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Entrevistas Llega a las salas la comedia francesa del año

Daniel Cohen explica como provocar risas con "Envidia sana"

¿Somos capaces de alegrarnos del éxito de un amigo? ¿O puede asaltarnos la envidia e incluso a echar a perder esa relación? En torno a esas ideas Daniel Cohen ha rodado “Envidia sana”, una divertida comedia, que da que pensar. A continuación nos explica las claves de su película. (Foto: Philippe Quaisse / UniFrance)

cohen danielEnvidia sana es su cuarta película como director. También es autor del guión. ¿Cómo le vino la idea?

Antes de convertirse en película, abordé esta historia como una obra de teatro que estuvo a punto de representarse en varias versiones... Uno de los productores del eventual espectáculo, David Gauquié, de Cinéfrance, me dijo, “¿por qué no lo haces como una película?”. Y desarrollé el guión. Intenté llevar adelante los dos proyectos, pero finalmente se impuso la película... Y David Gauquié la produjo.

¿De dónde surge esta historia?

El detonante es extremadamente preciso: hace ya algunos años, iba a ayudar a la confección de la obra “El nombre” de Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte, bastante antes de que se convirtiera en un triunfo. Viendo al público morirse de risa con sus estupendos diálogos y su mecánica explosiva, me dije bastante pretenciosamente: “¡yo querría hacer algo con el mismo espíritu!”. Siempre me ha interesado el fenómeno tan humano del grupo en el que cada uno cree estar en su lugar, entonces uno cambia y revoluciona a todos. También me vino a la cabeza la escritura de Yasmina Reza, ella misma inspirada por Chejov, a quien yo aprecio igualmente... Así que escribí muy rápidamente esta obra de teatro que empezó a despertar el interés aquí y allá, luego me encontré con David Gauquié y muy deprisa nos decidimos por la adaptación al cine, que tomó algo más de tiempo...

¿Qué le interesaba a Daniel Cohen de la doble temática de Envidia sana, a saber, el lugar que ocupamos a los ojos de los otros, y lo que ocurre cuando se produce el cambio?

Creo que es algo que todos hemos vivido. A partir del momento en que emprendes un proyecto, eso provoca en tu entorno un fenómeno bastante extraño: descubres que algunos soñaban con lo mismo, otros te admiran, otros se ponen celosos, y te desaniman o te dicen, “oh, eso también habría podido hacerlo yo”... Emprender y tener cierto éxito no deja a nadie indiferente. Esto es válido para todos los oficios, ¡pero en el arte de modo particular! Todo el mundo ha querido escribir un libro o un guión, o rodar una película. Y cuando pasas un rato con gente conocida, te das cuenta que algunos propagan la idea de que ellas o ellos han cambiado tras triunfar, ¡lo que a veces es completamente falso! ¡A veces lo que cambia es el entorno! Lo que nos cuestiona sobre la pureza de nuestros sentimientos: ¿están dictadas nuestras reacciones por nuestro egoísmo, por la envidia, los celos o la amargura? Me ha apasionado explorar estos temas describiendo un grupo en el seno del cual uno de ellos hace saltar por los aires el equilibrio aparente...

Y esto nos lleva también a la idea del talento: se puede ser artista de manera innata, pero no se tienen necesariamente las capacidades para convertirse en tal. En su película Léa (Bérénice Bejo) se revela como una autora de talento, pero los que están cerca y quieren imitarla no llegan necesariamente a...

Exacto. Te cruzas con gente que tiene esa gracia y luego están los otros. Lo más difícil al final es aceptar ocupar el lugar que nos corresponde... e intentar progresar ahí. En cuanto a la noción del talento... hoy todo el mundo se cree que puede hacer fotos sublimes con su smartphone mientras que en realidad el que tiene talento probablemente es el que ha concebido la aplicación. Las personas que tienen de verdad un don son raras. ¿Pero puede lograrse no obstante una obra artística de calidad trabajando 20 horas diarias durante 20 años? Me gusta pensar que no, aunque secretamente espere que una gran capacidad de trabajo acabe por dar un cierto talento a aquel que carece de él... ¡Es una idea llena de esperanza para cada uno de nosotros!

Usted que es autor, actor y realizador, ¿se ha confrontado al doble problema de su legitimidad y a cómo consideran los otros su éxito?

Por supuesto y por eso estoy persuadido de que no importa donde pueda situarse el espectador en cuanto a la historia y los personajes de mi película. Desde el momento en que emprendo algo, esto es puesto en cuestión por los ojos de los otros. Me acuerdo cuando comencé a hacer más cine que teatro, que escuché reacciones asombrosas e incluso violentas... Por ejemplo cuando encontré un gran productor para mi primera película como director, me decían, “guau, es un plan super bueno”... Pero para mí no era un “plan super bueno”, sino simplemente la oportunidad loca de hacer un film con un productor destacado que había adorado mi guión. Se procuraba convertir en banal lo que a mí me parecía la gran oportunidad de mi vida para convertirme en realizador. Pero de hecho es universal... Todos juzgamos a los demás con nosotros mismos como referencia. Me considero bastante feliz de haber encontrado un ángulo para convertir esa idea en una historia, y luego en una película.

Una historia que navega entre varios tonos: lo que podría haber sido sólo una comedia o un vodevil se vuelve cada vez más cruel...

Estoy muy satisfecho porque la mezcla de géneros nunca es sencilla e incluso puede volverse peligrosa. He procurado respetar el principio de la comedia pero apuntando cosas más graves como ese principio de “zona de ceguera” del que habla el personaje de Florence Foresti. Durante el rodaje, hemos explotado el hecho de que Karine y Marc (interpretado por Vincent Cassel) se tropiezan de hecho con sus propios límites: intentan ir más allá de lo que pueden y no lo consiguen. Ante el éxito literario de Léa, tanto ella como él querrían no tener miedo, no ponerse celosos, pero es demasiado difícil. Karine por ejemplo habla de buena fe cuando dice que no entiende que es lo que ha conmovido a tanta gente en la novela de su amiga... Resulta fascinante y nos conduce a la noción de objetividad: ¿qué percibimos realmente de los otros y de lo que nos puede suceder? ¿Hasta dónde nos volvemos ciegos por nuestras frustraciones o limitaciones?

Díganos algo sobre el acabado formal de su película: decorados, luz, vestuario, cada apartado parece haber sido minuciosamente cuidado...

De pequeño dibujaba mucho, incluso hice cómics, lo visual siempre ha sido esencial ante mis ojos. Para Envidia sana tenía una referencia en la cabeza: el pintor impresionista Gustave Caillebotte. Los equipos han trabajado con esta indicación. Quería por ejemplo que hubiera por momentos en la pantalla toques de colores vivos... He acudido a grandes técnicos con currícula impresionantes como François Emmanuelli para los decorados y Virginie Montel para el vestuario, además un magnífico operador, Stéphan Massis. Su colaboración ha sido preciosa porque sus ideas y opiniones te dan las claves para realizar tu film.

Hablemos de los actores, y antes de pasarles revista, un hecho: ¡su reparto es uno de los mejores del año!

¡Hacen algo de magia en este film! Resulta que soy amigo de toda la vida de Vincent Cassel. De modo habitual lee lo que escribo y ya tocaba trabajar juntos. Aquí hice que le pasaran el guión diciendo que era una película coral y que no había nada para él, ya que habitualmente está en película que se sostienen en su nombre. ¡Pero Vincent es alguien muy sorprendente! Habían pasado varios meses y durante una cena, me sacó Envidia sana para decirme que le había gustado y que quería participar... Estábamos en pleno casting con una lista de actores y actrices potenciales. Así que llamé deprisa a mi productor que esta evidentemente encantado y en una semana Florence y François ya habían dicho que sí. Bérénice llegó un poco más tarde... Y para acabar de decirlo todo, hubo que esperar un año para que el cuarteto estuviera libre en las mismas fechas, ya que cada uno tenía planes bastante locos, pero nunca renuncié a la idea de juntarlos ante la cámara. ¡Cuando veo la escena de apertura en que están reunidos en el restaurante, soy feliz!

Bérénice Bejo interpreta a Léa, esa joven dependienta de ropa cuya vida da un vuelco con el triunfo de su primera novela. El papel puede parecer simple o lineal, pero de hecho es complejo...

Sí, muy complicado, más de lo que me imaginaba. En su registro de actriz, Bérénice posee algo muy raro: la facultad de ser muy profunda tanto en comedia como en drama, haciendo de mujeres que están muy presentes y a la vez parecen estar en otra parte... En la película es creíble como vendedora de ropa en un centro comercial y luego como autora de best-sellers. Léa es constante, incluso emprende el vuelo y crece. Hemos discutido mucho sobre el hecho de que los otros personajes agreden al suyo o quieren tirar de la manta hacia ellos cuando alcanza el éxito. Pera mí, es la vida normal. A Bérénice le apetecía que Léa se rebelara alguna vez. Le he dicho que pensara en una mujer de 35 años que debe ocuparse de una pandilla de adolescentes inmaduros. ¿Cómo puedes culparles? Resulta banal tener gente alrededor de ti que tienen todos los motivos para explicar tu éxito pero que no puede decir simplemente “es porque estás dotada”. A Bérénice le afectaba fuertemente la animosidad de los otros personajes del cuarteto pero ha mantenido la serenidad y está formidable al final...

Tiene enfrente a Florence Foresti en el papel de Karine, su supuesto mejor amiga...

Es una artista de los escenarios que adoro, y me hizo muy feliz que aceptara actuar en mi película, en la piel de un personaje que evoluciona de un extremo a otro de la intriga. Florence ha sabido mantener toda su personalidad pero también sacando del registro de sus espectáculos... Es una actriz magnífica, de modo notable hacia el final del film en que muestra una gravedad y una profundidad admirables. Los que son conocidos como “cómicos” tienen a menudo una paleta muy amplia y son capaces de abordar temas muy graves con el sesgo del humor. El personaje de Karine no es tan simple... Pudimos repetir y hacer lecturas conjuntas antes del rodaje y Florence encontraba a veces bruscas las palabras que Karine dirige a Léa, pero interpretando la situación con toda su humanidad hizo a este personaje divertido y conmovedor.

Y también está François Damiens que interpreta a Francis, su marido...

También quería trabajar con él hace tiempo y esta vez he tenido mucha suerte. François aporta su hombría de bien y benevolencia al personaje de Francis, y lo proyecta hacia Léa también. En el grupo es el intenta hacer arte (música, escultura o poesía...) sin amargura, reconociendo que no tiene talento para mejorar esa disciplina. ¡Simplemente es feliz haciéndolo! Puede tenerse la impresión de que todo le da igual, pero de hecho es el más anclado en las cosas que importan, como su familia, sus hijos... Me parece que la pareja Foresti-Damiens aporta mucho al lado cómico del film.

Y por fin está Vincent Cassel para encarnar a Marc, el marido de Léa. Le ha ofrecido un registro más frágil, menos físico, en el que al fin podemos verle...

El privilegio de conocer a Vincent en la vida real me ha permitido mostrar facetas suyas que la gente no conoce necesariamente. Pero lo vuelvo a decir: es él quien se ha interesado en este personaje. Yo no había pensado en él especialmente para interpretar a Marc. Como única indicación le hablé de Yves Montand en Ella, yo y... el otro : un tipo brillante, estilo macho alfa que está acostumbrado a dominar y cuyo espacio mengua por un elemento inesperado, aquí el éxito colosal de su mujer, criatura a la que ama pero que veía solo como mona y pasiva, y que ahora se le escapa... Frente a eso Marc intenta resistir, agarrarse, pero es muy difícil... Es realmente un personaje conmovedor y me encantó la generosidad de Vincent para interpretarlo, por ejemplo en la escena de la librería donde deja que aparezca una emoción bastante inédita. Es un auténtico regalo para un director... Vincent Cassel es alguien excepcional, con instinto de actor inaudito, capaz de dejar que afloren cosas asombrosas... He tenido mucha suerte de contar con estos cuatro actores excepcionales en el plató. Hacen que la película sea verdaderamente mágica.

¿De qué manera se integra su cuarta película como director en su filmografía?

Sin pretensiones, diría que es la primera vez que he sentido que lograba lo que pretendía escribir y filmar... Tengo la impresión de haber encontrado por fin mi lenguaje. Sabe, rodar una película es algo muy complicado. Si eres pintor, no es tan grave si tus primeros 60 lienzos quedan invisibles para el público. Con una película, su lanzamiento es inmediato, y hace falta tiempo para dominar todos los procesos de fabricación, desde la escritura a la realización... Ahí he aceptado a probar menos a contralar a toda costa todo y dejar su parte a grandes profesionales, sean el equipo técnico o los actores. Es muy nuevo para mí y por eso me encuentro muy feliz.

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