Susan Sarandon es una actriz que no tiene ya nada que demostrar. Con casi 40 años trabajando ante la cámara, ha demostrado la raza de las grandes intérpretes. Además, tiene una honda inquietud política, y manifiesta sus opiniones sin miedo a que la señalen. Lo que no quita una vena sentimental, pues cuando se le pregunta por la película favorita de su filmografía menciona Los búfalos de Durham, gracias a la cual conoció a su amado Tim Robbins. Estuvimos con ella a su paso por Madrid para presentar Aritmética emocional.
Sorprende verla en este film, casi independiente, de nacionalidad canadiense.
Cada película es un mundo nuevo, tenga o no la gente que interviene en ella experiencia en rodar. Hay que encontrar, según las circunstancias, el modo de sacar lo mejor de ese trabajo. Y ayuda ver el coraje del otro, que te obliga a ir más lejos en tu trabajo. Cada uno aporta su peculiar personalidad, y en un reparto tan maravilloso todos dependíamos unos de otros, lo que hacía la experiencia más interesante. Max Von Sydow hace un magnífico trabajo, pero quiero destacar lo que ha hecho Christopher Plummer. Me quedé atónita, porque saca adelante un personaje profundamente antipático, y le aporta toques de humor.
Ésta es una película sobre la memoria. ¿Cree que estamos obligados a recordar?
A veces me acuerdo de más cosas de las que quisiera, y quisiera olvidarlas. (risas) Ahora en serio, creo que hay recordar ciertos sucesos terribles para perdonar.
¿Qué criterios sigue para elegir un papel?
Es muy importante la familia. Durante mucho tiempo he elegido rodar en verano para poder estar con mis hijos, y poder llevármelos al rodaje. Luego también considero importante que la película que haga sea una película de la que se pueda hablar, que cuente y aporte algo. Deberías poder hacerle al director la pregunta ‘¿de qué trata la película?’ y obtener una respuesta. Por supuesto, también cuenta el equipo con el que trabajas, la gente, también en el reparto. Esta película quizá no la habría hecho si no hubiera contado con un reparto tan excepcional. Y claro, cobrar también es importante, aunque a veces baje mis exigencias, según el caso.
¿Por qué dice que tal vez con otro reparto no habría hecho este film?
Bueno. A veces los estudios funcionan con un criterio en que eligen a un actor para un papel por ‘lo que vale’. Pero ese ‘lo que vale’ no se refiere a su valía interpretativa o a que sea el más idóneo para el papel, sino a un valor de mercado, en que piensan que su presencia aumentará la taquilla. Con tal planteamiento se han hecho reparto horribles en algunas películas. Y ésta es una película que trata un tema delicado, y necesitas buenos actores para hacerla, si no no habría funcionado.
¿Cuál diría que es el tema principal de la película?
La película trata de una tragedia. La gente muere, y hay que ver cómo se afronta esa pérdida, el modo de seguir adelante. No es una película sobre el holocausto. Por ejemplo, sé de madres a las que les cuesta mucho superar la muerte de su hijo, como es lógico. Hubo un caso en Estados Unidos que ocupó los titulares, de una madre cuyo hijo se ahogó. Entonces creó una asociación para enseñar a nadar a niños desfavorecidos, encauzó el dolor de ese manera. Cuando sucede una tragedia así, el gran problema es cómo gestionar el dolor. Hay que seguir adelante, pero a la vez no quieres perder el respeto, el cariño, a ese ser querido.
¿Cómo lleva su conocido activismo político?
Bueno, no es para tanto, todavía no he acabado en Guantánamo… (risas) Se trata de algo duro mantener una postura política clara, porque te sientes de algún modo apartada de la tribu. Es doloroso y triste, sobre todo cuando escriben artículos difamatorios sobre tu persona. Mucha pregunta no quiere hacerse preguntas, y te encuentras aislado. ¿Ha afectado a mi carrera como actriz? En principio Hollywood no es político, y quiero creer que no, pero no hay forma de saberlo con seguridad. Pero tengo la seguridad de que muchos actos a los que me han invitado y luego han sido cancelados, lo han sido por mis ideas. Vivimos en una sociedad en mi país en que se desea mantener vivo el miedo, y los medios de comunicación son cómplices de ello.
¿Cuál es el secreto, su ‘método’ como actriz?
Bueno, yo no he estudiado en ninguna escuela de interpretación. Al elegir papeles me dejo llevar por la intuición, respaldada por el intelecto. Creo que tengo una virtud, que sé escuchar, y eso me ha ayudado mucho. Luego aplico la imaginación para crear mis personajes.
¿Se deprime en alguna ocasión?
Supongo que como todo el mundo. Te cansas y puedes frustarte. Llevo veinte años de convivencia con Tim Robbins, y sí, le quiere mucho, pero el día a día con la misma persona… Y están los hijos, que son muy divertidos, pero que tienes que dedicarles mucho esfuerzo, y no es lo mismo cuando son pequeños que cuando son mayores. No les dejo acompañarme cuando voy a una manifestación, pero les explico lo que hago, o les traigo de recuerdo las esposas con que fui detenida.
¿Qué le ha parecido la designación de Obama Barack como candidato demócrata a la presidencia?
Ha sido increíble, me ha recordado al caso reciente de Fernando Lugo en Paraguay, elegido presidente frente a los candidatos convencionales. Obama se enfrentaba a la maquinaria del partido demócrata, la dinastía de los Clinton, que tenía todas las papeletas para ganar. Yo debo reconocer que apoyé inicialmente a John Edwards, pero claro, era blanco y normal, y frente a los otros dos candidatos, un negro y una mujer, se ve que no tenía nada que hacer. (risas) He tenido ocasión de conocer a Obama hace poco y me ha sorprendido. Ha viajado mucho y sabe escuchar. Creo que si sale elegido llevaría la presidencia como ha llevado la campaña, y eso sería muy bueno. Con él mejoraría sin duda la cuestión de la diplomacia. En los ocho años de la presidencia de Bush, sólo se ha hablado con aquellos que están de acuerdo con la política estadounidense, y eso no puede ser bueno.
¿Le agradaría que Hillary Clinton optara a la vicepresidencia con Obama?
La verdad es que no. Creo que sería muy hipócrita por parte de Obama si después de haber ilusionado a la gente con la idea del cambio, escogiera como compañera de campaña a alguien que representa a la maquinaria del partido, que lo que desea es el poder. No basta con que haya una mujer mandando, ahí están Condoleezza Rice y Margaret Tatcher, cuyas ideas no comparto. Lo que hace falta es aire nuevo, y entre las mujeres demócratas hay gente muy válida distinta de Hillary.
Recientemente hizo un papel secundario en la película En el valle de Elah, muy crítica con Estados Unidos.
No creo que sea una película crítica con Estados Unidos, lo que critica es la guerra de Irak y los cambios que produce en la gente, sobre todo en gente muy brillante. Esta guerra sólo afecta a un 1% de mis compatriotas, los soldados son voluntarios, frente a Vietnam, donde iban los reclutas de modo obligatorio. Esto hace que se hable menos de esta guerra, que se den por buenas explicaciones como la de que la mayoría de la gente en Irak está contenta por la intervención de Estados Unidos. Y lo cierto es que se está haciendo daño a la guerra civil, además de las taras que sufren los propios soldados cuando vuelven a casa, y de las que se habla poco. Hay suicidios, violencia en los hogares, problemas psíquicos… De todo esto hay poca presencia en los medios de comunicación.
