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Homeland: una serie muy seria, o el filón de los espías para la ficción televisiva

Hubo quien, tras la caída del muro de Berlín, se apresuró a extender el certificado de defunción a las películas y

Homeland: una serie muy seria, o el filón de los espías para la ficción televisiva

Hubo quien, tras la caída del muro de Berlín, se apresuró a extender el certificado de defunción a las películas y series de televisión que utilizan como espina dorsal las tramas de espías. Como mucho se harían en el futuro películas sobre espionaje industrial, pero la comunidad internacional viviría en maravillosa armonía, y los países y grupos no se vigilarían unos a otros, o la vigilancia que realizarían sería de muy escaso interés, al menos en lo relativo a la ficción audiovisual, y por extensión a la literaria.

Tremenda ingenuidad, increíble miopía, habrá espías mientras el mundo siga siendo mundo, y me atrevo a asegurar que las historias de este mundillo gozan en la actualidad de excelente estado de salud. Para empezar porque la curiosidad está muy arraigada en la naturaleza humana, y con la proliferación de cámaras, el acceso a información a través de internet, las redes sociales, etcétera, la gente cotillea más que nunca, véase mi anterior post sobre el voyeurismo. Además la realidad es muy tozuda, el mundo cambió de modo inexorable tras los atentados del 11-S y entre los Wikileask, el Vatileaks, y el ahora célebre caso de David Petraeus, ex director general de la CIA, está más que claro que el espionaje es un tema de rabiosísima actualidad. Y por fortuna, está inspirando de modo estupendo al cine y la televisión.

Por citar dos películas recientes en cine, aludiré a Argo –un caso antiguo sobre los rehenes americanos en Irán, que llevó a la CIA a afrontar parte de la crisis de un modo harto ingenioso– y a la por estrenar Zero Dark Thirty –que recrea los esfuerzos de los espías americanos para dar con Osama Bin Laden cara a liquidarlo en una increíble operación en Pakistán–.

alias24Pero mi post viene motivado sobre todo por el reciente visionado de Homeland, una serie de espías muy madura, que adapta al público americano e internacional una serie israelí titulada Prisoners of War. La televisión de Estados Unidos ha dado una trilogía de espionaje que a mí me parece sencillamente fabulosa, y que está conformada por Alias, 24 y Homeland. A ellas se podrían sumar The Wire (Bajo escucha) e incluso Los Soprano, donde también hay espionaje, pero que al ser historias policiales, me permito dejar al margen.

Algo que tienen en común las series de espías son los juegos de máscaras, personajes que deben mostrar distintas caras ante sus colegas, otras fuerzas de seguridad, criminales, la familia, los amigos... Están obligados a vivir varias vidas distintas, y a adoptar distintas identidades, lo que puede acabar afectando seriamente al equilibrio mental. Si encima se arrastra un previo trastorno bipolar o traumas de tortura –los casos de Carrie (Claire Danes) y Brody (Damian Lewis) en Homeland– la cosa se complica sobremanera.

Me encantó en su momento Alias con Jennifer Garner, y 24 con Kiefer Sutherland, planteaban temas de entidad con grandes dosis de entretenimiento y mucha, mucha adrenalina. Pero es cierto que en ambos casos había bastante de irrealidad, teníamos que aceptar la convención de que la o el protagonista daban saltos de un punto a otro del planeta –o de la ciudad de Los Ángeles– sin que parecieran existir las distancias y el tiempo, y eso que en 24 el reloj marcaba de modo inexorable el desarrollo de las historias.

En Homeland uno tiene la sensación de que lo que le cuentan podría ocurrir, que ciertamente está pasando: un topo en forma de héroe americano colocado por extremistas islámicos para asestar un golpe mortal en Occidente; una brillante espía con trastornos mentales que afectan a su estabilidad y credibilidad; los problemas emocionales de ambos, y de todas las personas que conforman su entorno, familia, amigos, colegas. Y esta credibilidad argumental no afecta a la emoción, todo lo contrario, el momento climático del final de la primera temporada me parece sencillamente sensacional, la tensión del atentado está perfectamente conseguida, y el modo de resolver es brillante.

¿Se puede poner alguna pega a Homeland, de lo mejorcito que he visto en los últimos tiempos en lo referente a series? Pues sí, y es que está aquejada de “hachebeoítis”, “enfermedad” a la que he dado este nombre porque la primera vez que la detecté fue en las series de HBO como Los Soprano, y que consiste en la decisión de incluir fuertes escenas de violencia y sexo como seña de identidad, ellos son un canal de pago, y no está sometidos a las restricciones de respeto al decoro y buenas costumbres que vigen para las teles en abierto en Estados Unidos. Se podría entender que aprovecharan esta falta de cortapisas, si no fuera porque a veces la inserción de tales escenas en Los Soprano, pero también en Juego de tronos, Roma, Boardwalk Empire... se hace con ocasión o sin ella, forzadamente, como impulsada por el resorte de un complejo verdaderamente estúpido, al estilo de la proliferación del destape en España durante el tardofranquismo y la transición En mi opinión las escenas de este tipo en Homelandno están justificadas, no hacen la serie mejor, más bien al contrario.

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