Desde que rodó la impactante Ciudad de Dios, el brasileño Fernando Meirelles está considerado uno de los grandes nombres del cine latinoamericano. Sin embargo, el éxito no se le ha subido ni mucho menos a la cabeza, porque en persona es un hombre afable, tranquilo y sonriente, que habla con una gran humildad. Transmite tanta ilusión con su mirada, que convence hasta a los más escépticos de las bondades de la película que ha venido a presentar a la capital española, A ciegas (Blindness), adaptación de una de las más famosas novelas de José Saramago.
¿Por qué decidió llevar al cine el libro de Saramago?
Porque cuando lo leí me impresionó tanto, que no quería que acabara nunca. Así que adaptarlo al cine fue un pretexto estupendo para seguir metido en la historia, aunque ya me la había leído. Yo había intentado comprar los derechos a Saramago, pero éste se negó. Muchos años más tarde, el productor canadiense Niv Fichman y el guionista Don McKellar viajaron a Canarias, donde vive Saramago, para negociar con él. Después de dos días lo lograron. Curiosamente, poco después el escritor me llamó para preguntarme si estaba interesado en ser el director.
¿Le ha gustado al autor la adaptación?
Después de las duras críticas que obtuve en el Festival de Cannes, estaba convencido de que Saramago iba a detestar la película. Pensé que mi carrera había acabado. Cuando se encendieron las luces, me di cuenta de que Saramago estaba llorando. Había quedado encantado con la adaptación. Me dijo que estaba tan feliz tras haber visto la película como cuando escribió el libro. Le di un beso y todo, y mi hijo, que venía conmigo, no pudo resistirse a grabarlo en vídeo. De hecho, creo que ha colgado la cinta en internet, después de pedirme permiso [http://www.youtube.com/watch?v=7XzBkM_LdAk].
No se sabe en qué ciudad transcurre la acción. ¿Tomó esta decisión para que parezca una película universal, que puede ocurrir en cualquier país?
Me gusta que el espectador no tenga muy claro dónde ocurre el film, porque no es una historia sobre Portugal, Brasil, ni sobre ningún otro lugar. Es una historia universal sobre la naturaleza humana. Por eso el reparto lo forman actores de diversas procedencias, con acentos distintos, aunque hablaran en inglés. Representan a la humanidad.
La ciudad es una mezcla de localizaciones. Aunque alguna escena la hemos rodado en Montevideo (Uruguay) y el hospital es una antigua cárcel de Canadá, la ciudad de rodaje es Sao Paulo, donde vivo yo. Decidí rodar ahí casi toda la película porque es una gran ciudad muy genérica, que podría estar en cualquier parte del mundo.
Se agradece su elegancia a la hora de tratar los asuntos más turbios de la novela. ¿Ha intentado suavizarla para que llegue mejor al público?
Cuando hice el primer montaje, era una historia mucho más dura. Tanto que hice el primer pase con público en Toronto, ante unas 500 personas, y al finalizar la proyección, el 40 por ciento del público se había marchado espantado. Decidí aligerarla, e hicimos un nuevo test en Nueva York. Sólo se habían marchado 12 personas, pero aún así la aligeré de nuevo por si acaso (risas). Me di cuenta de que aunque era una historia dura, me había pasado. Con este nuevo montaje resulta más asequible.
Saramago se declara nihilista. Ha dicho que es necesario ser pesimista, porque “sólo los pesimistas pueden cambiar el mundo: los que ven que las cosas no van bien”? ¿Está de acuerdo con esta frase? ¿Es usted optimista respecto al ser humano?
Pues estoy totalmente en desacuerdo. Es más, creo que sólo los optimistas tienen la energía y la vitalidad suficiente para cambiar el mundo. Yo creo que se debe ser positivo siempre, para poder hacer algo constructivo.
En cuanto a la película, me parece que es realista. Refleja cómo es la sociedad sin edulcorantes. Es cierto que muestra aspectos de la naturaleza humana terribles y desagradables, pero también apuesta porque prevalecerá la parte buena del ser humano.
¿La ceguera se interpreta como el egoísmo del ser humano, incapaz de ver y comprender a los demás?
La historia que cuenta el libro y la película no tienen una interpretación única. Todas las explicaciones que los espectadores conjeturen tienen sentido. Muestra muchos dilemas morales, aunque yo en la película he intentado ser más realista que la novela, donde las cosas son más en blanco y negro. Yo creo que en la realidad hay una gran escala de grises, porque los hombres no suelen ser ni buenos ni malos, sino que están llenos de matices.
El film genera muchas preguntas, aunque es posible que no haya dado demasiadas respuestas. Plantea cuestiones sobre la evolución del hombre, pero cada espectador que vea la película tendrá que reflexionar y descubrir cuál es su propia interpretación.
¿Cómo preparó a los actores para hacer de ciegos?
Organicé una especie de taller con los actores. Les puse vendas para que supiesen cómo se sentirían si hubieran perdido la vista, e hice con ellos diferentes ejercicios, como salir a caminar por la calle. Aprendieron cómo se tenían que mover, y cómo hacer las cosas.
Trabajando con actores tan estupendos no importa el método, porque siempre responden. El director no es tan importante...
El personaje más interesante es quizás la mujer de nombre desconocido –como todos los protagonistas– que interpreta Julianne Moore. ¿Ha quedado sorprendido por la capacidad interpretativa de esta actriz?
Es como un mecanismo de relojería. Si esperas algo de ella, responde inmediatamente y es capaz de hacerlo. Había entendido perfectamente de qué iba la historia, y sabe dónde tiene que colocarse frente a la cámara. No sé si es por su carisma o por su expresividad, pero tiene algo que te deja completamente sobrecogido cuando la ves actuando.
Trabajé mucho con ella, y con el resto de actores, ya que es una película llena de momentos intensos, y muy dramáticos. No ensayé con ninguno, ya que no me gusta ensayar. Perdería la espontaneidad que quiero recoger. Prefiero hablar muchísimo con ellos del personaje, y de cada secuencia concreta, y que luego lo interpreten por primera vez.
Este año triunfó en los Oscar Slumdog Millonaire, que tiene muchos puntos en común con su película Ciudad de Dios. ¿Ha visto la película de Danny Boyle?
Me ha interesado muchísimo la película de Danny Boyle. Es cierto que tiene puntos en común con mi película, por la cámara suelta, los colores, el uso de actores no profesionales, etcétera. Y porque también cuenta una historia de niños criados en los barrios bajos. Pero creo que la película de Boyle, a diferencia del libro en el que se basa, que era más oscuro, es una estupenda fábula de amor. Mi película era más realista, más próxima a la realidad de las favelas. Somos cineastas muy distintos y hemos hecho películas diferentes, como es lógico.
