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Entrevistas

Ganadora de la Concha de Plata a la mejor actriz por "La hija de un ladrón"

Greta Fernández: "Estoy encantada de ser la musa del cine social"

Flamante ganadora de la Concha de Plata a la mejor actriz, ex aequo con Nina Hoss, Greta Fernández compone un personaje memorable en “La hija de un ladrón”, película que le ha permitido trabajar junto a su padre. Tengo oportunidad de hablar con ella con motivo del inminente estreno de esta película.

Greta, ¿cómo surgió la idea de trabajar con tu padre Eduard en La hija de un ladrón?

Siempre había tenido en la cabeza que un día me llegaría un papel en una película donde habría un personaje que podría interpretar mi padre, y que sería guay, que padre e hija en la vida real actuaran juntos como padre e hija en la ficción. Así que cuando Belén Funes me mandó el guion me pareció que era la ocasión perfecta para hacerlo. Aunque, claro, dependía también de que él quisiese hacerlo. Y quiso, porque el guion era muy bueno.

¿Cómo se ha plasmado la relación padre-hija en la pantalla?

Ha sido como estar en casa. No me ha parecido difícil ni extraño para ninguno de los dos. Surgió todo de una forma muy orgánica.  Todo era muy natural. Trabajamos las escenas con Belén, y ella nos dirigía y decía lo que quería en cada escena. No hay mucho más. La gente piensa que tuvo que ser algo terrible, que tuvo que sacar temas personales que me había marcado, pero no, todo fue muy normal.

Normalidad absoluta.

Sí, normalidad mazo.

Para componer tu personaje, ¿hiciste algo de investigación, tal vez hablando con limpiadoras, o ayudantes de cocina en un restaurante?

Cuando empezamos a ensayar, se lo pregunté a Belén. Pero ella tenía muy claro lo que quería contar, ella lo había preparado e investigado, había hecho ese trabajo para mí.

Por otro lado, la vida de los barrios o la periferia no me es ajeno. No queda lejos de mi familia, por parte de mi mamá, mi abuela vive en Badalona, e iba a verla con frecuencia.

Mi caso no es como el de Sara, pero tampoco me queda como megahiperlejos. Me centré en plasmar lo que Belén quería, y ella lo tenía clarísimo.

Su personaje pertenece a una clase social poco representada en la pantalla.

Y se plasma muy bien, porque creo que Belén ha acertado sin llevar los extremos. La gente me pregunta si la sordera de mi personaje es porque su padre le ha dado una paliza, ya que no se dice, y la respuesta es no, ella tiene una infección oído que nunca se le curó y que le ha producido la sordera, y eso es todo.

Cuando se pintan clases sociales deprimidas, la tendencia es ir al extremo, pero no era nuestra idea, queríamos que mucha gente se pudiera ver reflejada e identificada. Pintamos un momento en la vida de alguien, que muchos espectadores pueden reconocer en sí mismos.

greta y familiaTu personaje es joven y madre. Estamos en una sociedad en que la maternidad se retrasa cada vez más. ¿Te veías como madre, y tienes deseos de serlo pronto?

Bueno, yo tengo mucho instinto maternal. Seré madre seguro, pero todavía no, porque no me viene bien. Me encantan los bebés, y para mí trabajar con un bebé era un plus, algo que no ocurría tanto con Belén, que tenía que estar concentrada en muchas cosas. Está guay.

Y con el personaje de tu hermano, donde también hay una relación maternal, ¿fue fácil trabajar?

El niño era muy, muy, muy tímido. Era complicado que se abriese. Belén trabajó mucho y lo logró, pero conmigo resultaba más difícil. Ella dirigía, y por mi parte, gran parte del tiempo estoy sola, no tenía la sensación de tener que estuviera mucho con el personaje de Martín.

¿Se notaba que era la opera prima de Belén Funes?

Es una maravilla, lo bien que dirige. Escuchas lo mucho que sabe de cine, las instrucciones y lo bien que lo tiene preparado, y es que se te cae la baba. Yo firmaría para volver a trabajar con ella. Vamos, una película al año con ella ya. Es muy guay y una gran profesional.

Aunque se representa a una determinada clase social, se toca un tema común a todos los estratos sociales, la soledad y el individualismo, que afectan a todo tipo de personas. Sara interacciona con muchas personas, su novio, su padre, etcétera, pero está sola. ¿Cómo ves está sociedad hiperconectada, pero que parece más enfrascada en la soledad que nunca?

Es una sensación, la soledad, que tenemos todos. No me parece mal. Pienso que sentirse solo en el mundo sí es duro y triste. Pero estar solo es maravilloso, no es lo mismo. Yo era una personal social, pero me he vuelto más reflexiva y solitaria. Quizá son épocas de la vida. Lo importante es no quedarse encallado y cerrarse a los demás, que sería insano.

Sara congenia con las personas que tiene alrededor, pero no parece capaz de estrechar esos lazos.

No me lo planteé. Yo conectaría más. Ella, en su situación, no ha aprendido mucho a querer. Tampoco la han querido mucho. Y no ha sabido conectar con las emociones. Está como mareada con ellas y no sabe pillarlas, necesita tiempo. Son herramientas que vas adquiriendo a lo largo de la vida.

La película deja en el aire muchas cuestiones, ¿cómo lo has manejado?

Como Belén, me gustan las películas que no lo cuentan todo, porque entonces todo es cosa del guion. Puede ser muy explicativo y repetitivo. ¿Hay que contar todo para que lo entienda el espectador?

En la primera versión del guion estaba todo muy explicado, porque había miedo de que no se entendiera. Pero se entiende. No sabemos por qué el padre ha estado en la cárcel, ¿pero realmente importa? Y la sordera, bueno, es sorda, y que cada uno imagine lo que quiera. Es bonito que la gente se quede con ganas de saber más.

¿Qué escena fue la más difícil? ¿Quizá la del juicio?

No, la del juicio fue de las más fáciles. Era casi el final del rodaje, estaba agotada. Ya estaba muy metida en el personaje.

La escena más difícil para mí fue aquella en que está con Dani, su ex pareja, y le dice que se queda a dormir, y él dice que no, y le agarra, y se dan unos golpes de broma… Los procesos emocionales tan rápidos son los que cuestan más. Lo rodamos tres veces, y al final le dije que Belén que estaba muy cansada.

En esa relación de pareja, ¿tenías claras las razones de ese rechazo? Es uno de los temas que se dejan a la interpretación del espectador, y puede tal vez resultar chocante.

Pasa en la vida. Cuando agarras a alguien, en que no te planteas si el otro quiere estar o no contigo, eso produce mucho rechazo. Si no dejas que el otro diga lo que siente, y no le deja estar con el niño, y le va a esperar aunque el otro no quiera, y se quiere quedar a dormir aunque el otro diga que no…

Es verdad que resulta intrusiva, pero al no saber lo que ha ocurrido… Piensas que ha pasado algo fuerte.

¿Sí? Muchas parejas se separan sin que haya ocurrido nada especial a esa edad. No sabes, uno se ha enamorado de otra, o se ha desenamorado, o se ha cansado, o se ha enfadado… ¡No os lo voy a contar, que me lo vais a sacar todo! [risas] Yo lo tengo todo aquí [se señala la cabeza]

¿Piensas que el cine explota poco las historias cotidianas?

Me gustarías que las usara más. También pienso que un director cuenta las historias que tiene en la cabeza y que conoce. Y lo que le interesa. Entiendo perfectamente el interés de Belén en estas historias, igual puedo comprender que a otro director no le vayan este tipo de historias íntimas.

Pienso que tiene que haber cine social. Pero también pienso que el cine debe entretener, dejemos que éste también forme parte de la cultura. Puede ser interesante mostrar a la clase pija, pero también desde abajo, desde otra clase social, y ofrecer perspectiva.

¿Tienes miedo de quedarte encasillada con películas como ésta, ser vista como musa del cine social, más tras ser premiada en San Sebastián? ¿No te apetece hacer cine de género?

Por mí, encantada de ser musa del cine social. [risas] Firmo ya. Pero hay que hacer cine de todo tipo, y no creo que se me encasille. Mi personaje encaja con muchas historias, y en fin, he hecho cosas variadas, Elsa y Marcela, y Matar al padre. O Cuéntame. Son cosas superdistintas.

No creo que me encasillen, y ocurre ya veré lo que hago. [risas finales]

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