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Entrevistas

La música vuelve a ser primordial en una de sus películas

La buena memoria de François Girard en "La canción de los nombres olvidados"

El canadiense François Girard ha demostrado una increíble sensibilidad a la hora de contar historias donde la música tuviera una gran importancia. Ahora vuelve a hacerlo en una historia sobre una relación truncada con el telón de fondo del holocausto. El cineasta nos cuenta las claves de su nuevo film “La canción de los nombres olvidados”, basado en una novela de Norman Lebrecht.

En sus películas anteriores, como ocurre en El violín rojo, ha logrado una conexión increíble entre el lenguaje musical y el cinematográfico. ¿Ha querido François Girard ir con La canción de los nombres olvidados en la misma dirección?

La música es un vehículo muy importante a la hora de abordar esta historia, pero, en mi opinión, no es una película sobre música. Es una historia íntima sobre dos hermanos, en la que el trasfondo del Holocausto y la memoria de los desaparecidos emerge poco a poco. Me aseguré en todo momento de que la música siempre estuviera al servicio de este propósito y nunca a la inversa.

Seis actores han interpretado los papeles protagonistas de Martin y Dovidl, en las diferentes etapas de sus vidas: niños, adolescentes y adultos de mediana edad (Tim Roth y Clive Owen). ¿Ha sido complicado coordinar sus trabajos interpretativos?

Estamos siguiendo a los personajes de los 10 a los 55 años, que coincide que es mi edad y aproximadamente la de Clive y Tim. El primer periodo del guion abarca entre los 10 y los 21, más o menos. No puedes hacer que el mismo actor interprete los 10 y los 21. Necesitas un niño y un muchacho. Y, más adelante, cuando conectas con los personajes 35 años después, necesitas otro par más de actores.

Si tienes a Tim Roth y a Clive Owen, tienes que encontrar al Tim y al Clive medianos y, después, a los pequeños. Siempre que movíamos una pieza, cambiaba todo el puzle. Necesitamos más de un año para estar seguros de que habíamos tomado las decisiones adecuadas.

Hice todo lo que pude para aportar amor a relación. El 'amor' sería la palabra clave. De este modo, la desaparición de Dovidl sería mucho más turbadora.

girard3Luke Doyle, el chaval que interpreta a Dovidl, pero no tenía experiencia como actor. ¿Cómo ha trabajado con él?

Si una persona joven ya está en contacto con sus emociones interpretando música, es lógico pensar que podrá expresar sus emociones actuando. Así que le daba un tempo, le daba un ritmo, como hace un director de orquesta con sus músicos, utilizando el cuerpo y los brazos para mantener el ritmo del texto fluyendo durante la escena. Y Luke, que es un artista brillante, reaccionaba a mis instrucciones realmente bien.

La canción de los nombres olvidados es el primer largometraje que rueda en la terrible localización del campo de exterminio de Treblinka. Ahí en una roca se puede leer en varios idiomas la expresión “Nunca más”.

Un problema de la sociedad actual es la amnesia general. El cincuenta por ciento de la gente de menos de 30 años no sabe siquiera qué significa la palabra Holocausto, y los que lo saben, puedes apostar a que no podrían explicar mucho al respecto. Por eso, sin lugar a dudas, la misión de esta película es mantener el recuerdo vivo, que aquellos acontecimientos sigan teniendo importancia y eco.

¿Qué sintió la primera vez que visitó Treblinka?

Fue una experiencia muy emotiva. Entramos en el parque y estuvimos dos horas sin pronunciar palabra. No teníamos nada que decir. [Y cambiamos una escena], en el guion, los personajes iban hablando mientras caminaban por el parque, pero después de aquello, no me parecía adecuado. Volví y trabajé con Jeffrey Caine [el guionista] para que Martin y Anna permanecieran en silencio.

Un motivo por el que acepté dirigir esta película es que trata el Holocausto sin mirarlo directamente a los ojos. No creo que hubiese sido capaz de hacerlo. Ver La canción de los nombres olvidados es como dar un paseo por un volcán que está aparentemente tranquilo, con sus jardines y caminos, pero por debajo, en las profundidades, corre la lava candente. Estamos mirando al Holocausto desde el extremo pequeño de un telescopio, a los personajes que sufrieron las consecuencias, y a través de sus ojos y de sus vidas, evocamos la tragedia.

girard2Volvamos a la música, y al conmovedor tramo final que da título a la película, con la tradición de las oraciones cantadas como memorial.

La música es un lenguaje y probablemente sea el lenguaje más potente de todos porque cruza fronteras sin necesidad de traducciones. Habla al corazón sin intermediarios y cuenta cosas que las palabras no pueden expresar, porque es un lugar en el que nos encontramos y que ningún otro medio puede proporcionarlo.

Howard [Shore, el compositor de la banda sonora] ha contribuido al guion. Muchas ideas las he desarrollado y comentado con él y, al final, se han plasmado en el guion. Por ejemplo, el concierto final, donde convergen las tres interpretaciones de Dovidl de "La canción de los nombres olvidados", con Weschler, en Treblinka, y en el escenario, así como la primera vez que oye al rebe cantarla, es algo que metí en el guion y que Howard secundó. Para entonces, ya no es Dovidl demostrando su virtuosidad, sino que es más bien una evocación espiritual. Su música se ha convertido en un vehículo de algo más grande. No hay fama, ni dinero, ni individualidad, no hay un ego en todo ello. Se trata únicamente de honrar la memoria de los desaparecidos.

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