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Se perfila como favorito en los Oscar

Alejandro González Iñárritu se sumerge en la naturaleza salvaje con "El renacido"

Alejandro González Iñárritu es un serio candidato a ganar por segundo año consecutivo el Oscar al mejor director. “El renacido”, basada en un personaje real del que se sabe más bien poco, es toda una hazaña desde el punto de vista del realizador. En la siguiente entrevista el director mexicano nos explica los desafío que ha debido afrontar para ofrecer un film diferente.

Alejandro González Iñárritu se sumerge en la naturaleza salvaje con "El renacido"

¿Podría decirnos en pocas palabras de qué trata El renacido?

La historia de Hugh Glass hace las siguientes preguntas: ¿Quiénes somos cuando nos hallamos completamente despojados de todo? ¿De qué está hecho el hombre y de qué es capaz?”

Para mí, este proyecto fue un sueño durante más de cinco años. Es una intensa y emotiva historia que contrasta con un bello y épico telón de fondo que explora las vidas de aquellos tramperos que crecían espiritualmente mientras físicamente sufrían enormemente. Aunque gran parte de la historia de Glass es apócrifa, hemos intentado mantenernos muy fieles a lo que esos hombres soportaron en esos territorios aún por desarrollar. Experimentamos condiciones físicas y técnicas muy difíciles para conseguir extraer las genuinas emociones de esta increíble aventura.

Se trata de una película muy física, te sumerges en esa naturaleza salvaje...

El renacido es una historia de pura y dura supervivencia pero también de una esperanza inspiradora. Para mí, la parte importante era transmitir esta aventura con un sentido de sorpresa y descubrimiento, como una exploración tanto de la naturaleza salvaje como de la propia naturaleza humana.

Me interesaba explorar no solo los procesos físicos que experimentan Glass y Fitzgerald, sino también su estado psicológico, sus sueños, sus temores y sus pérdidas. El argumento era una base genial, como sucede en la música, pero lo que pasa por sus mentes y sus corazones constituye los solos, las trompetas y el piano.

¿Podría haberse hecho la película sin el increíble grado de implicación de Leonardo DiCaprio?

Leo es extraordinario en todos los detalles, en todos los aspectos que tienen que ver con la observación y el comportamiento humano. Es muy natural aportando matices y cadencias de movimientos y todo eso que hace sentir completamente vivo a un personaje. Es muy colaborador e inteligente, siempre interrogándose qué es lo que hace a una escena más potente. Y contribuyó con su propia y profunda conexión personal con la naturaleza. Lo que DiCaprio entregaba en pantalla no era sólo emotivo sino también sorprendente.

Leo estuvo trabajando en las condiciones más duras, con ropa dificultosa, con maquillaje extremo, y yendo a los lugares más emocionalmente incómodos y oscuros. Sin embargo, independientemente de lo que le esté pasando, hay algo instantáneo que cobra vida cuando Leo está delante de la cámara. Hay una fuerza increíble. La forma en que rodábamos exigía muchísimo de él en términos de ritmo, manejo del tempo dramático, energía y silencio. Sin embargo, Leo hace que todo funcione porque siempre está muy presente.

El antagonista interpretado por Tom Hardy también es un gran personaje...

En su papel de Fitzgerald, Tom interpreta a un hombre lleno de prejuicios. Sin embargo, es un alma herida que teme a los demás porque no es capaz de abrir su mente y entender la otredad, lo diferente. En Tom hay una sutileza que es muy difícil de encontrar. Es muy atractivo, muy fornido, muy potente y fuerte, pero, al mismo tiempo, puede ser extraordinariamente frágil, y eso es lo que le hace tan excepcional.

El trabajo de fotografía de Emmanuel Lubezki es de una gran belleza. ¿Se inspiró en el claroscuro?

Al igual que en Birdman nos inspiramos en la música, en este film lo hicimos en la pintura. El Chivo ha jugado un increíble papel a la hora de crear esta película como una obra de arte visual.

Teníamos que coreografiar los tiempos y los ritmos, encontrar la hora más adecuada del día y, después, rezar para que las condiciones climáticas se mantuvieran. Fue un desafío y algo muy divertido, pero hacerlo correctamente requirió mucho tiempo, reflexión y ensayos. Había cierta pátina y atmósfera que nosotros queríamos conservar. Las condiciones que habíamos establecido eran muy específicas; teníamos que ser muy pacientes, o forzarlas y crearlas. Yo creo que, a nuestro modo, nosotros mismos nos convertimos en tramperos; tramperos debido a las circunstancias.

¿Por qué incluyó pasajes oníricos, siempre desafiantes?

Durante el viaje de Glass, cuando está solo y físicamente al borde del colapso, la única forma de saber cómo es él como persona es a través de sus visiones y fantasías, que nos proporcionan información sobre su estado de ánimo y su pasado.

La película invita al espectador a una comunión con la naturaleza muy particular e íntima...

En la actualidad, hemos perdido realmente el contacto o esa clase de íntimo contacto con el mundo natural que los tramperos tenían entonces. Sin embargo, la naturaleza es siempre una parte de nosotros; nosotros somos nubes, somos ríos, estamos formados por los mismos elementos. Yo creo que al contemplar estos lugares se produce una conexión que te recuerda de dónde vienes y adónde vas. Uno de los privilegios de esta película ha sido poder trasladar a la pantalla entornos que provocan esa sensación.

Nos llevó cinco años encontrar las localizaciones adecuadas. Me interesaba mucho que en la película aparecieran lugares que no hubieran sido pisados por el ser humano, de manera que buscamos territorios prácticamente vírgenes. Había algo puro y poético en esos parajes.

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