En “La contadora de películas”, Antonio de la Torre da vida al chileno Medardo, trabajador de una mina que se queda parapléjico por culpa de un accidente. Al disminuir el poder adquisitivo del clan, su hija tiene que ir sola al cine, y contar la película al resto de la familia.
Aunque proceda de Málaga, Antonio de la Torre se lo ha trabajado tanto que parece nacido en el Desierto de Atacama, donde transcurre la acción del film. Pese a haberse ganado a pulso el título de grande del cine español, sorprende la humanidad, sencillez y espontaneidad. Charlar con él resulta una delicia.
¿Por qué aceptó este proyecto?
Siempre digo en las entrevistas que porque saca a la luz lo que ocurrió con Salvador Allende. Pero mire, le voy a ser sincero. No iba a decir que no a una película dirigida por Lone Scherfig, con Bérénice Bejo, protagonista de The Artist, como compañera de reparto. Habria aceptado hasta sin leer el guión. Cualquier actor habría hecho lo mismo. Además, rodar en Chile me resultaba muy atractivo. En suma, me dejé guiar por el sentido de la aventura.
Una vez terminada la película, me quedo con su mensaje reivindicativo. En las películas entras de una manera y sales de otra. También el espectador tiene unas expectativas, pero a la hora de la verdad se fija en otros elementos de la cinta.
Como persona de izquierdas, creo que el gobierno de Salvador Allende ha sido el momento histórico en el que mejor se ha aplicado el socialismo, junto con la Edad de Piedra. Dicen muchos autores que durante miles de años la especie humana era socialista, antes de la llegada del capitalismo. Durante la época de los recolectores. No soy un experto historiador, pero tengo muchas inquietudes.
¿Cómo ha sido el rodaje?
He tenido una gran relación con los actores chilenos y con la directora de casting. Rodamos en La Orihuela, un pueblo del desierto. Pero he ido con algun compañero de reparto a Santiago de Chile. Ahí hemos visto el Museo de la Memoria. Me acompañó Ariel Mateluna, protagonista de Machuca, que aquí hace un papelillo, es uno de los amigos de mi personaje.
Fui allí pensando que era una experiencia internacional exótica. Pero luego me sentí acogido, amo el país como si fuera el mío. Me pasó también con Uruguay cuando rodé La noche de 12 años. Llegué en un momento especial, con la preparación del Proceso Constituyente en 2022.
¿Cómo preparó tan bien el acento chileno? Parece de allí.
Con una coach, Moira Miller, con la que he hecho una gran amistad. Ha trabajado en las películas de Sebastián Lelio. Primero empezamos por Zoom, y luego una vez en Chile estábamos todo el día hablando.
Hice un proceso de inmersión total. Me leía todo lo que podía, me levantaba escuchando la radio, etc. Íbamos puliendo las frases poco a poco. Mi teoría es que el chileno, por compararlo con los acentos españoles, está entre el andaluz y el canario. Sabía que por ahí estaba mi puente. Me obsesioné mucho con ese tema, pero creo que ha quedado bien.
¿Ha contado alguna vez alguna película?
Sí, muchas veces. Creo que es propio de gente humilde. Conocí a Hernán Rivera Letelier, autor de la novela. Me contó que se le ocurrió el libro porque cuando trabajó en la mina conoció a un tipo que le dijo que no tenía dinero para ir al cine en familia. Así que había mandado a una de sus hijas, la que tenía más gracia a la hora de contar después la película. De ahí surgió el relato de una niña con una habilidad especial para narrar cine.
Recuerdo mucho a un amigo mío, Paco el de la Julia. En andaluz se quedó con Paco la Julia, porque se tiende a recortar. Recuerdo que cuando teníamos 13 años llegó un día y nos contó que había visto Tiburón. Entonces era todo un hito, porque a los niños no nos dejaban entrar a ver películas para adultos. Fue el primer contador de películas que conocí. Nos sentábamos en la escalera de mi portal. Se convirtió en un héroe para todos nosotros.
Recuerdo que nos contó que se puso el abrigo tapándose un poco la cara, para que no se viera realmente la edad que tenía. No sé si era verdad que vio Tiburón o se lo inventó para darse aires de grandeza. Cuando le vuelva a ver se lo tengo que preguntar.
¿Cómo ha sido trabajar con Lone Scherfig?
Me imponía un poco,porque para mí era un mito. Pero ha resultado ser muy educada y muy buena persona. Tenía la sensación de que me cuidaba mucho, y de que era ella la que me consideraba un mito a mí. Da He conectado tanto con ella que quisiera volver a trabajar otra vez con ella. Es difícil, porque tendría que llegar el proyecto adecuado. Ella está en Dinamarca y yo en España. Sería imposible, pero ojalá. Me llevaría una buena alegría. Creo que los dos nos hemos quedado con ganas de repetir.
El film es un sentido homenaje a las salas de cine, ¿cree que es necesario ese mensaje?
Sí, porque ver el cine en pantalla grande nunca es lo mismo. Tengo en casa un buen sistema de sonido, y una buena pantalla. Pues no es lo mismo. Puedo poner la pelicula con gran calidad, aunque no llego ni de lejos a la de cine. Empatar con el cine en calidad es cuestión de ricos. Yo soy un pobretón, no tengo lo que cuesta montar una sala.
Además, la experiencia no es comparable. Me falta ver la película con más gente, aislarme de la realidad, etc. La sala es siempre una experiencia. Uno se acuerda más de las cosas cuando le cuestan más esfuerzo. Si te molestas en comprar la entrada, desplazarte hasta allí, etc., al final la película te impacta más y te deja más poso.
