Reconozco estar bastante perplejo ante algunas reacciones que está suscitando la película Los juegos del hambre , que adapta la primera
Reconozco estar bastante perplejo ante algunas reacciones que está suscitando la película Los juegos del hambre, que adapta la primera de una trilogía de novelas juveniles de las que es autora Suzanne Collins. Vaya por delante que el concepto de sociedad distópica, en que chicos entre 13 y 18 años seleccionados por sorteo combaten entre sí a vida o muerte, a modo de entretenimiento para la chusma servido por una autoridad tiránica, resulta ciertamente perturbador. Pero en fin, las ideas extremas suelen serlo, y esta concede una gran fuerza a la trama del film.
Dicho esto, y a tenor de los comentarios que vienen vertiendo algunos colegas desde hace varias semanas, cualquiera diría que estamos antes la película más violenta de la historia, que estaría pervirtiendo a sus inocentes espectadores, que hasta la fecha habrían sido protegidos de contenidos perniciosos por unas autoridades superresponsables de un modo encantador. Esto se habría acabado al parecer por culpa de Los juegos del hambre, que habría convertido, no sé, películas como Holocausto caníbal, en algo muy parecido a una película Disney . Por lo que se ve, hasta la fecha los jóvenes y menos jóvenes no padecían ninguna agresión de imágenes ofensivas, pero ahora estarían siendo obligados a deglutir todo tipo de indecencias, a las que habría abierto la puerta la muy maligna película Los juegos del hambre.
¿Pero de qué va esta gente? No diré que Los juegos del hambre sea una película de tesis a lo Tarkovsky, pero sí es verdad que invita a pensar un poquito a sus espectadores adolescentes acerca de los excesos de una sociedad tiránica que coarta la libertad y entretiene con cualquier cosa, y de la docilidad borreguil de las masas capaces de aceptar la injusticia y la indignidad por seguir en primer lugar el propio instinto de supervivencia. Es una película que se puede relacionar con otras de planteamiento inquietante como Espartaco, Matrix, El show de Truman... O si de mirar a chavales enfrentados se trata, con El señor de las moscas, otra película perturbadora en su concepto, pues lo que parece va a ser una especie de “campamento de verano” de chavales, supervivientes a un accidente aéreo en una isla desierta, se convierte en una lucha por el poder, parafraseando a Hobbes “el chaval es un lobo para el chaval”.
Prefiero mil veces que un adolescente gaste 8 euros y 2 horas de su vida en ver Los juegos del hambre, que en la enésima entrega de American Pie o Saw. En el primera caso no habrá perdido el tiempo, en el segundo por supuesto que sí. Pero no lo ven como yo algunos inesperados guardianes de la moral.
