Dan vida en “Lobo feroz” a un padre y su hija. En persona parecen tener la misma complicidad que en la pantalla. Adriana Ugarte y Antonio Dechent resultan ser no sólo grandes actores, sino increíbles conversadores en la vida real.
Sobre todo, Lobo feroz trata de entretener. ¿Pero también quiere dar que pensar con temas como la violencia contra las mujeres?
Antonio Dechent: Hay otras películas que tratan temas como la violencia contra las mujeres de forma más intimista. Creo que gira más bien sobre la violencia, y cómo se llega a ella. Cuenta que existen personas con cicatrices que pueden llegar a tener actitudes tremendas.
Por un lado, el público va a estar en tensión, intentando adivinar quién es culpable de qué. También se quedarán todos pensando si llegarían a hacer lo mismo si estuvieran en la misma situación.
Adriana Ugarte: Creo que es una oportunidad para reflexionar cuánto hay de lobo feroz dentro de ti. Y también para jugar a policía, y descubrir a través de las pistas qué personajes mienten, quiénes dicen la verdad, quién es el lobo feroz y si hay lobo. Creo que es un ejercicio interesante.
Desde fuera parecen dos actores muy opuestos, ¿es así?
D.: Sí, tienes toda la razón [risas]. Creo que puede parecer eso, pero en el fondo hacemos lo mismo, tratar de comprender al personaje. En este caso hay un plus, porque Adriana y yo ya habíamos trabajado juntos. Nos conocemos. La fuerza de la mirada de Adriana me acompaña.
U.: Y a mí la suya. Yo creo que hacemos un primer trabajo de guión potente. Personalmente busco cosas. Como cuando una está embarazada, y no para de ver mujeres embarazadas en la calle. Cuando me he comprometido en hacer un personaje de determinadas características, no paro de ver cosas que me ayudan. Vas viendo referencias y te vienen ideas. Hasta en sueños te aparecen cosas. Una vez en el set, teniendo claras unas pautas, te tienes que despegar de la letra y de la palabra y dejarte llevar.
¿Han visto el original, Big Bad Wolves (el film es un remake), o preferís trabajar desde cero, sin contaminaros?
U.: Desde cero. Mi personaje era un hombre en la otra película. Pero aunque no hubiera sido así tampoco me habría fijado. Me parece una adaptación libre, y no quería robar nada a un actor que se lo ha trabajado él solo en su casa.
D.: A mí me ofrecen un proyecto y éste es el proyecto. Si lo hubiera visto, no pasaba nada, pero no voy a buscarlo expresamente.
¿Cómo ha sido el trabajo con Gustavo Hernández, el director?
D.: Bastante fructífero. Es una persona muy dialogante, abierta a la hora de escuchar y muy decidida a la hora de decir que no. Así debe hacer. Se ponen cosas en común, pero al final se decide. Si tiene claro algo, como debe ser, te hace recular y tú haces lo que dice el señor director. Tiene una sensibilidad especial hacia lo oscuro y tenebroso, cuando él es una persona tímida y encantadora.
U.: Sabía coordinar muy bien a todos los departamentos. Yo tenía una idea, pero me decía que teníamos que consultarlo con los de vestuario y con los maquilladores, para remar todos en la misma dirección. Tenía muy en cuenta a todos. Estaba abierto al diálogo, como comenta Antonio, así que todo se negociaba, pero cuando para él era importante ir hacia un lugar determinado, trataba de explicarlo muy bien. Estaba bajo presión, pero sabía estar el tiempo que necesitámos con nosotros.
¿Es difícil mezclar humor con tensión?
D.: Sí, es complicado. Sabemos que estamos en una película dura y violenta. El humor podría ridiculizar a los personajes, y disminuir la fuerza de una historia tan potente. Tal y como ha quedado, las risas la engrandecen. No sé si el espectador se ríe, o necesita un poco de aire fresco y soltar una carcajada para relajarse, tras los momentos más duros. Todo está ya inventado. En las obras de Shakespeare, detrás de las peores muertes, siempre hay una pareja que saca una sonrisa a los espectadores.
U.: En mi caso no estaba buscado. Al ver la película terminada, he visto que en algunos momentos te ríes con mi personaje, pero cuando lo interpretaba, no pensaba que iba a suceder eso.
¿Fue complicado el rodaje teniendo en cuenta que transcurrió en la época más dura del coronavirus?
D.: Sirvió de ayuda. Ni los actores ni el equipo nos podíamos ver fuera. No había dispersión. Eso ayudó mucho. Nos veíamos en el sótano. Porque los personajes no se conocen, salvo el de Adriana y el mío. Fue duro, porque no te podías relajar con los compañeros.
U.: Las primeras palabras que le dirigías a tu compañero eran las de tu personaje. Le decías todo lo que le ibas a hacer antes de darle los buenos días.
