Se dio a conocer con los recordados programas televisivos “La hora chanante” y “Muchachada Nui”, pero después se ha convertido en uno de los grandes del cine cómico español, tomando el testigo de ilustres actores que han hecho reír a varias generaciones. Julián López encarna a un rapero que se resiste con uñas y dientes a cambiar por muchos años que pasen en “Matusalén”.
Me recibe en un hotel madrileño, donde me llama la atención su humildad. En persona más de uno se sorprenderá por su seriedad, que contrasta con sus alocados papeles. Queda claro que hace reír a base de mucho trabajo y dedicación.
Creo que ha sido su papel más difícil, pues el personaje pasa de ser un tipo caótico a mentor de jóvenes.
Estoy de acuerdo, aunque considero que en mis otras comedias –casi siempre es el género que abordo– mis personajes siempre evolucionaban también. En el caso de Albert, protagonista de Matusalén, a la vez que él cambia, también hace que lo hagan todos los que le rodean, tanto los de su generación como los chavales. Todos empiezan a mirar la vida a través de sus ojos, y entienden el mensaje que divulga, sobre la importancia de mantenerse fiel a sí mismo.
Creo que también es un personaje que demuestra que lo importante en la vida no es seguir el orden establecido, y que te digan qué debes hacer ahora, y adónde debes dirigirte después. Todo lo contrario, aboga por ser genuino y seguir hacia delante con todas las consecuencias.
¿Cómo ha preparado el personaje de esta película?
Escuchando música, como hago siempre. Mi vida ha estado marcada por la música desde niño y me he formado como músico y he tocado mucho, y me sigo sintiendo músico porque al final es una manera de vivir y de pensar. Incluso, pienso musicalmente, así que para mis papeles siempre me ayudo de piezas que a veces tienen que ver con la historia. Otras no, pero me ayudan a llegar a los sitios a los que quiero ir. En esta ocasión, tenía claro que debía escuchar rap.
Escuchaba hip hop al levantarme. Después, también en el coche que me llevaba al rodaje. Pienso que me ponía en situación, así que llegaba ya con la actitud necesaria. No había escuchado rap casi nunca, pero me ayudó a diseñar hasta la forma de caminar del personaje.
Ha grabado un rap que suena al final que puede pegar fuerte.
La verdad es que la canción está muy bien. Entre los productores musicales están diciendo que tendrá éxito. Yo creo que sí. Está escrita por el director, David Galán Galindo, que es apasionado de este género musical. Durante el film, suenan algunas canciones, y cuando al final se escucha ésta, y la película se transforma en un videoclip, el efecto es abrumador.
¿Tuvo que prepararse para cantar rap?
Sí, pero por suerte conté con ayudantes valiosos, como “Los violadores del Verso” –grupo emblemático de ese estilo musical–, que andaban por allí. Sobre todo me ayudó el propio David Galán Galindo, que fue rapero. En el equipo de sonido estaba Darmo, que ha grabado discos y todo. Me decían que no sólo era cuestión de entonar, sino de actitud. Me dieron su bendición, así que no debí hacerlo mal. Haber contado con la aceptación de los raperos de verdad es lo que me deja más tranquilo. Al menos, estoy convencido de que no haré el ridículo.
Pienso que a los apasionados de este género les gustará el film. Eso no quiere decir que el público general no pueda seguirlo sin dificultad.
¿Crees que es posible madurar sin renunciar a los sueños de la juventud? Es el tema central de Matusalén.
Pienso que el film tiene chicha. Nosotros mismos, que la hemos rodado, cada vez que vemos un nuevo montaje, nos decimos “vaya, tiene más enjundia de lo que parece en un primer momento”. Algunas personas piensan que la comedia no tiene por qué tener mensajes, que es sobre todo para hacer reír. Pero es que da mensajes sin querer. Cualquier película coge como base la vida, y por tanto al final ofrece enseñanzas humanas.
Matusalén habla sobre qué triste resulta tener una vida que no quieres, o no poder hacer lo que te gustaría, porque te señalan. La sociedad te señala que ya es hora de madurar, pero tú piensas que mejor que te dejen en paz. Además, el film habla de la precariedad laboral, de los amores perdidos que después se recuperan.
Es un poco autobiográfica. Se nota que el propio David Galán Galindo habla de su experiencia personal para llegar a convertirse en director de cine, pese a que quizás lo ha pasado mal.
Por eso habla tanto sobre la importancia de mantenerse fiel a sí mismo.
Su anterior trabajo, Orígenes secretos, ya era una comedia de autor, porque refleja muy bien su parecer, y su forma de ver el mundo. Los personajes son muy personales. Por eso, Matusalén es una película muy auténtica en todos los sentidos. Los raperos le dan mucha importancia a ser uno mismo. Son gente muy genuina.
También habla del bullying.
Se trata de un problema muy extendido. Yo lo sufrí en su momento, pero ahora por suerte se vigila más. Por ejemplo, me parece positivo que se le haya puesto una etiqueta, porque eso ayuda a reconocerlo como un problema real, y si lo señalamos estaremos más cerca de resolverlo. En mi época, era lo que tocaba, nadie hacía nada para impedirlo.
Para reflexionar sobre este asunto, se hace un homenaje a la película Carrie, donde los gamberros hacían la vida imposible a la protagonista. Siempre hay que denunciar a ese tipo de gente, que todavía existe.
Confieso que me ha gustado de Matusalén que ataca a los fundamentalistas de la corrección política.
El guión me pareció inteligente, porque viene a decir que hay gente que se apropia de las causas justas, para después mirar a los demás por encima del hombro, por puro postureo. En una escena me acusan de haber hecho llorar a la chica “por llamarla negra”, pero ésta asegura que no le ha molestado nada de lo que yo haya dicho. ¿Se podrá defender ella sola? Además, mi personaje es apasionado de artistas negros del hip hop, como Public Enemy, es un género mayoritariamente afro, o sea que no se le puede calificar como racista.
Me acuerdo de que algunos se ofendían en su momento por los chistes de Irene Villa. Pero un día, ella misma dijo que no le molestaban. Nos dio una gran lección. Una mujer modélica. Muchas veces, los interpelados le quitan hierro a las cosas porque hay que poner las cosas en contexto y no volvernos locos. El propio interpelado le quita hierro, pero los demás no. ¿Quién eres tú para decirme a mí que me enfade?
Creo que este mensaje se incluye en el film con mucha sutilidad, y surge de forma natural en la trama. El director no quiere que se detenga la historia para sermonear a nadie. No funcionaría. Eso nunca ha funcionado. Cuando se nota que la película te quiere dar una lección, te sales de la trama.
Abundan las referencias frikis, como en la boda según el rito de H.P. Lovecraft.
David Galán Galindo intenta que el film lo entienda un público amplio, o sea cualquiera que quiera verla. Pero le encanta poner perlas, que quizás sólo entiendan cuatro o cinco, pero esas pocas personas serán muy felices.
Matusalén tiene un par de momentos surrealistas, en el más puro estilo de Aterriza como puedas.
Se vuelve surrealista, por ejemplo en una especie de juicio que aparece, y cuando se habla de “la bestia negra”, y aparece una mujer despampanante ficticia, que después se integra en la realidad. Son elementos que retrotraen al realismo mágico. No es fácil integrarlos en la película sin hacer el ridículo, pero creo que este director los saca con enorme eficacia. Pueden parecer secuencias exageradas, pero no rompen la película.
En Matusalén está rodeado de grandes figuras del cine español, que interpretan los papeles secundarios.
Alucino cuando veo que Antonio Resines ha sido secundario en una película mía. Cuando iba al instituto les admiraba mucho. Nunca pensé que llegaría a rodar una película, y menos con ellos. ¡Y que Resines daría vida a mi padre! Un sueño hecho realidad. Increíble que Manuel Galiana encarne a mi abuelo. Hace poco en casa hacia zapping cuando vi una película de la época del spaghetti-western, donde aparecía este último actor de joven. Todo un honor trabajar con él. Y están Miguel Rellán, Jorge Sanz, y otros intérpretes de primera.
¿Qué me puede decir de la polémica de su anterior trabajo, Ocho apellidos marroquís? Los guionistas originales afirman que no la concibieron como una secuela de Ocho apellidos vascos.
No es exactamente así. Se exageró mucho esa cuestión. Sí que hubo algunas transformaciones, pero fue todo mucho más natural de lo que se ha publicado. Los medios se inventan a veces auténticas películas, porque necesitan que la gente los lea. La película funcionó muy bien y pienso que era divertida.
