiertamente gays en mis películas para un público amplio, y trabajo de verdad en ello. Honestamente, lo intento constantemente, me digo, ‘¿a quién puedo hacer gay?’. Pero no quiero hacerlo descaradamente.”

Filmografía
Midway

2019 | Midway

Roland Emmerich es un cineasta alemán que ya desde el inicio de su carrera mostró su fascinación por el cine estadounidense, siguiendo los parámetros de un Spielberg en títulos como El secreto de Joey. Luego, ya en Hollywood, demostró una sorprendente atracción hacia títulos que rendían pleitesía al amor de los yanquis por su país, con Independence Day  y El patriota, a la vez que manejaba enormes presupuestos, sin duda que se movía como pez en el agua a la hora de armar superproducciones. Por ello no resulta extraña que ahora dirija Midway, sobre la Guerra del Pacífico en los años de la Segunda Guerra Mundial, concediendo el espacio principal a la batalla del título, aunque ampliando el marco con los prolegómenos que conducen a ese punto culminante de la contienda. Por supuesto, no es la primera vez que el cine la aborda, en 1976 tuvimos La batalla de Midway de Jack Smight, con un reparto plagado de estrellas, Charlton Heston, Henry Fonda, James Coburn, Glenn Ford y Toshiro Mifune, entre otros. En realidad podríamos decir que el film de Emmerich combina lo contado ahí con lo que mostraba la película de 1970 Tora, Tora, Tora. De modo que la trama arranca con el oficial de inteligencia Edwin Layton detectando que Japón podría sentirse fuerte para intentar imponer su dominio en el Pacífico, pero sin que sus advertencias sean escuchadas, lo que conduce al desastre de Pearl Harbor, el ataque japonés inesperado y que destruye gran parte de la flota. Con el nombramiento del almirante Chester Nimitz, Estados Unidos se prepara para dar una respuesta contundente, el audaz bombardeo de Tokio, coordinado por el teniente coronel Jimmy Doolittle. Para llevar a cabo la operación es necesario que inteligencia, con Layton detrás sea escuchada, en sus intentos de descodificar los mensajes nipones. Y pilotos como Dick Best se jugarán la vida, pues las operaciones tan lejos de un lugar para repostar, y sin apenas portaviones, son de altísimo riesgo. Todo conducirá a la batalla de Midway, que podría convertirse en una trampa mortal para unos y otros, decidiéndose el destino de la guerra. El film de Emmerich, coproducción con China que cuenta con un guion del más bien desconocido Wes Tooke, es riguroso a la hora de ceñirse a los hechos históricos, y se sigue con interés. Los efectos visuales digitales siguen perfeccionándose, de modo que todas las escenas de acción bélica resultan impactantes. Como es de rigor en una cinta de guerra que sigue las pautas de la vieja escuela, resulta importante el reparto, casi exclusivamente masculino, donde destaca Woody Harrelson, un actor igual se enfrenta a los zombies con guasa en Zombieland. Mata y remata, que se lanza a interpretar con enorme dignidad y clase al almirante Nimitz. Hay muchos rostros reconocibles, como el de Nick Jonas, uno de los hermanos Jonas, el valiente piloto Bruno, o los de Dennis Quaid, Aaron Eckhart y Luke Evans, correctos aunque no tienen la fuerza de los clásicos. El bando japonés es retratado con respeto, se evita caer en el trazo típico de la caricatura.

6/10
Independence Day: Contraataque

2016 | Independence Day: Resurgence

Han pasado dos décadas desde que la Tierra sobreviviera a aquella invasión alienígena, tras la que la conmemoración del 4 de julio se hizo extensiva como Día de la Independencia para todo el planeta Tierra. Los países aprendieron a superar sus diferencias y ahora viven en paz y armonía. Gracias a los restos de tecnología del enemigo que quedaron abandonados, la humanidad ha realizado grandes avances, sobre todo en cuanto a vehículos antigravitatorios y cazas de combate se refiere. Sin embargo, David Levinson, científico que dio con la solución a la amenaza, advierte de que el enemigo regresará un día. No es el único que piensa que esto puede ocurrir, pues el que fuera presidente entonces, Thomas J. Whitmore, está obsesionado con que el retorno se producirá. Lo que ha dejado claro a su círculo íntimo, que incluye a su hija, Patricia, y a Dylan, vástago del fallecido Steven Hiller, que ha seguido sus pasos como piloto del ejército. Sorprende que haya tardado veinte años en rodarse la secuela de un blockbuster que en su día recaudó más de 800 millones de dólares, sobre todo porque su máximo artífice, como director y guionista, Roland Emmerich, no ha buscado caminos nuevos precisamente; la mayor parte de lo que ha rodado desde entonces variaba muy poco, pues Godzilla, El día de mañana o 2012, sólo traían como novedad qué desastre reemplazaría a los extraterrestres a la hora de poner en peligro al mundo. Pero al final, el cineasta alemán ha cedido a las presiones de Fox, y retoma su mayor éxito. La falta de acuerdo con la principal estrella del original, Will Smith, no ha supuesto un gran quebradero de cabeza a la hora de componer el libreto. Su rol lo ocupa su vástago en la ficción, encarnado por el joven en alza Jessie Usher (Level Up), y con un par de llamativas fotos a gran tamaño que recuerdan al ‘difunto’, asunto zanjado. Por lo demás, repite el grueso del coral reparto, con Bill Pullman, Brent Spiner, Vivica A. Fox y Jeff Goldblum de nuevo en la piel de sus personajes, con el añadido de alguna joven promesa, Liam Hemsworth y Maika Monroe, y de alguna actriz prestigiosa, como la francesa Charlotte Gainsbourg. Aunque aquí hablar del reparto es lo de menos. No desentonan, pero tampoco tienen mucho tiempo para lucirse, ni sus personajes están demasiado desarrollados. Por ejemplo, se atisban posibilidades en la relación amor-odio Goldblum-Gainsbourg, pero queda reducida a pavesas. A un film de Emmerich se va a ver cómo explota el Puente de Londres, la Casa Blanca (de nuevo), etc., y eso sí que abunda. Se supone que en una secuela debe haber más explosiones que en el original, aquí resultaría imposible, en todo caso las mismas, así que como apunta el personaje de Goldblum… ¡las naves invasoras son más grandes! Quizás se echa de menos algo del humor voluntario (o involuntario) del original, pero nadie que pague una entrada se sentirá engañado. Emmerich sirve lo que se esperaba, entretenimiento ligero de verano para toda la familia. Tras dirigir la vilipendiada por la crítica Stonewall, en torno a una tragedia que incidió en el movimiento homosexual, el realizador proclamó a los cuatro vientos que en esta superproducción metería a una pareja gay. Sin embargo, todo se ha quedado en guiños, en la relación entre un soldado negro y un contable friki, que el grueso del público ni captará. 

5/10
Asalto al poder

2013 | White House Down

John Cale desea fervientemente servir en la seguridad de la Casa Blanca, protegiendo al presidente. Veterano de Afganistán, separado y con una hijita, Emily, con estudios justitos, el chico se esfuerza, pero su solicitud va a ser rechazada, porque le entrevista una antigua novia. Lejos de deprimirse, trata de mantener el ánimo alto y aprovechar la ocasión para ver con Emily la Casa Blanca en la clásica visita turística. Con tan mala pata que la cosa coincide con el más terrible ataque terrorista que imaginarse pueda, donde el objetivo primero es el presidente, pieza de algo que podría suponer el principio del apocalipsis. Así que puede que no sea tan mala pata, pues Cale podría marcar la diferencia y dar una vuelta a la situación... con ayuda de su niña y del comandante en jefe, claro está. Después de su aventura shakespereana Anonymous, el director alemán más estadounidense, Roland Emmerich, vuelve adonde solía, hasta el punto de que bien podríamos subtitular este film “Independence Day 2”. En Asalto al poder ofrece un tebeo de grandes proporciones adrenalíticas, con abundantes explosiones, dosis de patriotismo, alabanzas a los presidentes pacifistas, y críticas a la industria armamentística, ellos serían los más interesados en alimentar las guerras para forrarse a su costa. A condición de no tomarse la cosa demasiado en serio, el espectador tiene en Asalto al poder una cinta entretenida, con el chico humilde que logra realizar su sueño (no creemos que sea un “spoiler” señalar que el mundo estará a salvo gracias al cachas Channing Tatum) y gana tantos ante una cría que había decidido no llamarle “papá” nunca más (no, no pensamos desvelar si cambia de idea, eso desde luego sería un “spoiler”). Emmerich maneja un guión de James Vanderbilt que, asumidos los pasajes más o menos sonrojantes, resulta medianamente coherente a la hora de introducir escenas asombrosas, como la persecución de limusinas presidenciales en los jardines de la Casa Blanca. El reparto de Asalto al poder es solvente, sobre todo James Woods, aunque el suyo y el resto de los personajes resultan bastante estereotipados, por ejemplo, con Jamie Foxx jugando a ser un clon de Obama, con gafas de pasta, para disimular un poco, o Maggie Gyllenhaal dando instrucciones con sus auriculares.

4/10
Anonymous

2011 | Anonymous

El conde de Oxford está triste. En primer lugar, porque siendo un escritor de talento, no puede hacer público su don, pues se supone que componer poemas y obras de teatro es oficio propio de plebeyos. Motivo por el cual se busca un hombre de paja para que firme sus obras, que debía ser Ben Jonson, pero que acaba siendo el tosco actor, que no sabe escribir la “o” con un canuto, William Shakespeare. Por si éste fuera poco pesar, Oxford se encuentra atrapado en un matrimonio sin amor con una mujer que le emparenta con la todopoderosa familia Cecil, consejeros de la reina Isabel I, de quien realmente nuestro caballero está enamorado. Roland Emmerich sorprende a propios y extraños alejándose del género catastrofista al que debe la fama ( Independence Day, El día de mañana) para hacer una inmersión en el drama isabelino, en algo que bien podríamos denominar “historia ficción”, subgénero que ha dado joyas cinematográficas como Amadeus, referencia obvia del film: casualmente ambos títulos empiezan por “A” y acaban por “us”, pero sólo en este detalle y en el tipo de historia coinciden, pues la película de Milos Forman está a años luz de lo logrado por un Emmerich con ínfulas de iconoclasta. Resulta curioso que el guión del film se deba a John Orloff, que firmó el libreto de Un corazón invencible, que se basaba en una historia real. Aquí se parte de las dudas de los académicos acerca de la autoría de la obra de Shakespeare para orquestar una trama que no acaba de funcionar. Seguramente el principal problema, que Emmerich no sabe solventar, es que en realidad está contando dos historias que no tienen mucho que ver entre sí, son como el aceite y el agua: por un lado está el talento literario oculto del conde de Oxford, atribuido a un patán, con los celos entre unos y otros autores; y por otro las intrigas palaciegas y el drama familiar y afectivo del protagonista. Aunque se intenta relacionarlas –el subtexto de las obras de teatro aludiría a la situación política, los problemas de Oxford conformarían una gran tragedia que supera con creces la ficción...–, lo cierto es que cada una va un poco por su lado, torpemente. Si en Amadeus Mozart tenía rasgos que lo hacían insoportable, aquí se cargan más las tintas: Shakespeare es un tipo mediocre, a lo que suma su condición de ambicioso, mujeriego, asesino y traidor, y su nula capacidad de escribir; por si fuera poco, a la reina Isabel, al menos en los pasajes en que presenta una edad avanzada, se la pinta como una ridícula vieja chocha con algún escaso momento de lucidez, con alguna escena gratuita como aquella en la que un noble irrumpe en sus estancias sorprendiéndola con sus doncellas en paños menores. Tal acumulación de trazos grotescos no hacen ningún favor al film, que está exigiendo al espectador una suspensión de la incredulidad, una complicidad a la que resulta difícil responder afirmativamente. De modo que todo se queda en un intento fallido de Emmerich por desencasillarse, donde un competente reparto no tiene mucho que hacer por los trazos demasiado simplones de sus personajes. Pero en fin, siempre queda el empaque de la época, algunos fragmentos de la obra de Shakespeare, y sobre todo los impactantes prólogo y epílogo pronunciados por un contemporáneo Derek Jacobi, todo un guiño a la idéntica función que ejercía el actor en el Enrique V (1989) de Kenneth Branagh.

4/10
2012

2009 | 2012

Esto se acaba. O sea, el mundo. Lo ha predicho un astrofísico indio en 2009, el sol se ha vuelto un poco loco, tormentas en el astro rey y tal, y los neutrinos han dado pie a nuevas partículas elementales, con reacciones que irán afectando de modo creciente al núcleo y a la corteza terrestres. Aunque en realidad ya los mayas, muy previsores, concibieron un calendario que termina en 2012. Total, que en tres años, y de modo supersecreto, las grandes potencias se ponen de acuerdo para construir unas naves gracias a las cuales se salvarán unas 400.000 personas. Menos da una piedra. La fecha fatídica del fin del mundo se acerca, y diversos personajes –una familia con dos hijos, los padres divorciados y un tercero en el hogar; un científico muy listo que tiene a su padre en un barco; el viudo presidente negro de los Estados Unidos y su hija; un ‘nuevo rico’ ruso con sus dos retoños y su amante; más algunos tibetanos que pasaban por ahí...– se enfrentan a la dura realidad, cada uno a su modo. El alemán Roland Emmerich es especialista en destrozos y demoliciones del cine de acción, como probó en Independence Day, Godzilla y El día de mañana. Aquí el desafío es un ‘más difícil todavía’, y probablemente sólo de este modo puede ser juzgada 2012, que argumentalmente apenas depara una mínima sorpresa, que no es cuestión de desvelar. Se trata de un film fiel a los cánones del cine catastrofista, concebido como una atracción ferial, donde se trata de disfrutar con carreteras ‘arrugándose’, puentes estrujados, edificios hechos mil añicos, grietas y erupciones, autos volando, barcos volcados, etc, etc. Y en efecto, se alcanzan cotas de gran perfección en los efectos especiales, de modo particular en el destrozo de edificios emblemáticos. Sobre esto sólo cabe criticar el desmesurado metraje de la cinta, la cosa se podía haber despachado en menos de dos horas. Y como el presupuesto se va en los mentados efectos, a la hora de hacer el reparto se ha optado por actores carismáticos, pero no estrellas de sueldos prohibitivos. Algún despistado podría esperar que el film invitara a alguna reflexión sobre qué debería hacer uno si supiera que el tiempo se le acaba. Pero eso sería pedir peras al olmo, no se va más allá de señalar que hay que amar al prójimo, y sacrificarse por él. La religión en este contexto es un mero elemento ornamental, creer que obedece a alguna razón que los únicos iconos religiosos cuya destrucción se contempla son el Cristo de Río de Janeiro, San Pedro y la Capilla Sixtina, mientras un sabio lama parece poco menos que el culmen de la sabiduría, sería conceder al film una elaboración intelectual de la que carece por completo. En tal sentido tal vez sería más exacto decir que Emmerich director juega a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en el film. Y se lo pasa divinamente.

4/10
10.000

2008 | 10,000 B.C.

El alemán Roland Emmerich es uno de los reyes del blockbuster, desde que se instaló en Hollywood a principios de los 90. Algo tendrá este director cuando le bendicen, pues lo cierto es que no ha tenido ningún batacazo y alguno de sus trabajosha sidotodo un acontecimiento para las taquillas. Y lo que tiene Emmerich es una habilidad innata para vender lo que rueda, y un sentido del espectáculo que compensa bastante sus defectos narrativos y sus frecuentes momentos surrealistas, estilo presidente de los Estados Unidos al frente de sus tropas en un caza –en su mayor éxito, Independence Day–, o el movimiento de emigración de Estados Unidos a México de El día de mañana. Así debe tomarse 10.000, un cómic de lujo que irritará a quienes se lo tomen demasiado en serio, pero que ofrece momentos muy vistosos, al jugar la baza de los efectos especiales de vanguardia, que ofrecen unos mamuts que parecen de carne y colmillos. El título español resulta confuso, pues no se sabe muy bien si hace referencia a 10.000 guerreros, como en 300, pero a lo bestia. En realidad se refiere al año 10.000 antes de Cristo. Uno se pregunta si la obsesión por el laicismo en la España actual ha provocado que los distribuidores tengan miedo de que aparezca la palabra Cristo en el título, y ése es el auténtico motivo de que rebautizaran así un film que originalmente se llama 10.000 B.C. Tiene muchos puntos en común la película con la mucho más redonda Apocalypto, que debió estrenarse cuando el propio Emmerich y el hasta ahora compositor Harald Kloser, ya tenían cerrado el guión y el proyecto estaba muy avanzado. En ambos filmes, un grupo de indígenas lleva una existencia idílica, dedicados a la caza. Hasta que unos guerreros de una civilización superior asolan su aldea y capturan a varios de los habitantes. En este caso, D’Leh, joven cazador, encabeza una expedición de rescate, pues los captores se han llevado entre otros a su amada Evolet, una joven que presenta un rasgo inédito entre los suyos, pues tiene los ojos azules. La prehistoria de Emmerich, en la que caben hasta pirámides egipcias, es tan fantasiosa que se parece mucho más al mundo mágico de Conan, el bárbaro que a En busca del fuego, que junto al principio de 2001: una odisea del espacio, es hasta la fecha la mejor de las pocas incursiones cinematográficas en los albores de la humanidad. También tiene puntos en común con Stargate, del propio Emmerich, en la que unos hombres prehistóricos convivían con civilizaciones más avanzadas y donde el espectador acababa aceptando cualquier elemento fantasioso. Quizás el error de Emmerich en esta ocasión es que no muestra sus cartas desde el principio, por lo que no acaba de funcionar del todo que de repente aparezcan unas monstruosos aves, unos villanos que usan barcos y son de una era distinta a los protagonistas, e incluso elementos de brujería. Y todo eso a pesar de que sus hombres de las cavernas, de estética rastafari, no resultaban del todo convincentes. El cine se toma muchas licencias en sus películas históricas, a veces sin un mínimo de rigor histórico. Aún así, en cintas como Gladiator, el espectador pone mucho de su parte para suponer que está en la antigua Roma. No ocurre así en este caso, en el que a partir de un punto del metraje deja de ser por completo una cinta prehistórica. Se aprecia un esfuerzo del director –y coguionista– por darle cierto fondo a un relato, que gira en torno al sacrificio en aras del amor, y que acierta al plantearse que los avances técnicos mal utilizados no dan lugar a una civilización mejor necesariamente, sino que eso depende de la finalidad con la que se utilicen. En cualquier caso, que el público sepa que lo que va a ver son secuencias tan apabullantes como la cacería inicial.

4/10
El día de mañana

2004 | The Day After Tomorrow

Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.

6/10
El patriota

2000 | The Patriot

Carolina del Sur. 1776. Benjamin Martin es un viudo, padre de una numerosa prole, y dueño de una plantación. Antaño intervino en varias guerras, pero ahora lo más importante para él es su familia. Por eso, cuando en la Asamblea de Charleston se habla de luchar contra Inglaterra para lograr la ansiada independencia, Benjamin rehúsa apoyar la causa. Lo que contraría sobremanera a Gabriel, el hijo mayor, que decide ir a la guerra por su cuenta. Los hechos, que son tozudos, obligarán al propio Benjamin a replantearse su postura en la guerra de independencia. Magnífica película que, curiosamente para el tema patriótico que aborda, viene firmada por un alemán: Roland Emmerich (Independence Day, Godzilla). El director cambia completamente de género al filmar una historia de aventuras, donde al final queda claro que, para defender la propia familia, hay que luchar también por el país o la sociedad donde esa familia convive con otras muchas familias. Sin posturas patrioteras sonrojantes, Emmerich logra, gracias al medido guión de Robert Rodat (autor también del libreto de Salvar al soldado Ryan), una película emocionante, donde se conjuga el drama de los personajes (sobre todo el enfrentamiento padre-hijo, y contra el enemigo inglés), con magníficas escenas bélicas. Mel Gibson demuestra una vez más que su carisma no es casual, mientras que el el joven Heath Ledger sostiene el personaje del hijo con aplomo.

6/10
Godzilla

1998 | Godzilla

Niko Tatopoulos, un célebre biólogo especialista en los efectos de las radiaciones nucleares en seres vivos, debe dar su opinión sobre una misteriosa criatura que ha atacado de modo bestial a un barco japonés. Se trata de un enorme bicho con aspecto de animal prehistórico, que ha sufrido mutaciones por un experimento nuclear francés. El animalito, de enorme poder destructivo, ha decidido montarse un "nidito" en la ciudad de Nueva York. Lo cual motiva el pánico general de la población. El alcalde se ve obligado a organizar la evacuación de la ciudad. Mientras, el ejército trata de localizar al monstruo para destruirlo. Y Audrey Timmonds, una aguerrida periodista, que fue novia de Niko, ayudada por su fiel cámara, trata de conseguir el reportaje de su vida. ¡Bienvenido a un film que mezcla acción, ciencia ficción y género catastrofista! Viene servido por los alemanes Roland Emmerich y Dean Devlin, responsables de aquel film supertaquillero y superpatriotero llamado Independence Day. Si lo que deseas es disfrutar de unos efectos especiales superespectaculares, insertos en una trama entretenida, estás de suerte. Pues hay secuencias alucinantes, en que el bicho derriba todo tipo de edificios. Junto a los muchos destrozos, y a la maqueta del monstruo, destacan los efectos especiales en que aparece la numerosa prole de Godzilla. Las escenas en el interior del Madison Square Garden son de una asombrosa perfección, y dieron una nueva vuelta de tuerca a los films con amplia presencia de saurios.

4/10
Independence Day

1996 | Independence Day

Un día llegan a la Tierra unas gigantescas naves espaciales. En un principio la población aguarda con esperanza que los visitantes vengan en son de paz, pero esto se torna en desesperación cuando se dan cuenta de que las naves atacan el planeta lanzando rayos destructivos en las mayores ciudades del mundo, y destruyendo edificios emblemáticos como el Pentágono. Sin embargo, algunos supervivientes planean un ataque masivo contra los alienígenas. El presidente de los Estados Unidos escapa como puede de la destrucción de la Casa Blanca. Mientras tanto, un científico genial descubre un método para combatir informáticamente a los invasores, y un piloto intenta salvar su vida tras sobrevivir a un combate aéreo. Uno de los mayores éxitos de taquilla del cine norteamericano. El realizador Roland Emmerich (Soldado Universal) planteó la historia de forma muy humorística y distendida, excepto en los momentos en que se retrata la tragedia. Tal vez por esta razón pensó en Will Smith (conocido por la comedia televisiva El príncipe de Bel-Air) para el papel principal. Junto a él, Jeff Goldblum repite el mismo papel de científico que hacía en Parque Jurásico y Bill Pullman deja atrás su típico papel en películas románticas como Mientras dormías para dar vida al mismísimo presidente de los Estados Unidos, que encabeza en su aeroplano hacia la victoria a las tropas resultantes de la unión de todo el mundo.

5/10
Stargate, puerta a las estrellas

1994 | Stargate

Un grupo de científicos, junto con el joven doctor Daniel Jackson y el coronel Jack O'Neil, investigan un extraño aparato que han encontrado en unas excavaciones. Se trata de una 'puerta' misteriosa que desean atravesar. Cuando lo hacen, son trasladados a un inhóspito paraje con pirámides, situado a años luz de la Tierra y poblado con humanos que hablan una lengua distinta y tienen sus propias leyes. Exitoso producto de ciencia ficción con James Spader (Lobo, Boston Legal) y Kurt Russell (Tango y Cash) de protagonistas. La acción viene acompañada de fabulosos efectos especiales que gustarán al espectador. Dirige el especialista en macroproductos Roland Emmerich (Independence Day, Godzilla). El film fue el precursor de las series de televisión Stargate SG-1 y Stargate: Atlantis.

6/10
Soldado universal

1992 | Universal Soldier

En un hipotético futuro, la industria militar ha creado lo que se supone es el guerrero perfecto. A partir de buenos soldados, muertos en combate, se fabrican computerizados guerreros, ajenos al dolor y a las emociones, así como a su vida pasada. Los problemas comienzan cuando dos prototipos se salen del programa desarrollando sus propias emociones. Film representativo del cine de acción de la última década. Protagonizado por Jean-Claude Van Damme, encasillado en este tipo de films, así como en las exhibiciones de artes marciales, y por Dolph Lundgren. La película está dirigida por Roland Emmerich (Independence Day) que sabe darle todos los ingredientes necesarios para que no defraude a los incondicionales de Van Damme: explosiones, tiros, persecuciones, exhibición de "bíceps" y violencia a raudales.

4/10
Estación lunar 44

1990 | Moon 44

2038. Las multinacionales han tomado el poder en la Tierra y los planetas de los alrededores, y siguen compitiendo para colonizar planetas lejanos. Última película dirigida en su país natal por el alemán Roland Emmerich, antes de iniciar su carrera en Hollywood. El director imita el tono de las películas de ciencia ficción americanas que admira.

5/10
El secreto de Joey

1985 | Joey

"El secreto de Joey" es un filme fantástico-terrorífico. Narra el caso de un niño de diez años que adora a su padre más que a nada en el mundo, por lo que al morir éste el protagonista sufre una depresión. Así Laura, la madre de Joey, observa desesperanzada cómo el chico se vuelve cada día más reservado, llegando incluso a alejarla de su mundo. Pero, de repente, ocurre algo inexplicable: Joey descubre que puede ponerse en contacto con el alma de su padre a través de un teléfono de juguete, lo que cambia su vida.

El principio del Arca de Noé

1984 | Das Arche Noah Prinzip

Una estación de investigación metereológia da vueltas alrededor de la tierra. Su tripulación está compuesta por un científico y un técnico, que están a cargo de las previsiones del tiempo. De repente, se dan cuenta de que están expuestos a una gran cantidad de radiación. La comunidad científica decide hacerles volver, pero estalla una guerra en el Medio Este y la CIA decide aprovechar la estación para fines militares. Espectacular mezcla de intriga y ciencia-ficción a cargo del especialista Roland Emmerich (Stargate, Independence Day y Godzilla). Los efectos especiales resultan muy creíbles.

4/10
Independence Day: Contraataque

2016 | Independence Day: Resurgence

Han pasado dos décadas desde que la Tierra sobreviviera a aquella invasión alienígena, tras la que la conmemoración del 4 de julio se hizo extensiva como Día de la Independencia para todo el planeta Tierra. Los países aprendieron a superar sus diferencias y ahora viven en paz y armonía. Gracias a los restos de tecnología del enemigo que quedaron abandonados, la humanidad ha realizado grandes avances, sobre todo en cuanto a vehículos antigravitatorios y cazas de combate se refiere. Sin embargo, David Levinson, científico que dio con la solución a la amenaza, advierte de que el enemigo regresará un día. No es el único que piensa que esto puede ocurrir, pues el que fuera presidente entonces, Thomas J. Whitmore, está obsesionado con que el retorno se producirá. Lo que ha dejado claro a su círculo íntimo, que incluye a su hija, Patricia, y a Dylan, vástago del fallecido Steven Hiller, que ha seguido sus pasos como piloto del ejército. Sorprende que haya tardado veinte años en rodarse la secuela de un blockbuster que en su día recaudó más de 800 millones de dólares, sobre todo porque su máximo artífice, como director y guionista, Roland Emmerich, no ha buscado caminos nuevos precisamente; la mayor parte de lo que ha rodado desde entonces variaba muy poco, pues Godzilla, El día de mañana o 2012, sólo traían como novedad qué desastre reemplazaría a los extraterrestres a la hora de poner en peligro al mundo. Pero al final, el cineasta alemán ha cedido a las presiones de Fox, y retoma su mayor éxito. La falta de acuerdo con la principal estrella del original, Will Smith, no ha supuesto un gran quebradero de cabeza a la hora de componer el libreto. Su rol lo ocupa su vástago en la ficción, encarnado por el joven en alza Jessie Usher (Level Up), y con un par de llamativas fotos a gran tamaño que recuerdan al ‘difunto’, asunto zanjado. Por lo demás, repite el grueso del coral reparto, con Bill Pullman, Brent Spiner, Vivica A. Fox y Jeff Goldblum de nuevo en la piel de sus personajes, con el añadido de alguna joven promesa, Liam Hemsworth y Maika Monroe, y de alguna actriz prestigiosa, como la francesa Charlotte Gainsbourg. Aunque aquí hablar del reparto es lo de menos. No desentonan, pero tampoco tienen mucho tiempo para lucirse, ni sus personajes están demasiado desarrollados. Por ejemplo, se atisban posibilidades en la relación amor-odio Goldblum-Gainsbourg, pero queda reducida a pavesas. A un film de Emmerich se va a ver cómo explota el Puente de Londres, la Casa Blanca (de nuevo), etc., y eso sí que abunda. Se supone que en una secuela debe haber más explosiones que en el original, aquí resultaría imposible, en todo caso las mismas, así que como apunta el personaje de Goldblum… ¡las naves invasoras son más grandes! Quizás se echa de menos algo del humor voluntario (o involuntario) del original, pero nadie que pague una entrada se sentirá engañado. Emmerich sirve lo que se esperaba, entretenimiento ligero de verano para toda la familia. Tras dirigir la vilipendiada por la crítica Stonewall, en torno a una tragedia que incidió en el movimiento homosexual, el realizador proclamó a los cuatro vientos que en esta superproducción metería a una pareja gay. Sin embargo, todo se ha quedado en guiños, en la relación entre un soldado negro y un contable friki, que el grueso del público ni captará. 

5/10
2012

2009 | 2012

Esto se acaba. O sea, el mundo. Lo ha predicho un astrofísico indio en 2009, el sol se ha vuelto un poco loco, tormentas en el astro rey y tal, y los neutrinos han dado pie a nuevas partículas elementales, con reacciones que irán afectando de modo creciente al núcleo y a la corteza terrestres. Aunque en realidad ya los mayas, muy previsores, concibieron un calendario que termina en 2012. Total, que en tres años, y de modo supersecreto, las grandes potencias se ponen de acuerdo para construir unas naves gracias a las cuales se salvarán unas 400.000 personas. Menos da una piedra. La fecha fatídica del fin del mundo se acerca, y diversos personajes –una familia con dos hijos, los padres divorciados y un tercero en el hogar; un científico muy listo que tiene a su padre en un barco; el viudo presidente negro de los Estados Unidos y su hija; un ‘nuevo rico’ ruso con sus dos retoños y su amante; más algunos tibetanos que pasaban por ahí...– se enfrentan a la dura realidad, cada uno a su modo. El alemán Roland Emmerich es especialista en destrozos y demoliciones del cine de acción, como probó en Independence Day, Godzilla y El día de mañana. Aquí el desafío es un ‘más difícil todavía’, y probablemente sólo de este modo puede ser juzgada 2012, que argumentalmente apenas depara una mínima sorpresa, que no es cuestión de desvelar. Se trata de un film fiel a los cánones del cine catastrofista, concebido como una atracción ferial, donde se trata de disfrutar con carreteras ‘arrugándose’, puentes estrujados, edificios hechos mil añicos, grietas y erupciones, autos volando, barcos volcados, etc, etc. Y en efecto, se alcanzan cotas de gran perfección en los efectos especiales, de modo particular en el destrozo de edificios emblemáticos. Sobre esto sólo cabe criticar el desmesurado metraje de la cinta, la cosa se podía haber despachado en menos de dos horas. Y como el presupuesto se va en los mentados efectos, a la hora de hacer el reparto se ha optado por actores carismáticos, pero no estrellas de sueldos prohibitivos. Algún despistado podría esperar que el film invitara a alguna reflexión sobre qué debería hacer uno si supiera que el tiempo se le acaba. Pero eso sería pedir peras al olmo, no se va más allá de señalar que hay que amar al prójimo, y sacrificarse por él. La religión en este contexto es un mero elemento ornamental, creer que obedece a alguna razón que los únicos iconos religiosos cuya destrucción se contempla son el Cristo de Río de Janeiro, San Pedro y la Capilla Sixtina, mientras un sabio lama parece poco menos que el culmen de la sabiduría, sería conceder al film una elaboración intelectual de la que carece por completo. En tal sentido tal vez sería más exacto decir que Emmerich director juega a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en el film. Y se lo pasa divinamente.

4/10
10.000

2008 | 10,000 B.C.

El alemán Roland Emmerich es uno de los reyes del blockbuster, desde que se instaló en Hollywood a principios de los 90. Algo tendrá este director cuando le bendicen, pues lo cierto es que no ha tenido ningún batacazo y alguno de sus trabajosha sidotodo un acontecimiento para las taquillas. Y lo que tiene Emmerich es una habilidad innata para vender lo que rueda, y un sentido del espectáculo que compensa bastante sus defectos narrativos y sus frecuentes momentos surrealistas, estilo presidente de los Estados Unidos al frente de sus tropas en un caza –en su mayor éxito, Independence Day–, o el movimiento de emigración de Estados Unidos a México de El día de mañana. Así debe tomarse 10.000, un cómic de lujo que irritará a quienes se lo tomen demasiado en serio, pero que ofrece momentos muy vistosos, al jugar la baza de los efectos especiales de vanguardia, que ofrecen unos mamuts que parecen de carne y colmillos. El título español resulta confuso, pues no se sabe muy bien si hace referencia a 10.000 guerreros, como en 300, pero a lo bestia. En realidad se refiere al año 10.000 antes de Cristo. Uno se pregunta si la obsesión por el laicismo en la España actual ha provocado que los distribuidores tengan miedo de que aparezca la palabra Cristo en el título, y ése es el auténtico motivo de que rebautizaran así un film que originalmente se llama 10.000 B.C. Tiene muchos puntos en común la película con la mucho más redonda Apocalypto, que debió estrenarse cuando el propio Emmerich y el hasta ahora compositor Harald Kloser, ya tenían cerrado el guión y el proyecto estaba muy avanzado. En ambos filmes, un grupo de indígenas lleva una existencia idílica, dedicados a la caza. Hasta que unos guerreros de una civilización superior asolan su aldea y capturan a varios de los habitantes. En este caso, D’Leh, joven cazador, encabeza una expedición de rescate, pues los captores se han llevado entre otros a su amada Evolet, una joven que presenta un rasgo inédito entre los suyos, pues tiene los ojos azules. La prehistoria de Emmerich, en la que caben hasta pirámides egipcias, es tan fantasiosa que se parece mucho más al mundo mágico de Conan, el bárbaro que a En busca del fuego, que junto al principio de 2001: una odisea del espacio, es hasta la fecha la mejor de las pocas incursiones cinematográficas en los albores de la humanidad. También tiene puntos en común con Stargate, del propio Emmerich, en la que unos hombres prehistóricos convivían con civilizaciones más avanzadas y donde el espectador acababa aceptando cualquier elemento fantasioso. Quizás el error de Emmerich en esta ocasión es que no muestra sus cartas desde el principio, por lo que no acaba de funcionar del todo que de repente aparezcan unas monstruosos aves, unos villanos que usan barcos y son de una era distinta a los protagonistas, e incluso elementos de brujería. Y todo eso a pesar de que sus hombres de las cavernas, de estética rastafari, no resultaban del todo convincentes. El cine se toma muchas licencias en sus películas históricas, a veces sin un mínimo de rigor histórico. Aún así, en cintas como Gladiator, el espectador pone mucho de su parte para suponer que está en la antigua Roma. No ocurre así en este caso, en el que a partir de un punto del metraje deja de ser por completo una cinta prehistórica. Se aprecia un esfuerzo del director –y coguionista– por darle cierto fondo a un relato, que gira en torno al sacrificio en aras del amor, y que acierta al plantearse que los avances técnicos mal utilizados no dan lugar a una civilización mejor necesariamente, sino que eso depende de la finalidad con la que se utilicen. En cualquier caso, que el público sepa que lo que va a ver son secuencias tan apabullantes como la cacería inicial.

4/10
El día de mañana

2004 | The Day After Tomorrow

Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.

6/10
Godzilla

1998 | Godzilla

Niko Tatopoulos, un célebre biólogo especialista en los efectos de las radiaciones nucleares en seres vivos, debe dar su opinión sobre una misteriosa criatura que ha atacado de modo bestial a un barco japonés. Se trata de un enorme bicho con aspecto de animal prehistórico, que ha sufrido mutaciones por un experimento nuclear francés. El animalito, de enorme poder destructivo, ha decidido montarse un "nidito" en la ciudad de Nueva York. Lo cual motiva el pánico general de la población. El alcalde se ve obligado a organizar la evacuación de la ciudad. Mientras, el ejército trata de localizar al monstruo para destruirlo. Y Audrey Timmonds, una aguerrida periodista, que fue novia de Niko, ayudada por su fiel cámara, trata de conseguir el reportaje de su vida. ¡Bienvenido a un film que mezcla acción, ciencia ficción y género catastrofista! Viene servido por los alemanes Roland Emmerich y Dean Devlin, responsables de aquel film supertaquillero y superpatriotero llamado Independence Day. Si lo que deseas es disfrutar de unos efectos especiales superespectaculares, insertos en una trama entretenida, estás de suerte. Pues hay secuencias alucinantes, en que el bicho derriba todo tipo de edificios. Junto a los muchos destrozos, y a la maqueta del monstruo, destacan los efectos especiales en que aparece la numerosa prole de Godzilla. Las escenas en el interior del Madison Square Garden son de una asombrosa perfección, y dieron una nueva vuelta de tuerca a los films con amplia presencia de saurios.

4/10
Independence Day

1996 | Independence Day

Un día llegan a la Tierra unas gigantescas naves espaciales. En un principio la población aguarda con esperanza que los visitantes vengan en son de paz, pero esto se torna en desesperación cuando se dan cuenta de que las naves atacan el planeta lanzando rayos destructivos en las mayores ciudades del mundo, y destruyendo edificios emblemáticos como el Pentágono. Sin embargo, algunos supervivientes planean un ataque masivo contra los alienígenas. El presidente de los Estados Unidos escapa como puede de la destrucción de la Casa Blanca. Mientras tanto, un científico genial descubre un método para combatir informáticamente a los invasores, y un piloto intenta salvar su vida tras sobrevivir a un combate aéreo. Uno de los mayores éxitos de taquilla del cine norteamericano. El realizador Roland Emmerich (Soldado Universal) planteó la historia de forma muy humorística y distendida, excepto en los momentos en que se retrata la tragedia. Tal vez por esta razón pensó en Will Smith (conocido por la comedia televisiva El príncipe de Bel-Air) para el papel principal. Junto a él, Jeff Goldblum repite el mismo papel de científico que hacía en Parque Jurásico y Bill Pullman deja atrás su típico papel en películas románticas como Mientras dormías para dar vida al mismísimo presidente de los Estados Unidos, que encabeza en su aeroplano hacia la victoria a las tropas resultantes de la unión de todo el mundo.

5/10
Stargate, puerta a las estrellas

1994 | Stargate

Un grupo de científicos, junto con el joven doctor Daniel Jackson y el coronel Jack O'Neil, investigan un extraño aparato que han encontrado en unas excavaciones. Se trata de una 'puerta' misteriosa que desean atravesar. Cuando lo hacen, son trasladados a un inhóspito paraje con pirámides, situado a años luz de la Tierra y poblado con humanos que hablan una lengua distinta y tienen sus propias leyes. Exitoso producto de ciencia ficción con James Spader (Lobo, Boston Legal) y Kurt Russell (Tango y Cash) de protagonistas. La acción viene acompañada de fabulosos efectos especiales que gustarán al espectador. Dirige el especialista en macroproductos Roland Emmerich (Independence Day, Godzilla). El film fue el precursor de las series de televisión Stargate SG-1 y Stargate: Atlantis.

6/10
El secreto de Joey

1985 | Joey

"El secreto de Joey" es un filme fantástico-terrorífico. Narra el caso de un niño de diez años que adora a su padre más que a nada en el mundo, por lo que al morir éste el protagonista sufre una depresión. Así Laura, la madre de Joey, observa desesperanzada cómo el chico se vuelve cada día más reservado, llegando incluso a alejarla de su mundo. Pero, de repente, ocurre algo inexplicable: Joey descubre que puede ponerse en contacto con el alma de su padre a través de un teléfono de juguete, lo que cambia su vida.

El principio del Arca de Noé

1984 | Das Arche Noah Prinzip

Una estación de investigación metereológia da vueltas alrededor de la tierra. Su tripulación está compuesta por un científico y un técnico, que están a cargo de las previsiones del tiempo. De repente, se dan cuenta de que están expuestos a una gran cantidad de radiación. La comunidad científica decide hacerles volver, pero estalla una guerra en el Medio Este y la CIA decide aprovechar la estación para fines militares. Espectacular mezcla de intriga y ciencia-ficción a cargo del especialista Roland Emmerich (Stargate, Independence Day y Godzilla). Los efectos especiales resultan muy creíbles.

4/10
El día de mañana

2004 | The Day After Tomorrow

Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.

6/10
Estación lunar 44

1990 | Moon 44

2038. Las multinacionales han tomado el poder en la Tierra y los planetas de los alrededores, y siguen compitiendo para colonizar planetas lejanos. Última película dirigida en su país natal por el alemán Roland Emmerich, antes de iniciar su carrera en Hollywood. El director imita el tono de las películas de ciencia ficción americanas que admira.

5/10

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