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“De niña no sabía porqué la gente admiraba tanto a mi abuelo”

Entrevista con Carmen Chaplin, directora de “Chaplin, espíritu gitano”

No todos los días se encuentra uno con la nieta de Charles Chaplin y biznieta del dramaturgo Eugene O'Neill. Acudo a una entrevista en un hotel madrileño con Carmen Chaplin, autora de “Chaplin, espíritu gitano”, documental que explora los posibles orígenes romaníes del autor de “Candilejas”. Entre recuerdos familiares, proyectos cinematográficos y reflexiones sobre su recuerdos, destila carisma y pasión artística, manteniendo vivo el legado de su ilustre linaje mientras crea una voz propia en el cine. Una charla inolvidable.

Entrevista con Carmen Chaplin, “Chaplin, espíritu gitano”
Foto: Juan Luis Sánchez

Nació pocos años antes de la muerte de su abuelo Charles. ¿Tiene recuerdos de él o historias que le hayan marcado?

Aunque era muy pequeña, hay anécdotas que han vivido a través de las historias de mi familia. Recuerdo las Navidades y la Pascua en su casa como algo muy especial. Eran reuniones cálidas, llenas de humor, y mi abuelo siempre era el centro de la atmósfera.

Crecí en una granja con mis padres que no era demasiado glamurosa. Era muy sencilla. Íbamos a visitarle. Solía ser para esas grandes fiestas y yo no sabía quién era realmente mi abuelo, sólo recuerdo que la gente lo admiraba mucho, pero no sabía por qué.

También he crecido viendo sus películas y descubriendo, con los años, la profundidad de su genio.

Su documental menciona una carta que se encontró años después de la muerte de su abuelo. ¿Puede contarnos un poco más?

Claro. Era una carta que Charles Chaplin había guardado celosamente, en la que alguien afirmaba ser consciente de sus raíces romaníes. Para él, eso era profundamente significativo, pero era algo que mantenía en privado. Charlie recibía miles de cartas, pero la única que guardó, en su mesilla de noche y bajo llave, fue esta. Mi padre quedó fascinado con la carta y con la idea de explorar las conexiones de la familia Chaplin con la cultura gitana, y eso es parte de lo que me llevó a contar esta historia. Decidimos rodar un documental en el que mi padre iría a buscar esos orígenes gitanos. Lo primero que hicimos fue decidir desde qué ángulo íbamos a rodar la película. Entonces me documenté mucho sobre Charlie y su madre. Y también he querido indagar en la relación que mi progenitor tenía con mi abuelo. Y poco a poco todo fue encajando. Lo más difícil fue visionar la gran cantidad de películas caseras que acumuló mi abuelo. Era muchísima documentación y nos costó ordenarlo todo.

¿Le chocó descubrir que Charles Chaplin tuviera un origen gitano?

La idea de que naciera en una caravana en ese poblado gitano es muy romántica. Cuando el FBI lo investigó (por la Caza de Brujas del Mccarthismo), nunca encontraron su certificado de nacimiento ni pudieron demostrar dónde había nacido. Nosotros tampoco, pero cabe la posibilidad de que así fuera. Por eso nos apasiona esa idea tan romántica y novelesca. Naciera donde naciera, Charlie estaba orgulloso de esas raíces gitanas.

¿Cómo era la relación de su padre con su abuelo?

Charles Chaplin se sentía decepcionado de que su hijo Michael no siguiera sus pasos en el mundo del espectáculo, pese a que aparecieron juntos en Un rey en Nueva York cuando mi padre apenas era un chaval. Eran de generaciones muy diferentes. Charlie creció en la era victoriana, en la más absoluta pobreza. Tuvo que buscarse la vida desde los cinco años porque su madre tenía muchos problemas de salud. Eso hizo que, desde muy pequeño tuviera esa enorme fuerza y resistencia. Y que, al mismo tiempo, intentará ayudar a la gente pobre, y cambiar las cosas. Tenía un corazón enorme.

Pero mi padre nació en la riqueza en los años 50. Era un hombre muy introvertido al que le gustaba mucho leer. Y Charlie quiso endurecerlo. Pensaba que, para enfrentarse al mundo debía cambiar. Se querían mucho, pero no se encontraban. Creo que darle ese papel a Michael en Un rey en Nueva York fue un acto de amor. Una forma de demostrarle cuanto lo quería..

El documental también toca la complejidad de la comedia y el drama en el cine de Chaplin. ¿Cómo fue para usted explorar esas emociones tan universales?

Fue un reto maravilloso. Chaplin dominaba como nadie ese balance entre lágrimas y risas, algo que requiere una enorme sensibilidad. Hay escenas en películas como Luces de la ciudad que encapsulan eso perfectamente. Como familia, creo que llevamos ese sentido de humor como una herramienta para afrontar las dificultades, algo que también conecta con la cultura gitana.

¿Cree que su trabajo puede ayudar a dar visibilidad a esta comunidad, que sigue siendo marginada en muchos lugares?

Eso espero. Quiero que el documental sea una celebración de la riqueza cultural de los gitanos, mostrando su humor, su música y su capacidad de encontrar alegría incluso en la adversidad. Creo que eso fue algo que mi abuelo también reflejaba en su cine: humanidad en su forma más pura.

También dirigió cortometrajes antes. ¿Siempre tuvo la intención de dirigir, o fue algo que llegó con el tiempo?

Siempre estuvo ahí, pero actuar fue mi primera puerta de entrada al cine. Luego, cuando cumplí 30, comencé a escribir guiones y a explorar la dirección. Fue un proceso natural.

¿Qué diría que ha aprendido como actriz al ver cómo Chaplin transmitía tanto sin palabras?

He aprendido que el lenguaje corporal y la expresión pueden ser tan poderosos como las palabras, si no más. Mi abuelo tenía una forma única de comunicar emociones universales, y eso sigue siendo una gran inspiración para mí como creadora.

Finalmente, ¿tiene una película favorita de tu abuelo?

Es difícil elegir, pero creo que Tiempos modernos y El gran dictador ocupan un lugar especial. Reflejan su sensibilidad artística y su compromiso con las causas sociales.

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