Forest Whitaker tiene una presencia imponente. El más firme candidato a ganar el Oscar el próximo 25 de febrero por su retrato de Idi Amín, nos habla de su trabajo en El último rey de Escocia
¿Cómo está viviendo los días previos a los Oscar?
Sobre todo quiero disfrutar de este momento. Llevo más de veinte años de carrera y cuando ocurre algo tan bonito como esto, creo que lo más importante es disfrutarlo. Además, quiero que sea así porque es un papel que he trabajado mucho, y porque es muy bonito ver que la gente se alegra por ti.
Prepararse para el papel tiene que haber sido duro.
Empecé en Los Ángeles, aprendiendo el swahili con un profesor. Vi documentales e informativos, y leí libros sobre la historia de Uganda, biografías sobre Idi Amín, el personaje, etc. Luego también viajé a Uganda y me reuní con todo aquel que quiso hablar conmigo. Hablé con ministros, con familiares de Amin, con sus amigos, incluso con sus novias. Fue en África cuando empecé a empaparme de la cultura.
¿Cree haber entendido a su personaje?
Lo que entendí de él es cómo luchó para mantener el poder una vez lo alcanzó. Tenía miedo y le dominaba cierta paranoia de perder el poder. Él nunca tuvo la intención de ser presidente, no estaba preparado para serlo. Él era sobre todo un soldado. Y cuando llegó a presidente, luchó por mantener el poder como un soldado frente a los enemigos que él se imaginaba que le perseguían.
¿Cuál es su visión de la situación política de la zona?
Cuando estudiaba la región yo confundía a Tanzania, Kenia, Uganda, y a sus líderes. Es la visión media de Occidente, que no acaba de enterarse. Entendí que por entonces se estaba creando un bloque de países socialistas de corte marxista que no interesaba en absoluto a Occidente. Entonces pensaron en quitar de en medio a uno de los presidentes para desestabilizar este plan, y lo hicieron en Uganda deponiendo a Milton Obote y colocando a Idi Amín. Ellos pensaban que lo podrían controlar, para así mantener el acceso a los recursos.
Lo que Amín quiso hacer no beneficiaba a los occidentales, y éstos, como represalia, no ayudaban a sus proyectos. Así que decidió echar a los británicos, a los israelíes, a los asiáticos. Por eso ellos después intentaron destruirle. En ese país, Amín no es el dictador que más gente mató. Hubo uno después, que mató a medio millón de personas. Mi personaje, sin embargo, tiene más fama porque no interesaba a Occidente. Con él quisieron dar un escarmiento. Y que conste que con esto que digo, no quiero disculparle en absoluto.
Su personaje es una paradoja andante, porque tiene mentalidad de niño grande, y a la vez es capaz de las mayores crueldades. ¿Cómo concilió estos aspectos contradictorios?
Lo que me ayudó fue la consideración de que mi personaje era alguien que vivía según sus pasiones. Si amaba, amaba totalmente. Si odiaba, odiaba totalmente. Él marcaba líneas que no podía pisar; en el momento que las traspasaba, salían a flote sus pasiones.
El film está contado desde el punto de vista del médico. ¿Cómo incorporó esto a su interpretación? Porque su personaje no deja de ser lo que el doctor Nicholas ve…
La presencia del médico sirve para dar la óptica de Occidente, cómo ve el Oeste al personaje. Su relación con él le da vida a mi personaje, le da otra percepción. Eso no significa, evidentemente, que mi personaje sea el secundario, y el del médico el principial, pero es interesante eso que apunta, porque se trata de abordar la responsaibilidad de Occidente ante la actuación de Amín.
Resulta interesante que en esta película se vea cómo Occidente piensa que puede controlar las situaciones, y arreglarlo todo, cuando en realidad lo que crea a veces son otras situaciones aún más terroríficas.
¿Qué proyectos tiene?
He rodado Vantage Point, con Eduardo Noriega y Dennis Quaid,
que sale el próximo otoño. Va sobre el asesinato del presidente de Estados Unidos. También he rodado The Air I Breathe, de Jieho Lee, con Kevin Bacon.
Ya no hace tanto cine independiente como acostumbraba.
Hoy en día hago tantas películas de estudio como independientes. Voy de un lado a otro, cambiando. De hecho, de mis cuatro últimas películas, dos eran de gran estudio, y dos independientes. Quizás el tipo de cine que hago para los estudios es un tipo de cine más interesante, digamos.
¿Qué haría si fuera rey por un día?
Si fuera rey emitiría un decreto ley para que fuera obligatorio el mirar a tu vecino y darle un abrazo, para intentar conseguir un poco de paz.
¿Qué opinan en Uganda de la película?
Estuve allí ayer, y les encantó. Hubo dos visionados, uno para el equipo que participó en la película, que quedaron encantados, y orgullosos del trabajo obtenido; y el otro fue el que se considera el estreno oficial, al que asistieron miembros del gobierno, entre ellos el presidente Yoweri Museveni. Al terminar comentó que si alguien le preguntara sobre ese período de la historia de su país, le remitiría a la película, le aconsejaría que la viera. Le gustó, sí.
