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"No importa la ideología, sino las personas"

Entrevista con Robert Guédiguian, director y guionista de “Que la fiesta continúe”

Un honor entrevistar a Robert Guédiguian, que ha viajado a Madrid para presentar su última película, "Que la fiesta continúe", en la tercera edición de "Francia está en pantalla", muestra organizada por el Instituto Francés. De hecho, el realizador me recibe en la terraza de esta institución, oasis urbano de vegetación exuberante, donde aparece acompañado por su esposa, Ariane Ascaride, musa y protagonista de la película, como es habitual.

Entrevista con Robert Guédiguian, director y guionista de “Que la fiesta continúe”

Acabo de ver Que la fiesta continúe, que cuenta muchas cosas, pero aunque no la he podido meditar todavía me da la impresión de que quiere hablar sobre todo del legado que les vamos a dejar a las siguientes generaciones. 

El mundo ha cambiado mucho. Obviamente, las nuevas generaciones continúan con la acción, con la acción política, pero utilizan otros métodos, formas que nosotros no conocemos. Nosotros funcionamos con instituciones muy estructuradas, como los partidos y sindicatos. Pero en esta película quería mostrar otros caminos, no exactamente dentro de la política, sino en los márgenes de ésta. El activismo, los grupos de teatro con fines sociales, etc. En el fondo siguen siendo política, de hecho se ve que la organización humanitaria donde trabaja la joven protagonista está financiada por partidos políticos. En cualquier caso, la idea que subyace en la película es que lo importante no es la ideología, sino las personas.

que la fiesta continueQue la fiesta continúe entremezcla diversas tramas, con una multitud de personajes, y no se sabe muy bien qué va a ocurrir.

Intenta ser como la vida, que no es un relato perfectamente estructurado. Siempre surgen imprevistos. Simplemente entrelazo los periplos de personajes que representan las ideas que quiero transmitir. Cada pensamiento está encarnado en uno de los protagonistas. El hijo está preocupado por su herencia armenia, y duda si dejar su hogar para hacer algo, la madre duda si debe involucrarse en la política, y tampoco sabe si le conviene vivir una historia de amor. Obviamente, mis creaciones chocan entre ellas, porque si hablara de un único personaje, no tendría conflicto, y no habría película.

Pese a que hace cine social, tiene un tono poético.

Para contestarle a esto, tengo que citar a Pier Paolo Pasolini. Siempre me gusta citar a autores como él. Dijo: “Si usted quiere, si ama de verdad, a un país, a un pueblo, a una mujer, a un hombre, a un bosque, al mar, hace poesía. Si no lo haces sinceramente, sólo puedes hacer literatura."

En sus últimas películas siempre manifiesta una preocupación por las minorías étnicas, y también quería aquí hablar de los armenios, ¿no? Siendo usted armenio, ya habló de este asunto en Le voyage en Arménie (2006), pero por norma general no ha incursionado en su pueblo.

Casi es un posicionamiento, por mi parte. Moral y filosófico. Estoy convencido de que siempre tienes que estar del lado de los más pequeños. Es la función de los cineastas. Nuestra función, realmente, es estar del lado de los más débiles.

Si me pongo del lado del armenio, es porque es un país muy pequeño también. Es verdad que soy armenio, pero también estoy a favor de los irlandeses, de los palestinos, etc. Estoy dispuesto a hacer películas sobre todos los desfavorecidos. Es como si estuviera en el patio del colegio donde defendería al más pequeño, al más débil. Odio al más grande que le da una bofetada al otro, es mi posicionamiento ético.

En estos momentos, Armenia está muy amenazada. Publiqué un texto en la prensa de Francia donde digo que la especie Armenia se ve amenazada. Ya no hablo de Armenia como nación, ni del pueblo. Hablo de la especie, como si fueran abejas, ¿sabes? Estamos en peligro de extinción. La situación es preocupante.

Sigue recurriendo a sus actores de siempre, Ariane AscarideJean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan, pero ahora ha incorporado a jóvenes como Lola Naymark y Alice Da Luz. ¿Es una táctica para interesar al público de cualquier edad?

A partir de ahora, voy a rodar siempre películas de jóvenes de la tercera edad (risas). Siempre he hablado de la edad que tenía, a través de actores de mi quinta. Cuando rodábamos a los 25 años, hablábamos de personajes de 25. Luego, de 30, 35, 40, 45, etc. Seguiremos así hasta que tengamos 80 ó 90. En ocasiones hablo de personajes que podrían ser de un amplio rango de edad. Ahora mismo estoy escribiendo un guión, que valdría para actores de 40 años o de 60. Al fin y al cabo, tienen preocupaciones similares.

Sí que es verdad que con mis actores habituales no puedo contar algunas cosas que quiero. Por eso he incorporado muchos jóvenes en esta ocasión. Es una película más coral de las que suelo rodar. Y los personajes jóvenes tienen mucha fuerza.

Ariane Ascaride (que está escuchando): Muy pronto nos echa. A los viejos nos enseña la salida (risas). Antes a los jóvenes les daba papeles más secundarios. Ahora nos equilibra bastante...

En cualquier caso, al recurrir siempre a su compañía estable, el espectador tiene la sensación de estar en familia. ¿Quiere conseguir este efecto como realizador o elige siempre a los mismos actores porque le resulta más cómodo?

Al principio de mi carrera produje mucho teatro, y este ámbito es habitual tener una compañía con los mismos actores que se enfrenten a diferentes montajes. Cuando empecé a rodar cine, elegía siempre a los mismos porque no tenía posibilidades de reclutar a otros. Con el tiempo, eso se convirtió en mi marca personal, mi forma de hacer cine.

Además, soy un director bastante exigente, así que me quedo como actores habituales con profesionales que pienso que me van a dar lo que necesito. En cualquier caso, soy consciente de que existen otros intérpretes maravillosos, y en principio estoy abierto a trabajar con muchos de ellos.

Somos como una familia. Llevamos 25 años juntos y otras tantas películas. Hemos sobrevivido a dificultades, rencillas y malos momentos, y seguiremos así mucho tiempo. Estamos demostrando que es posible rodar un cine colectivo a lo largo del tiempo sin separarnos. Pienso que al público le gusta la experiencia, o sea que durante la proyección tiene como una epifanía, porque la comunidad de la película y la comunidad de cada espectador se entremezclan.

Otro de los elementos clave de su cine es que casi siempre rueda en Marsella, ¿por qué ocurre así?

Lo que ocurre en Marsella ocurre en el resto del mundo. Hablo de la desunión de la izquierda. Eso pasa en España también. Marsella es un microcosmos de todo el mundo. Siempre tienes que vigilar que lo que cuentas interese en todo el mundo, no sólo a mí, porque entonces no podría hacer cine.

Creo que si coges todos los guiones, todas las historias que hemos filmado, puedes rodarlas en cualquier sitio, estoy seguro. Otro cineasta, otro realizador, cogería este guion y podría rodarlo aquí, con españoles. Podría pasar de Marsella a Marbella (risas).

No pasaría nada. Estamos hablando del guion, ¿eh? Otra cosa es que debería recurrir a actores creíbles en el nuevo entorno. O también un alemán, o sea, puede llevarse la acción a Berlín, a donde sea, ¿no? 

En cualquier caso, Marsella proporciona unas localizaciones extraordinarias, ideales para mis películas. Los decorados son la forma de la película. Hay un solo mundo, pero cada lugar tiene formas diferentes. Por eso es un planeta tan rico. En cualquier caso, lo importante es que el contenido es el mismo.

O sea, todas las madres del mundo quieren a sus hijos.

¿Cómo trabaja con el co-guionista Serge Valletti? Porque en esta película están muy cuidados los diálogos. Una representación en torno a una estatua de Homero que se ve en la pantalla es una maravilla. 

Llevamos ya muchas películas juntos. Casi no hace guiones, trabaja sobre todo en teatro. Por norma general sólo trabaja en solitario. Pero es un gran autor de teatro francés. Muy conocido. Y se le interpreta muchísimo. Es uno de los autores más representados en Francia, actualmente. Recurro a él porque no actúa como un co-guionista. 

Por norma general los guionistas están un poco frustrados, ¿no? Claro, el autor de la película siempre es el director. Al menos en Francia. El guionista a veces tiene la sensación de que no cuenta para nada. Por suerte, con Serge no pasa nada. Porque él tiene su mundo teatral, está muy reconocido. Está encantado de trabajar conmigo porque se divierte, y le parece interesante.

Además, me complementa muy bien. Si yo digo una frase, y la dejo ahí, él me pide que esperemos, y que ampliemos lo que hayamos encontrado. Cuando escribimos el diálogo conversamos los dos, como si fuéramos los personajes. Así surgen ideas. Tiene una imaginación tremenda.

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