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Calendario estrenos cine

2020

Viernes 07 de Agosto de 2020

(2020) | 108 min.
Tras un desgraciado suceso, la antigua promesa del baloncesto Jack Cunningham, que ahora trabaja como obrero de la construcción, ha caído en desgracia. Tras separarse de su mujer, malvive solo en un apartamento y ahoga sus penas en cerveza, hasta el punto de que no puede dejar de beber ni en la ducha. En esta coyuntura, el director del instituto católico en el que estudió le pide que se convierta en entrenador del equipo de baloncesto, que no logra buenos resultados desde su marcha. Tras pensárselo muy bien decide aceptar el reto. Gavin O’Connor dirigió un modélico film de superación personal en el deporte, El milagro, de 2004, centrado en el mundo del hockey. Esta vez aborda un proyecto que a primera vista parece similar, salvo porque se desarrolla en el mundo del baloncesto, pero que sorprende porque encubre señas de identidad propias. En primer lugar, Ben Affleck realiza la que quizás sea su interpretación más sentida, pues como su personaje ha luchado para librarse del alcoholismo, por lo que logra transmitir una enorme sinceridad. Por otra parte, el guión de Brad Ingelsby parte del típico esquema de este tipo de películas, pero pone mucho el acento en las dificultades para salir del bache del protagonista, y se encamina a derroteros un poco inesperados en su tramo final. Se abordan muy bien otras cuestiones, como el dolor que provoca la enfermedad infantil, o el compromiso de los educadores que buscan convertir a sus alumnos en adultos con principios. El realizador ha filmado secuencias realistas de las competiciones, y consigue de sobra que el espectador se interese por la historia. Affleck está arropado por otros actores que sin destacar demasiado, al menos no desentonan, como Janina Gavankar, esposa del protagonista, o el joven Brandon Wilson, único de sus pupilos que tiene entidad en el libreto y un mínimo de conflicto, ya que el resto de componentes del equipo quizás estén un poco descuidados.
6/10
(2019) | 106 min.
Argelia en la ‘década oscura de los 90’, cuando los radicales islámicos inician una lucha armada contra los militares que no quieren reconocer su triunfo en las elecciones. En este contexto, la estudiante universitaria Nedjma trata de llevar una vida normal en la residencia universitaria en la que reside. Allí organiza un desfile de moda, para mostrar los vestidos que diseña, y por las noches se escapa con su amiga Wassila, para conocer chicos en la discoteca. Por desgracia, la situación empeora, por ejemplo asesinan a la hermana de Nedjma, una comprometida periodista. Primer film de ficción como realizadora y guionista de Mounia Meddour, esposa del también realizador Xavier Gens, tras dos documentales y algún corto. Se inspira en su propia experiencia personal, pero mientras que en la vida real ella se vio obligada con su familia a abandonar Argelia, por la compleja situación, en la ficción retrata a un personaje que se obstina en quedarse allí. Por otro lado, se adscribe a la oleada de largometrajes sobre mujeres del mundo islámico, al estilo de Mustang, que versaba sobre cinco hermanas turcas. De nuevo se retrata a personajes que se resisten a seguir los rígidos parámetros de su cultura, pues miran al mundo occidental. De hecho el título, Papicha, significa “mujer guapa y moderna” en el argot del árabe argelino. Defensa del idealismo juvenil, tiene a su favor sobre todo la fuerza como actriz de Lyna Khoudri (Especiales), la protagonista, que saca tajada a su personaje. Otros no están tan bien desarrollados, como los masculinos, o la compañera de habitación de ideas tradicionales de quien todo el mundo se mofa. Además, pese a su carácter semiautobiográfico, no todo lo que ocurre en pantalla resulta creíble.
5/10
(2019) | 110 min.
Amable comedia, con su punto dramático y basada en hechos reales, que nada en verdad a contracorriente, y no solo porque su distribuidora en España se llame justamente A Contracorriente. Y es que cuenta la historia de “las mujeres de”, algo para lo que, en tiempos de feminismo desaforado, hace falta valor. Cuando no debería ser para tanto, pues “mujer de” –o “marido de”, tanto da–, puede ser algo estupendo, nada hay de peyorativo en el viejo dicho de que “detrás de toda gran hombre, hay una gran mujer”, sino más bien al revés. En efecto, a un grupo de militares británicos le toca partir de misión a Afganistán. En el tiempo de ausencia, en que siempre existe el miedo en las familias de una llamada telefónica con malas noticias, Lisa es la mujer que debe ocuparse de las actividades sociales que distraigan a las esposas que se han quedado en casa. Se empeña en ayudarla Kate, que perdió un año atrás a un hijo en Afganistán. La idea de formar un coro, aceptada al principio a regañadientes, cala en las mujeres, que se ilusionan con el reto. La película parte de un hecho auténtico, el nacimiento de estos coros en las bases militares británicas, con el efecto de su repicado por todo el mundo, como se nos recuerda al final. El planteamiento tiene más de un punto en común con Full Monty, el título más popular del director, Peter Cattaneo. Se describe bien la amistad creciente entre las mujeres, con distintas edades y personalidades, haciendo hincapié en los problemas de Lisa para conectar con su hija, en parte por su afición al alcohol, el modo en que se lleva el duelo, y en el choque de caracteres de Kate y Lisa, mujeres de armas tomar, cada una a su manera. Hace muy buen uso de la música, con buena selección de canciones más la que componen para la ocasión de un concurso, y se beneficia del gran trabajo de las actrices, Kristin Scott Thomas y Sharon Horgan principalmente.
6/10
(2019) | 111 min.
Nathan Gardner se muda a una granja en Arkham (Massachussetts), con su esposa Theresa, enferma de cáncer y recientemente sometida a una masectomía, y los dos hijos del matrimonio, Lavinia y Benny. Una noche cae un brillante meteorito en el patio trasero de los Gardner. Al día siguiente, se ha apagado, pero el agua del pozo adyacente ha adquirido una extraña tonalidad. Junto al lugar donde ha ocurrido el impacto, empieza a crecer una extraña vegetación, y los insectos que pasan por allí sufren una mutación. El especialista en terror Richard Stanley tenía ante sí una prometedora carrera cuando le reclutaron para estar al frente de La isla del Dr. Moreau, donde tenía a sus órdenes al mismísimo Marlon Brando. Pero fue despedido a mitad del rodaje, y reemplazado por John Frankenheimer. Veintitres años después vuelve a tener una oportunidad en el largometraje de ficción, al frente de una adaptación del relato de H.P. Lovecraft traducido en España como “El color que vino del espacio”, donde también ha escrito el guión. El texto había dado lugar a otros filmes bastante irregulares, como Granja maldita (1987) y El monstruo del terror (1965). El arranque promete, pues Stanley se detiene a describir a sus protagonistas, logrando que el espectador se interese por los problemas de Theresa para conectarse a internet y poder llevar a cabo su trabajo como asesora financiera, la preocupación por aprender a cultivar de Nathan, la estrambótica afición de Lavinia por llevar a cabo rituales esotéricos que puedan frenar la enfermedad de su madre, y el riesgo de que Benny se junte con malas compañías. También logra despertar la nostalgia, pues se imita el estilo del cine de terror de los ochenta, con evidentes homenajes a títulos como La cosa (1982) o El terror no tiene forma (1988). Sin embargo la narración se estanca. Enseguida se hace evidente que faltan ideas para estirar el cuento original, por lo que se opta por seguir caminos trillados. A veces se desperdician elementos, por ejemplo se apunta una crítica a la ambición desmesurada de los políticos al estilo de Tiburón, con una alcaldesa que no quiere tomar medidas ante lo que ocurre por miedo a que se suspenda la construcción en el lugar de una presa, pero luego este camino no lleva a ninguna parte. Joely Richardson, recordada por títulos como El patriota, realiza un impecable trabajo, pese a que sobre el papel no se ha desarrollado bien a su personaje. No se puede decir lo mismo del histriónico en los últimos años Nicolas Cage, que empieza pareciendo enajenado y luego se desmadra todavía más conforme su granjero se hace testigo del horror.
4/10

Viernes 14 de Agosto de 2020

(2018) | 99 min.
Howie ignora que su madre, Finnegan, fue la mejor de los nigromantes, una estirpe de cazadores de demonios. El chico fue dado en adopción y ya crecido trabaja en una empresa de eliminación de aguas residuales, junto a su inseparable ayudante, Rangi, que se ha descargado una aplicación para jugar atrapando a criaturas infernales. El dúo ignora que ésta ha sido desarrollada por la mismísima Finnegan, con el objetivo de capturar almas de seres humanos adictos a los smartphones y a internet. Tres nigromantes se fijarán en el potencial de Howie para hacer frente a sus enemigos, y tratarán de reclutarle para su causa. Segundo largometraje de los hermanos Kiah y Tristan Roache-Turner, tras Wyrmwood: la carretera de los muertos. Al igual que en aquel refrito de Mad Max, el guerrero de la carretera, ambos escriben el guión y Kiah dirige. En esta ocasión se basan en DaemonRunner, corto que la misma pareja australiana rodó en 2017. Como en todos sus trabajos anteriores, se mueven dentro del terreno de la serie B, pero esta vez parecen haber contado con más presupuesto, para efectos visuales que sin ser innovadores dan la talla, y para reclutar a la renombrada Monica Bellucci. Su arranque surrealista desata la carcajada, Bellucci parece haberlo pasado a lo grande interpretando a una villana de cómic, y está acompañada por actores mayoritariamente desconocidos, pero con gracia natural. Por otro lado, está dirigida con cierto talento, y a diferencia de otras propuestas similares, no se excede en violencia. Sin embargo, los Roache-Turner fracasan como guionistas, por lo que enseguida el film se estanca y evidencia la falta de ideas, acaba siendo una sucesión de peleas poco innovadoras. Además, se abusa de un humor muy simplón, casi siempre gamberro, que parece dirigido a un público adolescente con poco criterio.
5/10
(2019) | 94 min.
Tras romper con su novia, el inmaduro aspirante a músico Dave se ve obligado a instalarse con su hermana, y con Felix, el hijo pequeño de ésta. Atraído por Miss Caroline, atractiva maestra del jardín de infancia del chaval, se ofrece como voluntario para acompañarla durante una excursión a una granja escuela. Pero al lado, se escapan de una instalación experimental del ejército de Estados Unidos, unos zombies que rodearán la zona en donde están los chavales. Segundo largometraje del australiano Abe Forsythe tras la desconocida Down Under, que parte de un guión que por momentos quiere ser una versión con muertos vivientes de la muy superior La vida es bella, con una profesional de la educación que además de salvaguardar la vida de sus alumnos, también quiere preservar su inocencia. Lupita Nyong’o, que encarna a la maestra, sube el nivel, con una interpretación muy por encima del resto del reparto. Así que resulta un error que el film no se cuente desde su punto de vista, en lugar de darle tanto protagonismo al inferior Alexander England (secundario en Alien: Covenant). Mezcla del cine de terror y comedia gamberra, no llega a resultar tan divertida como Zombies Party, Bienvenidos a Zombieland y su secuela, a las que también aspira a parecerse, y sus abusos del gore acaban agotando. Además, todas las peripecias para escapar de los monstruos acaban siendo un tanto caóticas. Pero habla de la necesidad de evolucionar en la vida, y tiene momentos hilarantes, sobre todo los relativos al niño principal (el debutante Diesel La Torraca) cuando se disfraza de Darth Vader.
5/10
(2020) | 99 min.
La británica nacionalizada estadounidense Frances Hodgson Burnett publicó en 1910 “El jardín secreto”, folletín que ha dado lugar a adaptaciones televisivas, obras teatrales y varias versiones cinematográficas, entre las que se recuerda la dirigida en 1993 por Agnieszka Holland. En este caso, la trama se ha trasladado a 1947, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, y en vísperas de la partición de la India, donde ha vivido toda su vida la niña de diez años Mary Lennox, de padres británicos. Tras la muerte de éstos por el cólera, deberá trasladarse a vivir con su viudo y estricto tío, Archivald Craven, en su inmensa mansión, Misselthwaite Manor, emplazada en Yorkshire, donde cuenta con la asistencia de Mrs. Medlock, su ama de llaves. Con su primo enfermo, Colin, y Dickon, hijo de una criada, que se hace amigo suyo, descubrirá un jardín secreto amurallado, con propiedades mágicas y curativas, que se va a convertir en el refugio de los tres chavales. Marc Murden, forjado en series televisivas como Utopía, firma una adaptación un tanto convencional, donde parece que le importaba sobre todo el aspecto visual, por lo que el punto fuerte del film acaba siendo la fotografía de Lol Crawley (The OA), que se luce con las bellas imágenes del jardín. Quizás cabe reprochar que se hayan retocado con efectos visuales, pues incluye por ejemplo algún ave que no acaba de resultar convincente. Por otro lado, en el desarrollo de la trama falta algo de emoción, que sí lograba por ejemplo Holland, y pesan los numerosos flash-backs utilizados para mostrar la relación entre Mary y su fallecida madre, que al final ralentizan en exceso el relato, no parecen aportar demasiado, y generan algo de tedio. Pese a todo, se mantienen los temas presentes en el original, como la superación del dolor que provoca la pérdida de un ser querido, pero también la superación del egoísmo, y la importancia de amar la naturaleza. El elenco realiza un impecable trabajo, sobre todo los tres jóvenes protagonistas, Dixie Egerickx (Mary), que aparecía en la miniserie Patrick Melrose, Edan Hayhurst (Colin), que fue un pequeño Albert Einstein en Genius, y Amir Wilson (Dickon), visto en El niño que pudo ser rey. Como cabía predecir, los magistrales Colin Firth (el tío Archivald) y Julie Walters (Mrs. Mewdlock) no decepcionan, pero tampoco tienen demasiado tiempo en pantalla para brillar.
5/10
(2019) | 89 min.
Al final del verano, los cuatro hermanos Armanville, Jean-Pierre, Juliette, Matthieu y Margau, de clase alta, viajan a la mansión familiar por el 70 cumpleaños de su madre. Jean-Pierre, el mayor, ha tratado de suplir el papel del progenitor, fallecido años atrás, Juliette intenta publicar una novela mientras espera su primer hijo, pese a tener cuarenta años, Margaux se ha convertido en un artista radical, y Mathieu se ha enamorado de una chica a la que trata de seducir.  Tercer largometraje como realizador y coguionista del francés Arnaud Viard, habitual actor secundario de títulos como Gracias a Dios, que en esta ocasión también se ha reservado un rol menor. Adapta con libertad el libro homónimo de su compatriota Anna Gavalda, que en realidad constaba de doce cuentos con personajes no interrelacionados. Aquí se han tomado algunas de las situaciones, y se ha pretendido dar unidad al conjunto haciendo que las vivan los miembros de la misma familia, si bien se nota la artificiosidad de la jugada, falta algo de unidad interna. Le queda un film muy nostálgico, con un buen arranque, en el que predomina el humor, que incluye alguna que otra secuencia de altura, como aquella en la que Juliette se encuentra con un editor para su novela. Se habla de la capacidad de seguir soñando, pese a que pasan los años, pues no cabe rendirse ante la infelicidad. Pero tras un giro que se produce hacia la mitad, el segundo tramo, marcado por el dramatismo, no acaba de resultar convincente.  No ayuda que tenga un reparto irregular. Pese a que se echa de menos que su personaje tenga más presencia, la veterana Aurore Clément (Paris Texas, Apocalypse Now) borda a la matriarca del clan, y tampoco se puede reprochar nada a Jean-Paul Rouve (La vida en rosa), ideal para encarnar al hermano mayor. Se salva más o menos Alice Taglioni (Juliette), pero no los otros dos protagonistas, Camille Rowe (Margaux), y Benjamin Lavernhe (el joven Mathieu), que no logran remontar personajes un tanto arquetípicos.
5/10
(2019) | 103 min.

Haití, 1962. Un hombre regresa de entre los muertos para ser enviado a las infernales plantaciones de caña de azúcar. En París, 55 años después, en el prestigioso internado de la Legión de Honor, una adolescente haitiana revela un antiguo y oscuro secreto familiar a sus nuevas amigas, sin imaginar que esta extraña historia provocará que una de ellas cometa una atrocidad.

Viernes 21 de Agosto de 2020

(2019) | 108 min.
Lloyd Vogel, casado y con un bebé, es un periodista prestigioso pero tremendamente amargado. Cree que Jerry, su padre, se portó muy mal con él en el pasado, y no sólo es incapaz de perdonarle, sino que parece que el resto del mundo debe pagar también esos “platos rotos”. Cuando la editora de la revista Esquire le encarga escribir un perfil para una serie de “Héroes contemporáneos” se revuelve, porque le asignan escribir sobre Fred Rogers. Se trata del popular presentador del programa infantil de la televisión pública “El Vecindario de Mister Rogers”, donde al estilo de “Barrio Sésamo” o “Los Lunnis” se explican a los niños conceptos como el amor, la muerte, la guerra o la ayuda al prójimo. La pareja de guionistas compuesta por Noah Harpster y Micah Fitzerman-Blue, también autores del libreto de Maléfica: Maestra del mal, se han inspirado en un artículo del periodista Tom Junod para ofrecer una mágica y optimista fábula a lo Frank Capra. Y la lleva a la pantalla Marielle Heller, quien vuelve a interesarse por el tema del perdón tras dirigir la también interesante ¿Podrás perdonarme algún día? Y consiguen una película inspiradora, muy humana y nada empalagosa, acerca de la condición humana falible, nadie es perfecto, y de lo fácilmente que nos enredamos ante las dificultades, en vez de superarlas por elevación. Algo a lo que ayuda, de modo extraordinario, algo corriente pero muy valioso, la amistad verdadera. La narración pivota sobre Lloyd y el viaje transformador que le toca realizar, donde la piedra de toque es el auténtico personaje de Fred Rogers, alguien que le desconcierta absolutamente. Porque aparece tan buena persona, brindándole además su amistad, que, piensa cínicamente, no puede ser real, en la televisión debe estar interpretando, y no mostrando de verdad quien es. Algo a lo que Rogers, como buen amigo que se esfuerza en ser, acaba dándole la vuelta, es precisamente Lloyd el que se ha construido una armadura para ocultar a los demás su fragilidad, la relación tóxica con su padre, que contamina todo lo que toca. La relación de Lloyd y Fred está muy bien perfilada, con buenas interpretaciones de Matthew Rhys, que logra humanizar a su personaje para no hacerse totalmente antipático, y de Tom Hanks, que es perfecto para dar vida a una buena persona, que con humildad admite que hace cosas mal, que también se harta y necesita desahogarse, que es de carne y hueso en suma; lo que no impide que se esfuerce en ser mejor cada día, y que se apoye en Dios y en su familia para conseguirlo. En la medida en que comparten cosas, ambos se van haciendo más amigos. La estructura del relato está conseguida, con los encuentros de Lloyd con Fred, y la interactuación entre ellos y los programas que rueda en el plató, donde hay mucho subtexto, como en el caso de la tienda de campaña que Fred no lograr armar solo, una enseñanza muy gráfica de que todos necesitamos ayuda. Resulta inteligente el uso de distintos formatos visuales –el grano y tamaño cuadrado de pantalla para lo que es programa televisivo–, las miniaturas del programa que invitan a ver las cosas con perspectiva, y alguna escena onírica en que Lloyd viene a ser un niño que necesita aprender las lecciones que imparte Rogers. Mientras que las relaciones familiares de Lloyd –con su esposa Andrea y el bebé, y con su padre Jerry– están bien engarzadas en el conjunto, configurando lo que está estropeado y habría que recomponer, y lo que es perfecto pero corre el riesgo de terminar yéndose al garete. Aquí Susan Kelechi Watson y Chris Cooper entregan dos valiosos personajes secundarios, fundamentales en la evolución de Lloyd.
8/10
(2020) | 101 min.
Gary Zimmer, asesor de las campañas electorales de los demócratas, acaba de sufrir el mayor chasco de su vida con la victoria en las presidenciales de Donald Trump, en detrimento de la candidata favorita Hillary Clinton. Es consciente de que su partido no ha logrado conectar con la gente de la América profunda, que prefiere a los republicanos. Por ello cree detectar al hombre que necesita para abrir camino a los demócratas en el mundo rural, un coronel retirado en un pueblecito de Wisconsin, Jack Hastings, viudo y con una hija adulta. En efecto, un vídeo en una asamblea municipal muestra a este hombre defendiendo a los inmigrantes y derechos laborales con los que se asocia a los demócratas, pero al mismo tiempo tiene un perfil conservador que podría convencer a republicanos tradicionales. De modo que Gary marcha al pueblecito, con intención de persuadir a Jack para que se presente a alcalde, primer trampolín para un potencial carrera a nivel nacional. Enterada de sus planes Faith Brewster, némesis de Gary en el partido republicano, decide apoyar con su maquinaria electoral al actual alcalde. Segunda película como director del popular cómico estadounidense Jon Stewart, quien también firma el guion. Se trata de una correcta comedia sobre el mundo de la política y las fanfarria de las campañas electorales, que sirve para poner en solfa la demasiado frecuente desconexión de los profesionales del ramo con las necesidades reales de la gente corriente. Además logra sorprender en el desenlace, un giro que no se ve venir, y que tiene cierta lógica. Aunque Stewart se confiesa demócrata, tiene la inteligencia de criticar a los dos partidos tradicionales de Estados Unidos, que muchas veces no piensan en los ciudadanos, sino simplemente en ganar y ocupar poltronas. Aquí lo hace además mostrando al clásico urbanita liberal, papel que borda Steve Carell, que se deja llevar por estereotipos como el beber la cerveza que supone que gustará en el lugar, sin molestarse en, simplemente, comportarse con naturalidad. La rivalidad con la otra jefa de campaña, Rose Byrne, o la interacción con la hija del coronel, Mackenzie Davis, podían haber dado más juego, pero sirven lo suficiente para denunciar el cinismo que suele dominar la escena política. Lo hace muy bien Chris Cooper como el hombre del pueblo, que sería auténtico y fiel a sus valores, y que ya fue candidato electoral en otra película, Silver City, de John Sayles.
6/10
(2019) | 120 min.
Una comedia dramática en torno a un tema nada alegre, el del cáncer juvenil. Hay muchas maneras de enfrentarse en una familia a una situación de este tipo, pero la directora Shannon Murphy parece elegir el de dar un salto adelante a la hora de acometer una historia con tal premisa: el caos que se apodera de la vida en el hogar de los protagonistas, unos padres un tanto tronados que no saben cómo afrontar los últimos días con su única hija. Hay ternura en los ojos de la directora Shannon Murphy, habitual realizadora de series televisivas, y aunque el guión de Rita Kalnejais introduzca elementos tan extraños como la inclusión del drogadicto Moses en el hogar familiar y otras decisiones de Milla, en general se toleran bien tales caprichos por parte del espectador, y es que no se apartan de cierta verosimilitud respecto al estado de estupor y pesadilla en que se encuentran los personajes, sobre todo los dos padres, que aman profundamente a su hija y que parecen haber perdido el norte. Puede resultar chocante, eso sí, la ausencia de cualquier referencia trascendente y la superficialidad angustiante que domina toda la película, aunque no hay aquí para nada una visión fatalista de la vida, más bien se invita a vivir la existencia despreocupadamente. Lo cual no significa que el dolor desaparezca. El glorioso caos de la vida está interpretado por un reparto enteramente australiano, pero que resulta conocido en occidente. Eliza Scanlen, vista en Mujercitas y Heridas abiertas, expone magníficamente su aire de ingenuidad rebelde, con sus prontos de humor y de desesperación, que incluye también momentos entrañables, como el abrazo a la madre o la escena de interpretación al violín. Por su parte, los padres están encarnados por un desconcertado Ben Mendelsohn (Ready Player One) y una estupendísima Essie Davis (Los misteriosos asesinatos de Miss Fisher).
5/10
(2020) | 97 min.
Rosa es una cuarentona que trabaja como sastre en el mundo del teatro, y a la que su padre viudo le anuncia que se va a vivir con ella. Y es que sus dos hermanos le endilgan siempre su atención, y al hombre se le ha ocurrido que lo mejor es que estén juntos. Por otra parte su hija se presenta en casa recién llegada de Londres y con un bebé, su marido está muy centrado en la música. Harta de la presión laboral y familiar, rompe con todo y se va a Benicassim con el singular proyecto de casarse... ¡consigo misma! Se supone que será una forma de elevar su autoestima, que estaría casi por los suelos. Se supone que acudirá la familia más cercana, aunque ninguno conoce el plan de Rosa, y además, en su deseo de dar realce al enlace, invitan a muchas personas del pueblo. Inesperada incursión de Icíar Bollaín en el terreno de la comedia, aunque agridulce y no exenta de crítica social. La directora interrumpe la habitual colaboración con Paul Laverty en el guion, y vuelve a asociarse con Alicia Luna, con la que escribió el drama sobre la violencia doméstica Te doy mis ojos. Estamos ante una película muy hija de su tiempo. Bollaín explota bien el punto de partida, con momentos divertidos, mientras habla muestra las paradojas de una sociedad individualista y narcisista, alienada y en busca de la autorrealización personal, que al mismo tiempo reclama que los demás escuchen y se preocupen de los demás. Los actores están muy bien, sobre todo los tres hermanos, Candela Peña, Nathalie Poza y Sergi López.
6/10
(2019) | 87 min.
Trasto es un perro que vive a cuerpo de rey con su dueña, una multimillonaria anciana algo excéntrica, que tiene una gran mansión. Pero llega la muerte, y los herederos son sus avariciosos sobrinos, que solo quieren disfrutar de las riquezas de su rica pariente difunta. Y aunque en efecto el testamento les señala, deben cumplir la condición de demostrar que son capaces de cuidar de Trasto. Lo que no parece ser el caso, pues le echaron a la calle cuando aún no conocían esta cláusula del testamento. Contratarán a un rastreador de perros para dar con su paradero, y entretanto Trasto aprende lo que es ser un perro callejero, hace amigos, se enfrenta a enemigos, unas ardillas, y conoce a la dulce Zoe, aspirante a cantante 'millennial', que podría convertirse en su nueva dueña. Simpática pero irregular película de animación dirigida por Kevin Johnson, quien tras ser director de animación en Alvin y las ardillas 3, debutó en el largo con una versión de El libro de la selva de 2014, más bien desconocida. Aquí no acaba de vertebrar bien la historia, con demasiados hilos sueltos, que recupera cuando lo estima oportuno, nos movemos así  entre perros callejeros, herederos y rastreador, y cantante repartidora de pizzas, sin demasiado orden y concierto, igual tenemos alguna persecución callejera, que se nos planta una canción. También se habría agradecido una mejor definición de los personajes, con su correspondiente evolución.
4/10

Miércoles 26 de Agosto de 2020

(2020) | 98 min.
Dani, una joven india cheyenne, se despierta en una extraña institución hospitalaria, atada a la cama. Pronto se dará cuenta de que se encuentra en un centro para jóvenes mutantes, al cargo de una doctora que trabaja con ellos para que puedan descubrir y dominar sus correspondientes poderes. Dani hará migas con Rahne, chocará de lleno con la arisca Illyana y se mantendrá más o menos al margen de los dos chicos, Sam y Berto. Sin embargo, el régimen semi carcelario y el ambiente sombrío y solitario de los edificios parecen sugerir que aquello es algo muy distinto de una escuela o de un hospital. Cuando uno termina de ver esta película adquiere la firme convicción de que los mutantes están al borde de la extinción, y no precisamente por la trama concreta del film, más bien se trata de que el frasco de las ideas parece agotado por completo, hasta el punto de que aquí el mundo de los X-Men está ausente y tan sólo se ofrece una tenue conexión con ese universo. En una atmósfera de thriller y casi de terror iremos conociendo a los cinco pacientes del lugar y es fácil prever cómo se desplegará el guión: cada uno deberá enfrentarse a sus propios poderes y exorcizar un pasado terrible a través de sus miedos. Esas secuencias vertebran toda una trama fragmentada, de escasísima entidad, que por lo demás ofrece muy pocos datos sobre sus protagonistas, por lo que la empatía del espectador con los jovenzuelos es también bastante inexistente. Tanta como entre los mismos personajes, si exceptuamos la relación lésbica que la protagonista establece con una de sus compañeras. Lo más destacado de Los nuevos mutantes es que el guión coescrito por el director Josh Boone aporta la enseñanza de fondo de que el miedo es el enemigo a temer. El enemigo real no está fuera sino dentro y no debemos alimentar los propios miedos si no queremos que poco a poco acaben por dominarnos. El mensaje es potente, pero otra cosa es cómo sean estos miedos (lo del obispo opresor es tan chusco que casi resulta humorístico) y cómo se muestren. Porque el aparatoso despliegue final con que se explicita esa idea carece de fuerza dramática por mucha lucha monstruosa y efecto especial que se precie y su puesta en escena fantasiosa e irreal lo aleja completamente del modo de proceder en la franquicia de Marvel. Por lo demás, la protagonista Blu Hunt hace un convincente trabajo, correctamente acompañada de una galería de jóvenes actores entre los que destacan Maisie Williams (Juego de tronos), Anya Taylor-Joy (Múltiple) y Charlie Heaton (Stranger Things), mientras que la adulta Alice Braga colabora tristemente con un papel de mera comparsa.
3/10
(2020) | 150 min.
Nuevo laberinto serpenteante escrito y dirigido por Christopher Nolan, producido por su esposa Emma. Sin el concurso de su hermano Jonathan en el guion. Visualmente deslumbrante, con la buena mano de Hoyte Van Hoytema. Apabullante en su adrenalítico ritmo, que no deja un minuto de respiro. Y mareante, la música de Ludwig Göransson cumple con su cometido, pero no tiene la belleza de la de Hans Zimmer. Intentas entender la trama. Te esfuerzas en comprender la propuesta nolaniana. Y no puedes. Quizá lo consigas en un segundo, tercer, cuarto visionado. Tal vez esta sea la forma de salvar el verano del Covid-19 en los cines. Entregar una película hipnótica y que el espectador se sienta desafiado a entenderla, de modo que vuelva a la sala una segunda, tercera, cuarta vez. Como si tuviera entre las manos un cubo de Rubik, y no se sintiera tranquilo hasta que logre resolverlo con sus manos. Incluso puede que a pesar de todo no entienda nada, pero hará mecánicamente los 40, 50 movimientos necesarios para dar con la solución. No es fácil hablar de Tenet. Título que es un palíndromo, se lee igual del derecho que del revés, y que está integrado en uno mayor, 'Sator arepo tenet opera rotas', frase latina que significa 'El sembrador Arepo mantiene las ruedas con destreza', y en efecto, uno de los juegos de la película, además de aplicar su concepto, es jugar con las palabras de esa frase, por ejemplo el personaje de Kenneth Branagh se llama Sator, o sea, es el sembrador. Pero en fin, es de suponer que esto no es importante, o sí, o quizá lo que es importante en la película es poco, y la mayor parte de lo que vemos carece de importancia. O sea, es un espectáculo circense asombroso, que se disfruta en pantalla grande, donde debería verse el cine, nos dice Nolan. El emperador quizá esté desnudo, y cueste reconocerlo, aunque cabe la otra posición, exclamar simplemente, qué cuerpazo, madre mía. Puede que el Goya de la película sea una falsificación, pero... ¡vaya falsificación! Estamos en una trama de espionaje internacional y de asaltos terroristas. El personaje protagonista sin nombre al que da vida John David Washington es un agente que se enfrenta a los villanos de turno, y que es introducido en arcanos secretos ligados a la resolución de un algoritmo que permite realizar inversiones basadas en la entropía, retroceder a partir de un punto en el tiempo. Lo que da pie a pinzas temporales, en que se acercan los que avanzan temporalmente y los que marchan hacia atrás. Tal hallazgo científico es un peligro, y más en las manos de Sator, traficante de armas ruso y terrorista millonario, que enfermo de cáncer piensa que el mundo sin él no merece existir, y quiere destruirlo. Por otro lado, quizá al final lo que cuentan son el amor que conlleva sacrificio y las personas concretas. Lo que permite entender la fijación del protagonista por evitar la muerte de Kat, la esposa de Sator, y madre de un hijo al que cuida con esmero. Quien salva un alma, salva al mundo entero. En cualquier caso, lo dicho. Obtusa argumentalmente, aunque se nos trate de ofrecer alguna explicación “científica”, probablemente en la mente de Nolan todas las piezas encajan, en las del espectador medio dan lugar a una nebulosa que pide algo así como 'relájate y disfruta de la función'. Y en efecto, las escenas de acción son asombrosas, con las paradojas de rigor y el movimiento de personajes y vehículos hacia adelante y hacia atrás. De todos modos, el conjunto es cerebral y no se logra la conexión emocional con los personajes. Aunque sí acierta Nolan en un reparto de poderosa presencia, lo que sirve para esconder las vergüenzas de los escasos trazos de casa uno, están estupendos, además de Washington, Branagh, Robert Pattinson y Elizabeth Debicki, e incluso aunque lo suyo sea casi puro cameo, Michael Caine, Martin Donovan, Aaron Taylor-Johnson, Dimple Kapadia...
6/10
(2020) | 95 min.
El Spak, un equipo de fútbol de aficionados con historia, es sancionado al completo tras una agresión al árbitro en un partido. Sin tiempo para reclutar nuevos jugadores, Marco, el entrenador y ex futbolista del equipo, acepta lo que parece una peregrina idea de su hija: formar un equipo con ella y las esposas de los jugadores, más algún que otro fichaje, como el de una ex reclusa en libertad profesional que es bastante jugona. Bastaría que lograran un punto en los tres partidos que restan del campeonato para salvar al equipo, pero tal meta no es tan sencilla. Película que responde a la perfección al formato de “comedia amable francesa”, que se ve con media sonrisa y gusto. La dirige y coescribe Mohamed Hamidi, responsable de títulos en la misma línea, como La vaca y Bienvenidos al barrio, y que adolecen del mismo problema que el que nos ocupa: aunque bienintencionados, les falta un poco de chispa, un saber ir “in crescendo”, en este caso contagiando al espectador del deseo del triunfo, y del sufrimiento por los obstáculos que se encuentran en el camino. Aquí el desarrollo y las bromas son bastante previsibles, con las clásicas escenas deportivas de resultado incierto, no hay demasiado espacio para las sorpresas. Pero lo dicho, se ve con agrado, y el reparto, tanto femenino como masculino funciona, con la idea de que los personajes de ambos “bandos” pueden demostrar aptitudes para el fútbol, o acabar exhibiendo cierta sensibilidad a las necesidades de la otra parte; aunque, decididamente a la hora de cuidar a los niños, ellos resultan ser bastante desastrosos. Puestos a destacar a un actor, me quedo con Alban Ivanov, el personaje de patán con buen corazón se le da de maravilla, como ya demostró en C'est la vie!.
5/10
(2019) | 80 min.

La historia de tres amores que se entrecruzan: el de Puri, dispuesta a todo por ajustar cuentas con su pasado; el de Milagri, que guarda más secretos de los que su naturaleza le permite, y el de Sara, cuya inminente boda convoca a un variopinto grupo de mujeres para festejar su compromiso en un día que promete, en principio, ser feliz para todas ellas…

Viernes 28 de Agosto de 2020

(2019) | 105 min.

En la ciudad anárquica de Seaside, cerca del mar, los titiriteros Judy y Punch están tratando de resucitar su espectáculo de marionetas. El espectáculo es un éxito debido a la superioridad de los títeres de Judy, pero la ambición y la adicción de Punch por el whisky les llevará a una tragedia inevitable que Judy deberá vengar.

(2019) | 135 min.
Desconcertante película argelina, ambientada en 1994. Tras un atentado terrorista, seguimos a dos hombres que conducen por el desierto, S. y Lofti, uno de la policía antiterrorista, otro de la policía local, ambos amigos de la infancia, proceden del mismo pueblo. Tratan de localizar al buscado criminal Abou Leila. Su viaje será no sólo físico, sino emocional. Amin Sidi-Boumédiène, director y guionista, entrega una película que puede irritar al espectador, por su confusionismo consciente, para introducirnos en la mente de los protagonistas, y en el horror en que puede desembocar el ser humano, el hombre en este caso es un guepardo para el hombre, podríamos decir parafraseando a Hobbes, y a tenor de unos extraños crímenes que ocurren en el desierto, con víctimas infantiles despedazados por un cruel asesino... o tal vez un animal devorador. La película nos habla de cordura y locura, porque quien no está en sus cabales puede sugerir detenerse a ayudar a un automóvil accidentado, mientras que el otro, el sensato, pensaba pasar de largo. Estamos ante un film irregular, pero del que no puedo dejar de subrayar su fabulosa puesta en escena, con elegantísimos planos sostenidos por virtuosos movimientos de cámara, que aprovechan muy bien el ancho de pantalla y la belleza del desierto.
5/10