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Entrevistas Todo sobre sus papeles de empresario y periodista

Luis Tosar y Marta Belmonte, amenazados por "Los favoritos de Midas"

Un hombre poderoso puede sentirse vulnerable por una simple misiva, si la firman “Los favoritos de Midas”. Una periodista puede ver sacudidos sus principios por la relación con su jefe. Luis Tosar y Marta Belmonte nos cuentan cómo han compuesto sus personajes de la nueva miniserie de Netflix creada por Mateo Gil y Miguel Barros, inspirados por un relato de Jack London.

¿Qué diferencias ha encontrado entre rodar una serie para Netflix y otro tipo de producciones?

Luis Tosar: Logísticamente hablando no hay mucha diferencia entre rodar con Netflix y hacer cine. Los tiempos y dinámica de rodar son muy parecidos a los que se siguen al hacer un largometraje. Tienes la sensación de que ahora se está haciendo otro tipo de televisión, que presenta unas dimensiones muy distintas a las de la que se hacía antaño, en que se trabajaba a destajo. Son tiempos nuevos, en que se han aproximado las formas de hacer cine y televisión.

La trama de Los favoritos de Midas es muy sorprendente, con una gran carga emocional. ¿Qué fue lo primero que pensaron al leer el guión?

Marta Belmonte: Me sorprendió mucho cómo se va complicando el guión. Y me gustó mucho la personalidad de Mónica, mi personaje. Es un personaje femenino que sabe moverse sin complejos. Es profesional y contundente, como las otras mujeres que se ven. Hacen y deciden. No es “la chica”.

L.T.: La subtrama con el niño fue de lo más complejo. Y también la transformación del personaje, que va paralela con la relación con su hijo. Ves a alguien bueno, en principio, pero complejo.

¿Qué mensaje piensan que envía Los favoritos de Midas?

L.T.: Es una representación de una fantasía que todos hemos tenido en algún momento. En mi caso, una fantasía sobre algo que está ahí. En algún lugar, algunas personas, deciden sobre el futuro de muchos. A juzgar por cómo ocurren las cosas en el mundo real, pienso que hay alguien que maneja los hilos. Algunos dirá que esto que digo es conspiranoia pura, pero... Muchos no habrían creído tampoco hace un año que íbamos a vivir una pandemia como la que tenemos, y sin embargo, la estamos viviendo. Y muchos pensarían que los chinos solo fabricaban teléfonos móviles, y ahora piensan que también fabrican virus.

La serie habla de muchos miedos que tenemos, que a veces expresamos en voz alta y otras veces los callamos y nos los guardamos.

M.B.: Trata de cosas con las que convivimos y que no conocemos. Me parece que lo importante de la serie no es el clásico “quién es el asesino”, sino “quién es quién”. Al final hay que preguntarse por el engranaje en que nos movemos, y qué hacemos cada uno.

Marta, ¿se ha inspirado en alguien para su personaje de periodista?

M.B.: No sé decir. Sí que me costaron sobre todo las escenas en que mi personaje llama a la acción, dando un golpe sobre la mesa, e invitando a mover ficha. Me fijo en amigas con los rasgos que trato de representar de mujer decidida. No tanto en periodistas concretas.

Luis, su personaje invita al cambio en alguno de sus discursos.

L.T.: Hay un poco de demagogia en Víctor Genovés, y en sus declaraciones ante la junta de accionistas. Hay en él algo romántico, que se resiste a formar parte de la estructura a la que está llamado a pertenecer. El establishment le llama, y por otro lado están sus principios. No quiere dar el brazo a torcer, pero quizá no te queda otra... Al final, es importante tomar decisiones en conciencia, a veces hay cambios en que hay que dejar de ser para seguir siendo.

Los dos personajes encarnan dos posturas, el idealismo y el pragmatismo, donde están en juego las líneas rojas por las que se se puede perder la integridad.

M.B.: Hay situaciones en las que no cuesta tanto hacer lo correcto, pero en ocasiones las apuestas suben y ya no es tan fácil.

L.T.: Todo el tiempo debatíamos acerca de cómo era Víctor, si al principio ya era parecido a como es al final. Se ha podido crear la ensoñación de que era alguien con sólidos planteamientos, todo integridad. Pero a la vez, algunos comportamientos no se acababan de explicar si ya de entrada no había en él un punto de corrupción, a pesar de sus orígenes, su preparación, etc. Tocaba pues pensar en que la transformación no es tan radical.

Y es que al final, esto es muy humano, el hecho de que no nos conocemos a nosotros mismos hasta el momento en que pasamos por una prueba. Tienen que ocurrirte cosas agradables y desagradables para que conozcas mejor algunos rasgos de tu carácter. No deseo que le llegue a nadie una carta de “Los favoritos de Midas”, pero es verdad que a veces necesitamos situaciones desafiantes que te pongan contra las cuerdas. La vida es así, al fin y al cabo.

M.B.: Al principio de la serie mi personaje afirma algo así como “perdona, yo no soy corresponsal de guerra”, pero en los últimos compases casí podría decir que lo es.

En Estados Unidos se ha introducido un nuevo rol en los rodajes, el de coordinador de intimidad para que se ocupe de las escenas de sexo. ¿Lo han tenido en la serie? ¿Es algo positivo?

L.T.: Me encantaría ver cómo es eso, no lo he visto nunca. En España todo es acuerdo tácito entre actores y equipo técnico, se pacta todo. Depende de la complicidad entre intérpretes. En este caso nos encontramos cómodos.

Las cosas han cambiado, siempre se han visto con pudor este tipo de escenas. Ahora hay una nueva sensibilidad, y todo se ha complicado, y probablemente está bien. En el mercado americano hay un ansia milimétrico de controlar lo que se ve y lo que no se ve, como la convención de las tres sábanas. No sé si se acabará imponiendo.

M.B.: Con Mateo Gil ves que está al tanto de todo y que es muy delicado. Me ha sorprendido lo poco que se ve en los desnudos en la serie, creí que se vería más.

Es un tema delicado, en cualquier caso. Por un compañero, por alguien del equipo. A veces puede que no hayas sabido “negociar”, y que te preguntes, “qué está pasando aquí”, porque no lo has hablado. A veces hace falta piel, desnudo, porque el sexo cuenta la historia. Pero hay que prestar atención y hay que pactar las cosas. Puedes sentirte realmente “en pelotas”, no solo físicamente. Una figura que ayude a aclarar las cosas, sin que limite la narración, puede estar bien.

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