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El "prisionero" que ganó el Premio Donostia

Hugh Jackman ha visitado ya un puñado de veces España, pero esta vez la cita con Lobezno es en San Sebastián, donde sin garras que valgan presenta el extraordinario thriller dramático “Prisioneros” a la vez que recibe el Premio Donostia en el contexto del Festival de Cine.

El "prisionero" que ganó el Premio Donostia

¿Qué supone el Premio Donostia a toda su carrera?

Bueno, significa mucho. Estoy muy emocionado. En primer lugar debo decir que mi esposa Deborra-Lee Furness ganó aquí la Concha de Plata en los años 90 [se refiere a 1991, cuando fue premiada con sus compañeras de reparto Noni Hazlehurst, Helen Jones y Fiona Press por Waiting]. Gracias a ella sabía que grandes actores han ganado este premio. Estoy muy orgulloso de que se me considere digno de estar en la misma categoría que ellos. Es algo peligroso mirar atrás a la carrera de uno, aunque puede servir para reinventarse y buscar desafíos. Estoy contento de tener una película para presentar, Prisioneros, y de recibir este premio. Lo pondré ante de mis hijos cada mañana durante el desayuno para que sepan que merezco respeto.

Precisamente su personaje en Prisioneros es un padre que sufre, en el que me imagino que habrá incorporado algo de su propia experiencia con sus hijos...

Estoy de acuerdo, procuro actuar como padre, igual que también, pienso en el caso de mi mujer, harían las madres, que son más fuertes. Hay situaciones en que cuando vamos al médico, él dice una cosa, pero mi esposa dice “no, no, no estoy de acuerdo”, y al final tiene razón. Es una bendición y una maldición, porque tienes una conexión con tu hijo. Te emocionas desde que nacen, pero también sufres.

Esta película tiene una cosa muy importante, y no importa que seas hombre o mujer. Para algunas personas es demasiado grande, demasiado fuerte, una situación como la que ocurre [la desaparición de su hija] y el personaje de mi esposa reacciona encerrándose en una prisión, nos hacemos prisioneros de nuestro propios temores. Ella es incapaz de llegar esa carga, no puede soportar esa emoción. Sin embargo, mi personaje es alguien que quiere controlar, se prepara para el fin del mundo, se apoya en la religión, ha sido alcohólico... Y todo está ahí para animarles a superar sus demonios. Y cuando ocurre lo que ocurre, vuelven esos demonios.

Esta mañana se ha dado un paseo en bicicleta, parece alguien muy cercano a la gente. ¿Tiene clara cuál es la diferencia entre una estrella y un divo?

Me has visto [risas]

No, se publicaba en internet.

Fue a nadar también, y había otras personas en el agua, pero no me reconocieron.

Sobre la pregunta, para mí se trata de vivir la vida. Puedes tener un coche estupendo y marcharte de un país sin haber llegado a conocer nada. Paseando en bicicleta puedo decir que conozco este lugar, que lo he visto, antes de marcharme. Me he tirado al mar. Esta tarde tengo el Premio. Quiero recordar, leer libros sobre el tema, escoger personalmente el restaurante, pasar por la universidad, ver los montes. Esto lo puedes hacer y estás vivo. ¡Quiero la mejor bicicleta y que se aparte todo el mundo cuando nado! [risas] ¡No, no, no eso lo que quiero!

Su personaje de Prisioneros ofrece coincidencias con el Valjean de Los miserables, el musical, ambos viven un descenso a los infiernos, aunque en el segundo caso sigue un camino de redención. ¿Ha visualizado si su personaje puede seguir ese camino, en esa situación en que le escuchamos con el silbato?

No creo que haya una segunda parte. [risas] No quiero desvelar nada lógicamente sobre el final de la película, y de hecho rodamos un final alternativo que se descartó. Pero está bien vista la conexión Valjean, que en un momento dado se pregunta “¿Quién soy yo? ¿Qué he hecho? Me he convertido en un ladrón esa noche”. Aunque haya ido a la cárcel injustamente, el instinto le hace cambiar en ese momento, y son situaciones muy similares. Está muy bien hecha esa comparación. Aquí quizá hay muy poca redención, y lo triste de casos así es que las personas cambian para siempre y pocas veces para mejor.

¿Qué debería pasar para que se canse de Lobezno?

Hubo un período en que pensé que se había acabado. Pero pensé que había un desafío con el personaje, y que no se había conseguido ni la mitad de lo que se podía en su primera película, y que debíamos hacerle justicia. Cuando me reuní con Brian Synger me pareció que la cosa tenía sentido. La última película me pareció bien, pero pienso que para volver otra vez con Lobezno debería tener una buena razón, no voy a volver a él sólo por el hecho de hacerlo.

Estoy disfrutando más que nunca, y las razones que me han llevado a revisitar al personajes las dos últimas veces me han parecido más potentes. Curiosamente, ahora me están ofreciendo cosas cada vez más interesantes, más distintas, lo que no quita para que me encante Lobezno, y le esté tremendamente agradecido por lo mucho que ha ayudado a mi carrera.

Ha trabajado con Denis Villeneuve, que es número uno en taquilla con Prisioneros, pero que también ha hecho cine más autoral. ¿Qué tiene de especial este director en alza?

Estoy encantado de haber podido estar en la primera película en habla inglesa de Denis. El guión me llegó un año antes, vi un híbrido de drama y thriller muy ambicioso, es conmovedor y emocionante. Denis es muy listo, muy sensible, entiende el lenguaje del cine. Y quiere hacer películas que marquen la diferencia. Cuando dijo que él hacía la película, yo acepté también, porque sé que tiene una visión y va a hacer muchas películas. Quiere mejorar, lo que es típico de grandes directores.

Sobre su personaje enseguida se nos ilustra acerca de que es algo paranoico, conservador, le gustan las armas. La película además incluye bastante violencia, y no de cómic, sino bastante realista, sobre todo en las escenas con Paul Dano.

Yo soy muy distinto al personaje. No soy cazador, no soy fanático religioso, no soy ex alcohólico. La película funciona a otro nivel que yo no vi en el guión, que es la lucha entre el individuo y la institución. Mi personaje encarna precisamente ese individualismo, que es típicamente americano, que está presente todos los días. Obviamente Jake [Gyllenhaal] personifica la institución. Y la realidad es que se necesitan el uno al otro. El trabajo como actor es entender al personaje, no juzgarlo. Si juzgo, no puedo interpretar.

En el primer guión había más elemento religioso, siempre leía y escuchaba la Biblia en el coche con su hijo, la recitaba todo el tiempo. Le dije a Denis “Entiendo porque está”, pero me da la sensación de que si lo hacemos así, parte del público lo descartará diciendo “Claro, actúa así porque es un fanático religioso” y es lo que usarán. Eso quita valor, quita poder. Resulta interesante que se vea el papel que juega la religión. Y de hecho tampoco estaba en el guión que en un momento dado saliera rezando, y fue Denis el que dijo que lo hiciera. Porque es importante que se vea que hace con su fe dadas las circunstancias, cuando es llevado al límite. Y por qué la gente depende de la fe. Se trata de un caso en que yo pedí que se cambiara el guión.

Pero mi trabajo es entender al personaje, y tengo compasión por él. La vida ha sido muy dura para él, y no en cambio para mí. El alcoholismo, el padre que se había suicidado, que almacene cosas para una posible guerra. Es un hombre que trataba de ser el mejor padre de familia, el mejor hombre de negocios, y eso en un par de días se va a tomar por saco.

El premio se suele dar a toda una carrera, y otros años iba a parar a gente mayor. ¿Por dónde querría ir ahora, le gustaría hacer más teatro?

No, no quiero jubilarme [risas]. Espero hacer teatro. Cada vez deberías darte cuenta de lo importante que es poder trabajar, es un privilegio actuar. Espero no olvidarlo. Sin consigo lo que quiero haré teatro, es un músculo que hay que desarrollar, cantar, bailar. Tengo un monólogo que puede parecer algo narcisista, pero que me gustaría seguir haciendo.

¿Siente que hace lo que quiere o el entorno de agentes, publicistas le quita libertad?

No [en ese momento asoma un publicista y estallan las risas cuando hace como que necesita un consejo para responder]. No, no, no. Por supuesto me asesoran dos personas desde Inglaterra y Estados Unidos, me dan sus consejos con una visión a largo plazo. No me evitan hacer lo que no me gusta, pero tratan de ofrecerme papeles que piensan que me van a interesar. Siento que puedo elegir más que nunca, la mejor situación para un actor, a ver cuánto duran.

¿Cómo afronta el trabajo de actor? Según comentaba Denis, le gusta improvisar...

Cada película es distinta. No es el mundo del teatro, donde no se puede improvisar. Tu trabajo es hacer que funcione bien un guión. Y son guiones probados. Esta película de crimen es distinto, porque creo que el género exige improvisar para dar más humanidad al personaje. Es importante venir de un lugar primario, visceral, porque muchas reacciones no son racionales. Suelo hacer un par de tomas con el guión, pero intento ser libre y no pensar demasiado. Así el público entenderá mejor que hace el personaje. Con Jake improvisaba mucho, tienes que confiar en el actor, pensar que tienes un igual junto a ti.

¿Qué es lo peor del “show business” en Hollywood?

Entre los actores suele haber muy buen ambiente, y en general ésa es la tónica general. Pero en el mundo de los negocios sí he visto cosas terribles, que me dejan sorprendidos. Mucha gente quiere meterse ahí, y pocos pueden hacerlo. Hay mucha ambición, mucha competencia, en el aspecto empresarial. Puede ser despiadado. Hace poco alguien me decía que no es Washington donde está la gente peor, sino en el mundo del entretenimiento. Pero una vez más hay que entender que yo soy de Australia, y he trabajado con gente maravillosa en películas maravillosas. No sé si dirían lo mismo unos americanos que fueran a trabajar a Australia. Pero pienso que se produciría una reacción más del tipo “¿Qué haces aquí? ¿Por qué nos quitas el trabajo? ¡Vuelve a tu país!”. Hay mucha generosidad y apertura a los otros.

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